Sábado 11 de octubre de 2014
Éramos cuatro en casa: papá, mis dos hermanos (Héctor y Adolfo) y yo. También podríamos contar a nuestra mascota, Máximo, un perro que papá y mi hermano Héctor aman, dicen amar mucho a los animales.
Una noche, sin embargo, descubrí un sexto integrante de la casa. Detrás de la puerta de mi habitación, entre el machimbre y el concreto, sentí que algo rascaba en el silencio de todos los que dormían. Era una rata, que se escabulló en el agujero que ella misma había construido. No sé porque sentí una conexión cuasi humana con ella y decidí buscar una galleta en la cocina y acercársela para que se alimente y tenga fuerzas para seguir construyendo su hogar ¿Por qué no tendría derecho a hacerlo?
A medida que los días pasaron, mis hermanos la descubrieron espantados. Primero Héctor que, luego de haber sacado a pasear a Máximo, procuro silencio siempre y cuando la mantuviéramos oculta y no le diéramos más comida, que no crezca, ni se reproduzca. En cambio, cuando Adolfo volvió de la comisaria y la encontró, comenzó a blasfemar y corrió a decirle a papá que había que eliminarla.
Las noches fueron largas en la cacería de la que participaron todos menos yo, pero nada se consiguió. Entonces entre silencios y quejas de mis hermanos, papá decidió cortarle las vías de alimentación, que se alimente de las sobras, tratando que ni eso quede, y que muriera de esa manera, con violencia suave. Salvo que decidiera tomar por la fuerza el alimento, ahí estaba encargado Adolfo de hacerla desaparecer.
Supongo que en ese tiempo que me mantuvieron controlado y alienado a la rata, ella me extrañó, y comenzó a sentir el hambre, la muerte cercana.
Una mañana despertamos y no estaba, todos parecían muy contentos, menos yo que sentí un vacio interior inexplicable, esa rata fue más compañía que el resto de los habitantes de la casa. Al encender el televisor y poner las noticias, vimos todo el montaje del circo en una placa: “LA MOTO-RATA”
¡Era nuestra rata!
Todo indica que un oportunista extranjero logro grabar a este animal ya bastante crecido, montando una motocicleta con gorra y ropa deportiva, queriendo robarle su comida, cansado de las escasas sobras. Vaya ingenio el de los viles medios, vaya casualidad el de la rata aprendiendo a manejar (o inviertan los factores, el discurso que más les parezca).
Héctor salió embravecido a decir que como se podía exponer a un animalito tan lleno de amor a tal parodia televisiva, mientras, Adolfo pedía que la maten, que aprovechen, tenían motivos para matarla. Papá en silencio, yo remordiendo mis ganas de tratarlos de hipócritas y matones a los tres por igual.
De cualquier manera parece que tanto los medios como la rata, entendieron el negocio, y consiguieron llenar sus bolsillos con el circo mediático, aunque de manera tan desigual que la rata ahí está, volvió al agujero, la devolvieron ahí, a morir de hambre o asesinada.
Hoy desperté y me vi al espejo, resulta que también soy una rata, pero vestida de overol (lo que explica la conexión). Eso convierte a mis hermanos en ratas, pero Adolfo vestido de policía y Héctor con remera blanca con dos dedos en “V” estampada en el pecho. ¿Y papá? Papá es la rata mayor, mirando desde arriba, de traje y corbata.