Este jueves 17 sumate a la jornada de lucha en Buenos Aires y otros puntos del país. Hagamos que se escuche el apoyo a las familias de las tomas, la voz de les esenciales, les estudiantes y les precarizados.

Eugenia Tulu Activista e historiadora LGTB+
Lunes 14 de septiembre de 2020 20:20
Foto: Kresta Pepe
Durante los últimos meses vimos replicarse “banderazos” en contra del gobierno nacional y la cuarentena. Antivacunas, libertarios y defensores de “la república”, sectores medios y altos porteños que se oponen al aislamiento, esbozan teorías conspirativas y acusan a Alberto Fernández de aplicar medidas “comunistas”. Sin embargo, la crisis policial que se abrió hace unos días marcó un cambio cualitativo y obliga a profundizar la lectura sobre las manifestaciones de la derecha.
Es que el accionar de la policía no fue casual ni improvisado: fue consecuencia de la acertada interpretación de la situación política. Si durante los primeros meses de la cuarentena primó un clima de “unidad nacional” y de “salir todos juntos” ante una situación muy adversa, la saga que inauguró el conflicto con Vicentín -que motorizó las movilizaciones en defensa de la propiedad privada- dejó en evidencia que ante las presiones de la derecha y los sectores empresarios, el gobierno cede. Y si bien esto expresa cierta debilidad, también evidencia a qué sectores está dispuesto y decide beneficiar el gobierno.
En este escenario, la podrida policía bonaerense que ha sido particularmente empoderada desde el inicio del aislamiento, también sacó su parte. Fortalecida por el aumento en sus atribuciones, por los discursos de mano dura del oficialismo y sectores de derecha, por los planes millonarios para reforzar a las fuerzas de seguridad y luego de haber sido evidentemente encubierta en el caso de Facundo Castro, la bonaerense -y las fuerzas en general- tienen en claro que van a cumplir un rol fundamental frente a la agudización del conflicto social y piden más.
Queda claro cuando vemos que a sólo unos días de cerrado el conflicto, desalojaron una toma en San Fernando, disparando contra ancianos y niñes y quemando sus casillas. Sobre la toma de Guernica ya pesa una orden judicial fechada para el mismo procedimiento. Miles de familias que están viviendo en casillas improvisadas, que quedaron en la calle durante la pandemia, mujeres y sus hijes que huyeron de situaciones de violencia, son reprimidas y expulsadas.
El derecho humano fundamental a la vivienda digna no sólo es sistemáticamente negado a grandes sectores, sino que la profundización de la crisis económica deja a miles sin la posibilidad de solventar el alquiler mínimo de una pieza y la emergencia habitacional es cada vez más extendida. Desde el oficialismo y la oposición de derecha coinciden en declarar ilegales las tomas y la respuesta directa del Estado es la represión encabezada por Sergio Berni, quien aprovecha el apoyo y la impunidad otorgados por el gobierno nacional y provincial para hacer campaña electoral de cara al próximo año, agitando la mano dura y la defensa de la propiedad privada.
Frente a la avanzada de la derecha, sin embargo, el gobierno sostiene un discurso de inevitabilidad. Desde la presión que ejercieron contra el tímido proyecto de expropiación de Vicentín y contra el mínimo "impuesto solidario", hasta el chantaje armado por parte de la bonaerense, en todos los casos, el gobierno afirma que no tiene otra posibilidad que ceder ante la derecha y la policía.
No es mera impotencia ni falta de relación de fuerzas. ¿Acaso alguien diría que el gobierno no tiene el suficiente apoyo como para enfrentar los aprietes? Es la decisión política de alimentar a los sectores más reaccionarios mientras a las grandes mayorías nos dicen que no tenemos otra opción que quedarnos en casa y aceptar pasivamente que la derecha monopolice las calles.
Es establecer en los hechos que la prioridad es el pago de la deuda externa, a pesar de que el desfinanciamiento en salud está llevando a su colapso en el medio de una pandemia mundial y que pibes en todo el país son expulsados de escuelas y universidades. Es destinar millones a las fuerzas de seguridad mientras miles de familias y niñes pasan frío todas las noches en las tomas sin otra respuesta que la criminalización.
Con la fuerza de las asambleas a las calles
En el último mes nos encontramos más de tres mil estudiantes secundarios, terciarios y universitarios. Somos la primera generación de universitarios de nuestras familias y nos negamos a ser la última. Nos negamos a que la prioridad sea el pago a los buitres y los especuladores mientras las facultades siguen funcionando con presupuestos macristas y cientos de estudiantes abandonan porque no se pueden conectar. Somos cientos de pibes y pibas que laburan en comercios no esenciales pero aun así nos obligan a ir a trabajar y laburantes de apps que pasan el día pedaleando por dos mangos. No queremos pagar esta crisis y agachar la cabeza ante un presente y un futuro precarizado.
A días de conmemorarse un nuevo aniversario de la Noche de los Lápices y de la segunda desaparición de Jorge Julio López, denunciamos todos los casos de abuso policial que hubo durante la pandemia. Somos los primeros en levantar la bandera de que no queremos más víctimas de gatillos fácil. Frente a la injusticia de una policía que desaparece y asesina pibes, queremos plantar una bandera enorme donde se escuchen nuestras voces al grito de Verdad y Justicia por Facundo Castro. No podemos callarnos y hoy más que nunca exigimos ¡Fuera Berni! ¡El Estado es responsable!
Hoy los Centros de Estudiantes dirigidos por PJ se limitan, en el mejor de los casos, a sacar comunicados mientras los pibes en los barrios son víctimas de la violencia sistemática de la policía y miles de familias y niñes son amenazados con desalojos brutales. No vamos a aceptar esa pasividad. Nos organizamos y llevamos nuestra solidaridad con las familias de las tomas. Organizamos una colecta para las familias de Guernica y le exigimos a los Centros de Estudiantes conducidos por el PJ que se pongan a la cabeza.
Con el impulso y la fuerza de los encuentros tenemos que hacer que este 17 se escuche nuestra voz. Para que se exprese el apoyo a las miles de familias que en todo el país se quedaron sin laburo y tuvieron que salir a buscar un techo. No podemos dejar que la derecha gane las calles imponiendo su agenda, la de los ricos, y que la policía tenga cada vez más presupuesto e impunidad mientras seguimos sin saber qué pasó con Facundo.
Que esta bronca y esta fuerza sea el motor para que este jueves se escuche que la respuesta tiene que ser plan de viviendas, plata para educación y para los esenciales de la salud. Con protocolos sanitarios organizados por laburantes de salud, salgamos a defender nuestros derechos y nuestro futuro.