En lo que va del año, ya se han cometido 26 femicidios, ante el aumento de la violencia expresada las últimas semanas, decenas de mujeres han sido víctimas de crímenes de odio. El Estado es responsable, ante esto es central pensar la necesidad de una ley de emergencia que permita contribuir a poner freno a la violencia machista.

Joseffe Cáceres Trabajadora UMCE y vocera de Pan y Rosas Chile
Sábado 18 de mayo de 2019
Cifras que alertan
Las últimas semanas hemos visto a través de los medios de comunicación una serie de noticias que nos alertan y que nos empujan a pensar el aumento de la violencia contra nosotras las mujeres. En lo que va del año 26 femicidios se han desarrollado y han salido a la luz pública. Las últimas 3 semanas hemos visto que al menos 6 mujeres han muerto como resultado de crímenes de odio, esta es una situación preocupante que vivimos y estamos expuestas las mujeres en esta sociedad, el femicidio es el último eslabón de una larga cadena de violencia en el capitalismo.
Danae Millaray Benavides, de 13 años. Sandra Etelvina Matus 48 años, quien además era madre de Danae. Marianela Naigual de 42 años, son las últimas víctimas conocidas por esta compleja situación. Cada uno de estos, han expresado al mismo tiempo la brutalidad de la violencia machista, y la negligencia existente previamente antes de estos desenlaces, pues todas con anterioridad habían denunciado la realidad que estaban viviendo a instituciones de la policía, pero ninguna fue tomada.
El Estado es responsable
Y es que no es de sorprender, las instituciones del Estado cumplen un rol coercitivo y de control, se desarrollan como avales de la violencia. Los gobiernos no buscan hacerse cargo de la violencia estructural que vivimos las mujeres, ellos la fomentan y son los responsables. Pues el femicidio es el ultimo eslabón, pero de manera previa a vivir esta situación las mujeres nos enfrentamos a violencias naturalizadas e incluso avaladas en leyes.
La naturalización de la violencia es tal, que desde el gobierno hasta la fecha solo se reconocen 18 femicidios en las cifras oficiales -ante la limitada y conservadora interpretación de las relaciones sociales, que no considera como tales los delitos cometidos contra mujeres sin convivencia con su agresor- y 26 según el registro de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres.
La visión estrecha expresada por el gobierno de Derecha y el Estado - que además ha sido legitimada por todos los gobiernos anteriores- hace pensar que solamente los femicidios se dan por parte de un cónyuge o pareja, cuestión que contrasta hoy en pleno siglo XXI con la realidad social y relacional que vivimos las mujeres, pues las maneras de relacionarnos que existe entre hombres y mujeres, han cambiado, la mujeres no estamos buscando casarnos, hoy existen relaciones homoparentales, desde la diversidad sexual, entre un sin fin de otras maneras.
Plan de emergencia contra la violencia machista
Ante este escenario, hoy más que nunca se hace necesario levantar un proyecto en nuestras manos, un proyecto que pueda y sea necesario respaldar por el propio movimiento de mujeres, la fuerza de las organizaciones de los y las trabajadoras y del movimiento estudiantil.
En Argentina, por ejemplo, ya se han dado los primeros pasos, quienes somos parte de Pan y Rosas hemos levantado a través de nuestros diputados como Myriam Bregman y Nicolás del Caño, el proyecto que comprende por “víctima de violencia contra las mujeres a toda mujer que se encuentre sometida, ella y/o sus hijos/as, y/o personas a su cargo, a situaciones de violencia que afecten su vida, libertad, dignidad e integridad física, psicológica y sexual, económica o patrimonial, así como también a su seguridad personal”.
Donde se puedan estipular subsidios estatales mensuales para todas las mujeres mayores a 16 años, “con retribuciones monetarias mensuales, acceso a previsión social” y “servicio de obra social gratuito”, “donde también tienen acceso sus hijos/as u otras personas que estuvieran a su cargo”.
Refugios transitorios y plan de vivienda estatal con impuestos a las grandes empresas inmobiliarias. Así también, se debiesen garantizar viviendas, refugios transitorios y casas de acogida estatales. Para todas aquellas mujeres que estén pasando por un proceso de violencia de género y no tengan vivienda o su permanencia en esta “implicara una amenaza para su integridad física, psicológicas y/o sexual”, como se plantea en el proyecto mencionado
Un proyecto que además pueda garantizar las licencias laborales, cuando son mujeres trabajadoras, teniendo en consideración la calidad del empleo que hoy acceden las mujeres, estos son peor pagados e inestables. Que el Estado se haga responsable de crear planes de empleo para que las mujeres puedan trabajar y así independizarse económicamente de sus agresores; como sabemos, muchas veces, las mujeres no se encuentran con empleo y tienen hijos e hijas que sostener, por lo que terminan aguantando el maltrato para ser así mantenidas. Todo esto bajo la exigencia de que sean las grandes fortunas y empresarios de la mano con el Estado que puedan sostener este exigencia.
Acabar la violencia machista de raíz
Pero con un plan de emergencia contra la violencia y los femicidios, sin duda, no ponemos freno a un problema estructural de la sociedad, que es lo que refleja el machismo y la violencia hacia las mujeres, ante lo mismo la necesidad de poner al centro que la lucha contra la violencia machista, es a la vez una lucha necesaria cotidiana y política.
Pues este gran problema no puede quedar ajeno de ninguno de nosotras, a nuestras organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles, barriales. Es necesario buscar desde nuestra rabia, la que sentimos día a día como trabajadoras y trabajadores que nos oprimen y explotan, transformar y enfrentar un sistema de vida estructural.
Es necesario doblemos nuestras fuerzas para levantar una gran ala en el movimiento de mujeres que fortalezca la unidad con los y las trabajadoras, con el pueblo mapuche, los estudiantes y luche por construir una herramienta política que nos permita enfrentar este desafío con independencia de clase, independiente del Estado, la Iglesia, y los partidos políticos corruptos del régimen que de la mano del Estado avalan la violencia que vivimos las mujeres.

Joseffe Cáceres
Trabajadora UMCE y vocera de Pan y Rosas Chile