A 15 años de la ocupación, un ex trabajador recuerda el caso de Daniel Ferrás, que murió trabajando. El caso de David Ramallo dispara el recuerdo. ¿Cómo terminaron con las muertes obreras?
Sábado 1ro de octubre de 2016
Mi nombre es Juan y soy un ex obrero de Zanon. Hace unos días tuve la oportunidad de participar de un almuerzo de choferes de 8 líneas de colectivos. Se destacaba una delegación de la 60, de las cabeceras de Maschwitz y Barracas, junto a trabajadores del Subte. La reunión estaba convocada con el objetivo de impulsar la campaña por las 6 horas de trabajo en el transporte. Entre los asistentes también se encontraba la madre y la esposa de David Ramallo, mecánico de la Línea 60 muerto en un accidente en su puesto de trabajo.
En una mesa que oficiaba de panel se encontraban la diputada nacional por el PTS/ FIT, la abogada Myriam Bregman, y el dirigente clasista del subte Claudio Dellecarbonara.
Al comenzar la madre y esposa del compañero fallecido saludaron la reunión y pidieron hacer una gran campaña por justicia por la innecesaria muerte de David. Fue un momento muy emotivo y de mucho dolor.
Luego, la diputada Myriam Bregman, tomando las palabras de la madre de David, nos trajo a la memoria el caso de Daniel Ferrás, un compañero ceramista que trabajaba en Zanon de Neuquén. En el año 2000, Daniel perdía la vida en brazos de sus compañeros que lo asistieron en la enfermería de la fábrica a las 6 am cuando ingresaba a su turno. Y ahí es donde se comienzan a mover muchas cosas y recuerdos. Que ya no podemos dejar la vida en las fábricas ni en ningún puesto de trabajo; que hay responsables de que eso ocurra; que la culpa no es de los trabajadores como nos quieren hacer creer permanentemente. Daniel Ferrás murió en la fábrica porque no había oxígeno en la enfermería, no había un médico que atienda las 24 horas en una fábrica que tiene una producción continua, que estábamos en una planta que tenía hasta ese momento la triste y aberrante estadística de un muerto por año por accidentes que se podían evitar si se cumplieran los sistemas de seguridad en maquinarias y se bajaran los ritmos de producción que ponían en riesgo al trabajador. O si ocurriera algo tan simple como que el tubo de oxigeno de la enfermería hubiese estado cargado y con personal idóneo para asistir a cualquier trabajador con un problema como el que tuvo Daniel.
Pero ese día quedó más claro que nunca que a los empresarios no les importa la vida de los trabajadores, para ellos todo es un problema de costos. En aquel momento los ceramistas estábamos atravesando una situación de conflicto con la patronal porque querían despedir trabajadores y recurrieron a la excusa de la crisis. Esa a la que siempre recurren los patrones para dejar familias enteras en la calle, el llamado " procedimiento preventivo de crisis" que presentaron a 1500 km, en la Ciudad de Buenos Aires. Ya para esta fecha, la compañera Myriam Bregman representaba a los ceramistas como abogada en Buenos Aires como parte del CeProDH, por eso conoce muy bien el tema. La pelea se daba en Neuquén y también aquí.
Con la muerde de Daniel, para el conjunto de los ceramistas el norte de la pelea cambió. Dio un giro de 180 grados. La discusión por el preventivo de crisis que se quería imponer, de reducir personal y bajarnos las condiciones de trabajo quedaron a un costado momentáneamente. De nada nos servía luchar por eso si nos seguimos muriendo en la fábrica y aportando a la estadística de un muerto por año por accidentes de trabajo evitables.
Ese hecho selló una unidad muy grande entre todos los trabajadores y se hizo extensivo al conjunto de las organizaciones de trabajadores de la zona y a nivel nacional. Logramos llevar nuestro reclamo de “No más muertes obreras” a todos los ámbitos del gobierno y los medios con la fábrica paralizada y una movilización constante en las calles. “La huelga de los 9 días” la llamamos. Duró hasta que logramos que se respete nuestro pedido de ambulancia las 24 horas, enfermero y médico en planta y una comisión mixta de seguridad e higiene donde los trabajadores votamos a nuestros representantes obreros con el mandato de inspeccionar todas y cada una de las zonas peligrosas y hacer todo tipo de denuncias sobre trabajos inseguros y de riesgo ante la patronal para que los solucione; y ante el Ministerio de Trabajo para que lleve un control permanente sobre este tema..
Fue una gran victoria, pero con el sabor amargo de haber perdido a un compañero.
La lucha continuó con el preventivo de crisis. El gobierno tuvo que intervenir muchas veces poniendo dinero para pagar los sueldos de los trabajadores ceramistas y la fábrica siguió durante todo el año 2000 de conflicto en conflicto. Los trabajadores pudimos demostrar que no existía tal crisis, que todos los camiones y camiones que salían cargados de Zanon era dinero que luego no regresaba ni en sueldos ni en devolución al gobierno de Neuquén. Mucho menos en pago de insumos o de mejoras en maquinarias. En todo este tiempo logramos una organización muy importante, buscamos la forma de mantener a la comunidad de Neuquén informada de primera mano acerca de lo que estaba ocurriendo y fue así que nació un boletín de fábrica que con el tiempo se transformó en el periódico Nuestra Lucha que llegó a las principales ciudades del país con la colaboración de organizaciones de trabajadores y partidos como el PTS. Imaginemos que en aquella época no existían medios como los de hoy para difundir nuestra lucha; así que el boca en boca, el recorrido de los barrios y haciendo piquetes para informarle a la gente frente a la fábrica sobre la ruta 7 era “nuestro medio”.
Al cabo de un año más, el 1 de octubre del 2001, dos meses antes de que explote la economía argentina por los aires con el corralito, los ceramistas dimos un paso que quedaría en la historia. Ante la amenaza de la patronal de apagar los hornos de la fábrica (corazón fundamental de la producción) discutimos en asamblea la toma de la misma en resguardo de nuestras fuentes de trabajo. El resto de esta historia quizá muchos ya la conocen.
Pero lo que quiero resaltar, y en relación a lo ocurrido con el compañero David Ramallo de la línea 60, es que hace 15 años que Cerámica Zanon está bajo control obrero, produciendo cerámicos y dando trabajo genuino. Y desde que los obreros se hicieron cargo de la producción, en Zanon ya no hay más muertos por accidentes laborales, no hay ni siquiera accidentes graves. Es por esto que estamos seguros en decir que las muertes en los lugares de trabajo se pueden evitar y hay responsables: los responsables son esos patrones y funcionarios inescrupulosos que solo buscan llenarse los bolsillos y no les importa la vida de los hombres y mujeres que día a día hacen funcionar la rueda de la producción. Los responsables son esos que mantienen este sistema capitalista de explotación del hombre por el hombre. Por eso el control obrero en Zanon no es solo una salida de los trabajadores ante la crisis de los capitalistas; es también la demostración de que la vida de cada trabajador vale más que todo.
Pero no podemos esperar a que toda la producción esté bajo control obrero para luchar desde ahora por evitar las muertes en los lugares de trabajo. Con la lucha y la organización debemos imponer comisiones de seguridad e higiene votadas por los trabajadores y exigir a las patronales y los gobiernos todas las inversiones necesarias para la seguridad en el trabajo. Por la insalubridad, por los ritmos extenuantes de producción.
Mientras ellos discuten en sus reuniones empresarias cómo empeorar aún más la Ley de Riesgos del Trabajo, nosotros debemos decir ¡Basta de dejar la vida en las fábricas!