En las últimas semanas la indignación ha inundado las redes sociales y los espacios públicos; se realizaron movilizaciones y mítines en Chiapas y Veracruz. Las mujeres ya no podemos soportar más violencia machista.
Lucía Rodríguez México D.F.
Viernes 8 de abril de 2016
El hartazgo ante la cruda realidad de la violencia que las mujeres vivimos día a día resonaron de manera cruel ante violaciones sexuales, casos de acoso, abusos, desapariciones, tortura sexual y feminicidio.
Fue el caso de Dapnhe Fernández, violada por cuatro jóvenes, a quienes los medios denominaron como "juniors" por ser hijos de empresarios veracruzanos y de un exalcalde de un municipio de la entidad, posteriormente conocidos como los "porkys". Caso que salió a la luz con un video que el padre de la víctima decidió publicar en las redes sociales donde los jóvenes aparecen "disculpándose" por el abuso sexual, y ante el cual las autoridades siguen protegiendo a los responsables, desde la denuncia realizada en mayo del 2015. Uno de estos jóvenes abusivos, Jorge Cotaita, en 2013 estuvo involucrado en un accidente de coche que mató al corredor: Jonathan Peña Yáñez, también fue protegido por las autoridades estatales y hasta se amenazó a la familia para no continuar la denuncia.
Y ahora, dos de ellos acaban de salir del país, para ir a instalarse en Madrid y en Texas.
A toda la violencia encabezada por las instituciones veracruzanas, con policías municipales y estatales que han participado en los últimos meses en la desaparición forzada de cerca de una decena de jóvenes, además de el caso de Dapnhe se sumó la violación de una estudiante de la Universidad del Valle de México, ubicada en Boca del Río. Esta joven fue abusada sexualmente por Oswaldo Rafael Cruz, hijo de Rafael Cruz Tronco. Cruz, asesor del gobernador Duarte -caracterizado por la represión hacía periodistas, luchadores sociales y mujeres. La estudiante fue abusada cuando se encontraba en estado de inconsciencia, el hecho fue grabado y el video difundido por la web.
De 2010 a 2015 sólo en el estado de Veracruz se registraron la denuncia de 10,205 casos de violaciones, pero se sabe que más de dos terceras partes de las mujeres que viven abuso sexual no lo denuncian por lo que seguramente los casos superan los 30,000.
Pero Veracruz no es un caso excepcional. Es el país entero el lugar que registra todo tipo de violencia contra las mujeres diariamente, mucha de ella naturalizada entre palabras, "piropos", toqueteos, abusos en el transporte público. A esto se suman las precarias condiciones laborales de las mujeres trabajadoras que reciben salarios 22.9% menores que los percibidos por varones en las mismas tareas, o tienen jornadas más largas a la par de que cumplen la jornada del hogar que les es impuesta sin remuneración únicamente por ser mujeres.
Para comprobar el grado de criminalización de las víctimas basta recordar a Andrea Noel, ex coordinadora editorial de Vice News México, quien tras varias amenazas recibidas como respuesta a su denuncia de acoso sexual tuvo que salir del país.
Son Daphne, Andrea, Maricarmen y cientos diarias
La violencia hacia las mujeres es una cadena que concluye con el feminicidio, que hoy arrebata de manera diaria la vida de siete mujeres en nuestro país. En Pijijiapan, Chiapas el asesinato de una menor, Maricarmen Escobar López, quien fue violada y torturada sexualmente, empalmó con la indignación nacional ante las víctimas diarias que son mujeres con nombre, historia, sueños, son madres, hijas, amigas y compañeras.
El Estado –institución creada para la administración de los negocios capitalistas- encubre, participa y reproduce la violencia hacia las mujeres. La condena a 25 años de prisión a Reyna Gómez, en Chetumal, una mujer violentada por su pareja, por haberlo herido de muerte al intentar defenderse de los golpes que él le propinaba, es un ejemplo de esto.
Son las condiciones estructurales –miseria para amplias franjas de la población, trabajo precario, crisis de la infraestructura urbana, entre muchas otras– las que han causado el avance de la violencia contra las mujeres. A través de su complejo aparato de ideología –la religión, los medios masivos de comunicación, la cultura, la escuela- naturaliza la posición de subordinación de las mujeres a través de múltiples expresiones de violencia machista. Día a día convence de que somos mercancías desechables, que podemos ser usadas –explotadas doblemente entre las jornadas laborales extenuantes y las tareas del hogar–, violadas, ultrajadas y asesinadas, como lo hace el nefasto video del grupero Gerardo Ortiz.
Este papel del Estado se hace evidente frente a la impunidad de las instituciones: con todos los casos que no son resueltos o donde los agresores son protegidos por ser empresarios o funcionarios del régimen político -quedando claro que las leyes sólo actúan para proteger a algunos-; mientras los medios, las instituciones del régimen y la iglesia mantienen una línea de criminalización de las víctimas, a las que se responsabiliza de la violencia por su vestimenta, sus prácticas sociales y sexuales.
La violencia busca disciplinar a las mujeres sobre lo que “no debemos hacer”: transgredir los roles tradicionales de ser esposas y madres, una posición de sumisión frente a un marido, un patrón y un Estado, que junto a la Iglesia buscan arrebatar la decisión sobre nuestros cuerpos y nuestra vida.
Que toda la indignación que se ha mostrado en estos días frente a la violencia contra las mujeres, se convierta en un gran movimiento en las calles. Para que miles de voces resuenen para exigir #NiUnaMenos por la violencia machista. Desde Pan y Rosas y el Movimiento de los Trabajadores Socialistas te invitamos a marchar este 24 de abril contra la violencia hacia las mujeres, junto a los aspirantes a candidatos independientes de la izquierda anticapitalista para la Constituyente de la CDMX, Sulem Estada y Sergio Moissen y, levantemos juntos la lucha por plenos derechos para las mujeres.