Lo primero que tienen en común es que fueron testigos de la media noche del Siglo XX: el ascenso del fascismo y ese fue el contorno temporal en el que más escribieron.
Martes 17 de septiembre de 2019
Su monumental obra, en paralelo y sin conexión alguna (ni Benjamin escribió del italiano ni Gramsci del alemán) fue escrita en los años del ascenso de Hitler y Mussolini, en medio de la gran guerra, el crecimiento del fascismo y en plena creación de los campos de exterminio.
Esta circunstancia hizo que el italiano escribiera su principal obra en la cárcel como militante comunista y el segundo fuera obligado al exilio y escribiera su obra en la huida del destierro hacia el suicidio.
El carácter fragmentario, debido a la circunstancia temporal, de la obra de las "Tesis de la Historia" y del "Maquiavelo" ha llevado a decenas de intérpretes a desanudar el hilo enmarañado de la teoría para encontrar un pensamiento "sistemático": abundan por lo tanto obras que quieren esclarecer lo que realmente dijo el uno y el otro.
Tienen en común que ambos escribieron de forma fragmentaria, su obra es críptica y difícil de entender. El cripticismo del italiano se entendía por su búsqueda de superar la persecución en la cárcel. En el caso del alemán su mesianismo judaico le llevó a la incomprensión de sus contemporáneos.
La diferencia sustancial, la importante de todas, es que uno es parte de la tradición del marxismo estratégico y el otro del marxismo de occidente.
El marxismo de Gramsci está centrado en la lucha de clases (el italiano fue uno de los principales dirigentes comunistas de su país y de Europa) mientras Benjamin nunca se afilió a ninguna partido, no militó alguna causa aunque eso no lo convirtió en un intelectual indiferente de su tiempo.
Vamos a abordar dos cuestiones: la lucha contra el fascismo y el papel del arte en la lucha anticapitalista. Sobre todo esclarecido el punto de divergencia esencial: Gramsci era un revolucionario comunista militante y Benjamin un marxista mesiánico melancólico pero no militante.
El fascismo y su combate
En medio del Tercer Periodo de la Internacional Comunista Benjamín y Gramsci se negaron a aceptar la teoría ultra izquierdista de que el fascismo era un fenómeno "transitorio". A diferencia de los postulados de Stalin ambos autores divisaron que el fascismo era un fenómeno profundo, que ponía a la defensiva al proletariado y que debía tomarse en serio como una verdadera contrarrevolución social y política.
Para el estalinismo el fascismo era una etapa transitoria que duraría poco y luego de la crisis de 1929 las masas obreras estarían más cerca del cambio revolucionario comunista. De ahí surgió la teoría del Tercer Periodo. Esta hipótesis política ultraizquierdista les llevó a negarse a convocar a un Frente Único Obrero contra el ascenso de Hitler y de Mussolini lo que fue fuertemente criticado por Gramsci y Benjamin.
El italiano consideraba la necesidad del frente único defensivo mientras Benjamín mostró simpatía a los análisis de Trotsky sobre la necesidad de convocar a un Frente Único para derrotar al fascismo en Alemania. Esto llevó al segundo a tener desavenencias con su gran amigo Bertolt Brecht. Ambos autores pensaban que la mejor forma de derrotar al fascismo era luchar por un gran Frente Unido.
Entonces, para ambos el fascismo fue un fenómeno no comprendido por los marxistas estalinistas: ahí existe una coincidencia, para Benjamin, Hitler era el "anticristo" para Gramsci el momento más defensivo en el que se podría encontrar el proletariado.
Gramsci desarrolló un gran arsenal teórico para pensar la lucha contra el fascismo: poner a disposición todas las "trincheras" para detener el avance de la reacción. La inteligencia, los artistas, incluso los religiosos, los periodistas dentro de un partido educador de una nación debían resistir, cómo trincheras conquistadas, en medio del avance totalitario.
Como sostiene Emilio Albamonte y Matías Maielo en "Estrategia Socialista y Arte Militar" en Gramsci está muy claro el papel de las fuerzas en la defensa y no en la ofensiva (guerra de trincheras). Uno de los problemas en Gramsci y que le vale sus lecturas gradualistas es que no existe noción de acontecimiento ofensivo (como aquel acto de ruptura revolucionario que intempestivamente cambiará el curso de las cosas).
Benjamin pensaba que solo por medio del acontecimiento mesiánico destructivo y revolucionario podría vencerse al fascismo. Para Benjamin el proletariado debía recuperar su poder mesiánico (sentirse la clase vengadora de todos los oprimidos del capitalismo, el centro neurálgico de las víctimas del sistema como los esclavos y las brujas) para vencer.
Ahí insistió que la socialdemocracia había generado un efecto de adormecimiento del proletariado "invitando a la idea de que el proletariado nadaba contra la corriente". En Benjamin existe una concepción de la historia como elemento mesiánico pero no encontramos una estrategia táctica para conseguir el objetivo. Digamos que Benjamin es un marxista melancólico mesiánico: defensor de la historia como potencial arma del proletariado.
Arte y revolución
Entendemos que Gramsci pensaba que el verdadero artista era aquel que lograra identificarse con los intereses de un pueblo. Pensaba que la burguesía italiana era antinacionalista y antipopular. Para Gramsci el artista debía ser el principal defensor de la cultura popular como construcción de la hegemonía alternativa del pueblo.
La literatura más lograda debía identificarse con el pueblo, con las angustias y dolores de la sociedad. Gramsci fue reacio a las vanguardias artísticas: en especial el surrealismo o el dadaísmo.
Para Benjamin el arte tenía una especificidad: era un campo con sus propios medios de producción y por lo tanto consideraba al autor como una producción. Su lectura del aura como epifanía le llevó a profundizar sobre la reproducción técnica del arte y fundamentalmente asociar al arte con el profetismo.
El arte podría anticipar los cambios bruscos de la historia, podría por la alegoría descubrir lo enterrado por la civilización: el artista develar, descubre, irrumpe y anticipa. De ahí que Benjamin se identificará con Franz Kafka, Baudelaire, los surrealistas y Paul Klee que consideraba iluminaciones profanas de las verdades del capitalismo.
En este punto para Benjamin, a diferencia de Gramsci, el arte lo debía tener partido político sino Salvo subvirtiendo la técnica, los medios o buscando demostrar el curso de la historia. Mientras para Gramsci el arte era una trinchera política.
Aún así para ambos autores el arte era algo central en su análisis marxista. Por ahora dejamos estas líneas de reflexión sugiriendo la lectura de ambos autores marxistas urgentes para cambiar el mundo.