En medio de la crisis de los refugiados y de cara a las elecciones del año que viene, la canciller alemana derechiza su discurso para disputarle terreno a la ultraderecha Alternativa por Alemania. Merkel habló hasta de vetar el burka u otros velos islámicos integrales "en los espacios públicos donde es posible su prohibición".
Miércoles 7 de diciembre de 2016
Con un discurso ultranacionalista, la canciller de Alemania, Angela Merkel, fue reelegida ayer presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU) con un 89,5 % de los votos, en el congreso federal que celebra la formación en la ciudad de Essen, en la cuenca del Ruhr, para preparar la campaña electoral del año próximo.
Merkel obtuvo este resultado (el segundo peor en sus 16 años como líder de la CDU), frente al 96,7 % logrado dos años atrás, y fue ratificada así como líder del partido, dos semanas después de haber anunciado que optará a un cuarto mandato como canciller en las elecciones previstas para dentro de diez meses.
Antes de la votación, Merkel dio un discurso de una hora y media, en el que planteó las dificultades que iba a tener que enfrentar, reconociendo que no será fácil su lucha por un nuevo mandato. "Necesito su ayuda", afirmó, para añadir que "está en nuestras manos lograr el futuro que anhelamos para nuestro país", para lo que es preciso lograr la cohesión de su propio partido y también el apoyo de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).
Las próximas generales serán mucho más difíciles que las anteriores y en ningún caso "dulces", insistió, en alusión a la emergente derecha radical de Alternativa por Alemania (AfD) de Frauke Petry.
El tema central del congreso es la crisis de refugiados. Alemania recibió desde principios de 2015 1,3 millones de solicitantes de asilo, no por respeto a los derechos humanos de quienes buscan asilo escapando de la guerra y el hambre, sino porque la población alemana está envejeciendo y necesita mano de obra, en este caso, barata, baratísima.
Además, políticamente, Merkel busca el acercamiento hacia el ala más derechista de la CDU y hacia la CSU. Un poco impulsada por el temor al resultado del 2017, si tenemos como antecedente que en septiembre, los resultados en Berlín asestaron una derrota al partido de Merkel, que retrocede hasta el 17,6%, mientras que Alternativa para Alemania logró, por primera vez, entrar al Parlamento.
Por otra parte, advirtió que no todos los refugiados llegados a Alemania podrán permanecer en el país, pero en un intento poco fructuoso de relativizar discurso ultraconservador, planteó que va a “garantizar” que cada una de las solicitudes de asilo se evaluarán individualmente para determinar si tiene el derecho a quedarse. Prometió, a su vez, acelerar las expulsiones de quienes no estén en esa situación. “El número de devoluciones va a aumentar significativamente en los próximos meses", dice el documento votado.
Tampoco se olvidó de nombrar (y defender) el nefasto acuerdo migratorio con Turquía, que no es otra cosa más que un contrato que mercantiliza las vidas humanas, transformándolas en “cuotas” que deben ser mantenidas puertas adentro del territorio turco a cambio de una negociación para aceptar a Turquía en la Unión Europea.
La reacción de los 1001 delegados partidarios de la Unión Cristianodemócrata fue la ovación, que se acentuó cuando Merkel habló hasta de vetar el burka u otros velos islámicos integrales "en los espacios públicos donde es posible su prohibición", para resaltar que en una sociedad abierta corresponde ir "con el rostro descubierto", dejando a las claras su mirada islamofóbica al descubierto, tal como sucedió hace unos meses en Francia.
Pero aún con un marcado giro hacia posiciones completamente conservadoras, sus palabras no calmaron a los miembros del partido, que claman por una actitud aún más dura hacia los inmigrantes, lo que le valió algunas críticas de sus correligionarios, en pos de hacer frente a la derecha radical.
Desde el año 2000 ha sido ratificada en el cargo cada dos años con resultados que oscilaron entre el mínimo del 88,4 %, en 2004, y el récord del 97,9 % de 2012, mientras que en 2014, obtuvo el mencionado 96,7 %.
El congreso de Essen tiene para Merkel un significado especial, ya que en esa misma ciudad donde se celebró en 2000 el congreso del que salió convertida en jefa de la CDU, entonces en la oposición y hundida en el escándalo de cuentas secretas durante la llamada "era" Helmut Kohl.
Crisis de representación y auge populista
Si bien ya hace unos meses que viene repitiendo el slogan “trumptiano” de “Alemania permanecerá Alemania”, la reelección como presidenta de su partido bajo un clima de ultraderechización, plantea un nuevo espectro político, que gira todo el tablero hacia la derecha, cultivando prejuicios, estereotipos y sentidos comunes xenófobos, que no sólo benefician a los populismos de derecha, sino que agudizan la crisis de representatividad en la que están sumidos los partidos tradicionales en todo Europa (el caso más reciente fue la derrota de Matteo Renzi en el referéndum constitucional del domingo pasado) y, ahora también, en Estados Unidos, con el triunfo de Trump.
La crisis económica que se inició en 2008 sigue marcando el paso de los giros políticos, marcados por el ascenso de la ultraderecha en varios países, pero también por expresiones por izquierda. Las miles de personas que salieron a las calles la noche siguiente del triunfo de Trump en Estados Unidos son una muestra de los ánimos de resistencia y lucha de los trabajadores y sectores populares.