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Red Internacional
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CRISIS SANITARIA, OPORTUNIDAD EMPRESARIA. Voracidad patronal: hay que impedir que aprovechen la cuarentena para despedir y flexibilizar

Alberto Fernández anunció la extensión de la cuarentena y dijo estar contento con los resultados. Pero lo que se viraliza son los despidos, las suspensiones y la flexibilización laboral. ¿Qué quieren que festejemos?

Lunes 30 de marzo de 2020 12:36

Foto Télam

El presidente Alberto Fernandez anunció en la noche de este domingo la extensión de la cuarentena obligatoria en todo el país hasta el 13 de abril. En su discurso aseguró estar contento por los primeros resultados del aislamiento social obligatorio y agradeció muy especialmente a las fuerzas represivas del Estado por "garantizar" (no sin violencia) el cumplimiento de la medida.

El presidente está contento. Pero hay millones de trabajadores y trabajadoras que dependen de sus (magros) salarios y hoy no pueden sonreír ni mucho menos festejar. Ni hablar esa masa que trabaja "en negro" y hoy directamente se ve imposibilitada de zafar el día a día.

Mientras tanto, las grandes empresas ya pusieron en marcha su "plan sanitario" para la extensión de la cuarentena: despidos, suspensiones, mayor flexibilización de las condiciones de trabajo y la obligación de trabajar a sus empleados y empleadas en tareas que no son nada esenciales y sin las condiciones mínimas de seguridad e higiene. Y lo hacen sin que el Gobierno y los entes oficiales se lo prohíban ni mucho menos.

En su discurso de este domingo, el presidente dijo que sería "muy duro" con los empresarios que despidieran. Sin embargo, eso no se traduce en ninguna medida concreta. No se decretó la prohibición de los despidos ni se planteó que se impondrá a las empresas la reincorporación de quienes ya han sido despedidos en estas semanas.

Esa pretendida dureza es la que, desde el inicio de la cuarentena, se tendría hacia los formadores de precios. Sin embargo, la realidad que viven millones es de la de los constantes y enormes aumentos de precios.

Entre las empresas que han empezado a despedir, el caso más emblemático es el de la multinacional local Techint, cuyo CEO Paolo Rocca (el hombre más rico del país) anunció el viernes el despido de 1.450 operarios. Otro caso testigo es de GPS, empresa tercerizada de Aerolíneas Argentinas que despidió a una trabajadora y un trabajador que reclamaban medidas mínimas para atender los vuelos que repatriaban argentinos.

Pero los ejemplos se cuentan por decenas, cientos. En la multinacional Mondelez (ex Kraft/Terrabusi), la empresa tiene como "plan" contra la pandemia rociar con alcohol a sus trabajadores y fabricar las muy "esenciales" y "saludables" galletitas Oreo. Y la Ledesma de la familia Blaquier, partícipes directos del último genocidio en Argentina, obliga a trabajar a obreros mayores de 60 años y con problemas de salud.

Estos pocos ejemplos contrastan con el discurso salido de Olivos y reproducido acríticamente por todas las empresas mediáticas (tanto oficialistas como "opositoras"), según el cual el Gobierno sería "inflexible" con aquellos empresarios que despidan personal en medio de la pandemia. A pesar de la situación que atraviesa un gran porcentaje de la clase trabajadora, que sufre en carne propia en medio de la pandemia el despotismo patronal, el Gobierno no deja de tener un objetivo: cuidarles sus ganancias y negarse a prohibir sus ataques a la clase trabajadora.

El "plan de emergencia" del Gobierno no parece contemplar, al menos por lo que dice y hace, tocarles el bolsillo a los grandes ganadores de siempre. Ni siquiera cuando se trata de poner a todo el sistema de salud (público y privado) a la altura de una pandemia que, ellos mismos reconocen, alcanzará el pico de contagios dentro de un mes (una previsión difícil de fundamentar cuando en verdad se testean poquísimos casos a nivel nacional).

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Insaciables

Los empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA) pretenden acordar con el Gobierno y la CGT una rebaja salarial de las y los trabajadores que no prestan tareas por la cuarentena obligatoria. Quieren (una vez más) hacer pagar la crisis a los trabajadores.

Pero los grandes industriales no se conforman sólo con eso: exigen la reducción de las cargas patronales, acceso a un crédito preferencial y la extensión del programa Repro (compensación salarial de privados con aportes del Estado) a toda la industria.

Cumpliendo con los deseos empresariales, el ministro Martín Guzmán anunció a mediados de marzo un paquete de rescate de las patronales y los empresarios que incluía una reducción de los aportes patronales, la extensión del Repro a las empresas afectadas por la cuarentena y una inversión de $350 millones destinados de distintas formas al salvataje empresarial.

Con la excusa de la cuarentena, las multinacionales (y algunas nacionales) mineras contaminantes, petroleras, los bancos, las patronales agrarias, las empresas de medicina privada y los laboratorios siguen amasando fortunas a costa de los trabajadores y el Gobierno. A ellas no se les cobra impuestos acordes a sus fortunas para obtener más recursos para enfrentar la pandemia. A ellos se los beneficia.

¿Dónde está la CGTregua?

Mientras tanto los dirigentes sindicales y la CGT parecen estar decididos a mirar por televisión todo lo que pasa. Por sus excelentes relaciones con la Casa Rosada, dirigentes como Héctor y Rodolfo Daer salieron a manifestar que le "pidieron" al Gobierno que analice la posibilidad de decretar la suspensión de los artículos de la Ley de Contratos de Trabajo que permiten a las patronales despedir o suspender "por causas de fuerza mayor".

El pedido es a todas luces insuficiente y engañoso. Porque mientras hacen la vista gorda a los despidos y suspensiones que ya se están produciendo en el país, ese pedido debería ser más bien una exigencia de primer orden, convocando a las trabajadoras y los trabajadores de todas las empresas industriales, de servicios, de comunicaciones y demás ramas de la economía a debatir democráticamente y definir qué salida debe darse desde la propia clase a esta situación.

Si se lo propusiera realmente, la dirigencia sindical podría obtener esa demanda elemental en esta emergencia. Para eso, debería recurrir a los métodos de lucha tradicionales de nuestra clase, como las asambleas y las medidas de fuerza necesarias hasta conseguir el respeto a nuestros derechos. Si no lo están haciendo, es porque tienen bien en claro qué intereses (lejanos a los nuestros) deben defender.

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Cuarentena represiva para el pueblo, para los empresarios no

En su discurso de este domingo, respecto a los "controles" para garantizar el cumplimiento de la cuarentena, el presidente sostuvo: "No estamos siendo arbitrarios ni feroces". Pero esta afirmación nada tiene que ver con la brutalidad de las fuerzas represivas desplegada en estas dos semanas, como pudo verse en los barrios populares en distintas zonas del país y particularmente en el conurbano bonaerense a manos de la fuerza comandada por Sergio Berni.

Pero a tono con el Gobierno, las fuerzas de "seguridad" tuvieron un trato muy distinto con empresarios o sectores de altos ingresos que violaron el aislamiento social obligatorio, a quienes a lo sumo se escoltaba hasta su domicilio, icomo se vió con el empresario que después de navegar en yate lo hizo en su Mercedes-Benz.

Somos millones de trabajadoras y trabajadores quienes movemos la economía y generamos la riqueza. Si no fuera por las y los trabajadores de la salud, de la alimentación, del transporte, de la logística, la pandemia y la cuarentena serían aún más graves.

Y allí están también los ejemplos de empresas recuperadas que están confeccionando barbijos, alcohol en gel y otros insumos fundamentales en esta crisis sanitaria.

Tenemos que prepararnos para enfrentar los planes de los empresarios, mentores de la liquidación neoliberal de la salud pública y que ahora pretenden aprovecharse de nosotros, para precarizar aún más nuestras condiciones de vida y en especial de la juventud y las mujeres, que son de los sectores más golpeados por la crisis económica y sanitaria.

Los capitalistas y sus gobiernos ya han demostrado cuáles son sus prioridades. Es necesaria una salida de la propia clase trabajadora, que es la que mueve los engranajes del mundo. Un primer objetivo debería ser el de ocupar y poner a producir con un fin social toda fábrica o empresa que cierre o realice despidos en medio de la pandemia.

Que la crisis sanitaria y sus consecuencias económico-sociales la paguen los bancos y los grandes empresarios y los terratenientes millonarios, no las trabajadoras y trabajadores con despidos, rebaja de salarios, precarización y contagios por falta de condiciones sanitarias. No permitamos que las patronales se aprovechen de la cuarentena.


Redacción

Redacción central La Izquierda Diario