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Red Internacional
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Feminismo. Y entre lesbianas, ¿Cómo nos combatimos el machismo?

Miércoles 30 de mayo de 2018

El método de la funa como expresión del hartazgo de las mujeres frente a la violencia machista tantos años naturalizada tiene grandes contradicciones, profundizadas en los artículos de Ideas de izquierda “La pregunta incómoda” y “El agresor, los hombres y el patriarcado”.

Dentro de las relaciones erótico-afectivas entre mujeres la funa no ha sido la manera predominante de enfrentar las situaciones de violencia machista y reproducción de roles heteronormados al interior de las relaciones, principalmente porque existe en el sentido común la idea de que son los hombres los únicos que encarnan este tipo de prácticas, sin embargo, como se menciona en el artículo de Marina Mariasch, “en el pantano patriarcal estamos hundidxs todxs”.

Las relaciones sociales y sexuales están profundamente influidas, sino determinadas, por el sistema capitalista y patriarcal que generan una psicología individualista, machista, heteronormada y mononormada, donde la concepción de propiedad privada que existe en el modelo económico se reproduce hasta en nuestros espacios más íntimos de relaciones sexo-afectivas con lxs otrxs.

El individualismo producido por la alienación capitalista y la instauración del modelo neoliberal -que en el caso de Latinoamérica fue a través de sangrientas dictaduras- genera al interior de las relaciones interpersonales una lógica utilitarista, objetivando y mercatilizando nuestros afectos, donde las relaciones de compañerismo y solidaridad parecen ser horizontes inalcanzables bajo este sistema basado en la opresión y explotación.

El patriarcado, que adquiere una manera particular en el capitalismo, fortalece la idea de la familia heterosexual, monogámica y donde el hombre se encuentra en una posición de poder económico, político, social y sexual con respecto a su esposa, hijos e hijas. La LGTBIfobia de los Estados -ilegalidad en 72 países de América, Asia, África y Oceanía y pena de muerte para homosexuales en Irán, Arabia Saudita, Yemen, Sudán, Somalia y Nigeria- nos recuerda que el panorama mundial es desolador.

Históricamente los procesos de algidización de la lucha de clases y procesos revolucionarios han sido impulsos para cuestionamientos profundos del sistema, que necesariamente cuestionan hasta lo más profundo de nuestra psicología y relaciones interpersonales.

Los cuestionamientos actuales del feminismo no tienen un “telón de fondo” de grandes procesos revolucionarios, y la liberación sexual no parece ser un tema urgente para la agenda feminista, sin embargo la idea de un cambio en las relaciones sexuales no es nuevo.

¿Cabe el goce sexual en el marco del capitalismo?

El capitalismo se apropia del tiempo de la gran mayoría de la población trabajadora. Los horarios laborales de 8 o más horas diarias no dejan tiempo para la recreación. La marihuana y muchas drogas recreativas se encuentran en la ilegalidad. El deseo se encuentra normado por la moral conservadora de la derecha y de la iglesia.

Alejandra Kollontai, en su texto “Relaciones sexuales y lucha de clases”, escrito en 1911, planteaba:

“Pero precisamente porque la crisis sexual no ataca sólo a los intereses de “quienes todo lo poseen”, precisamente porque estos problemas sexuales afectan también a una clase social tan extensa como el proletariado de nuestros tiempos, es incomprensible e imperdonable que esta cuestión vital, esencialmente violenta y trágica, sea considerada con tanta indiferencia. Entre las múltiples consignas fundamentales que la clase obrera debe tener en cuenta en su lucha para la conquista de la sociedad futura, tiene que incluirse necesariamente la de establecer relaciones sexuales más sanas y que, por tanto, hagan más feliz a la humanidad.”

Y entonces, ¿cómo nos combatimos el machismo?

El capitalismo no tiene nada más para entregarnos. Ni a hombres ni a mujeres. Trabajadoras/es, pobladoras/es, estudiantes, diversidades sexuales, identidades no binarias, pueblos originarios. Compartimos cadenas de opresión y explotación por parte de los y las capitalistas. No somos libres.

Para cuestionarnos profundamente nuestras relaciones, la funa como método punitivo, post factum y además heteronormado (hombres como potenciales violadores y mujeres como potenciales víctimas) es insuficiente.

Nuestras relaciones sexuales y sociales van a romper con el utilitarismo, los celos, la monogamia obligatoria, la heteronorma y la concepción binaria de la identidad de género (masculino, femenino), con el cuestionamiento profundo del conjunto de los sectores explotados y oprimidos. Es la clase trabajadora, las mujeres, la diversidad sexual quienes debemos destruir las bases materiales del actual sistema de dominación con el horizonte de una sociedad sin clases sociales y sin Estado.

"La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente." L. Trotsky


Constanza Satás

Estudiante Psicología PUCV