En Matamoros, las obreras de la industria maquiladora se han puesto al frente de la lucha. Ante el plan de austeridad del gobierno, las trabajadoras estatales enfrentan el despido. A lo largo de la historia, las mujeres se han puesto a la cabeza de las luchas, ¿de dónde surge esa potencialidad?

Laura Aparicio Pan y Rosas México
Viernes 22 de febrero de 2019
En el norte de México las mujeres se han puesto a la cabeza de sostener la huelga, Sandra Álvarez, obrera despedida de AFX por luchar, lo afirma: “Este movimiento más que nada fue de mujeres. Somos el 80% de mujeres líderes”. Además, gran parte de los trabajadores estatales contra el plan de "austeridad" de López Obrador son mujeres, muchas de ellas son madres solteras.
Pero no es casual que seamos nosotras quienes prendemos la chispa de los procesos de lucha de clases, porque nosotras ocupamos los trabajos peor remunerados y en las condiciones más precarias.
El capitalismo “liberó” a las mujeres, pero para explotarlas doblemente, con salarios de miseria –menores a los de nuestros compañeros– y cumpliendo la cadena perpetua que implica el trabajo del hogar, tareas que se realizan gratuitamente permitiendo que los capitalistas acumulen más sus –ya de por sí– jugosas ganancias.
El mandato cultural es el mismo para todas las mujeres. Sin embargo, no cae con el mismo peso sobre todas. Las mujeres más acomodadas tienen la facilidad de pagar guarderías o pagarle a otras mujeres para que realicen las labores domésticas de su casa (independientemente de si están casadas o son madres solteras). Mientras tanto, las mujeres que trabajan para sobrevivir -y no necesariamente porque sea un trabajo que les llene de sentido- deben realizar ambas jornadas laborales –la doméstica y la pública- administrando los sueldos de miseria para mantener a su familia.
Miles de mujeres a lo largo del tiempo han hecho historia. Tomaron las calles y encabezaron diversos procesos de lucha. Una gran mayoría se queda en el anonimato; sin embargo, algunas de las mujeres con gran peso histórico son: Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Louise Michel.
En el siglo XX, las mujeres rusas desataron lo que posteriormente sería la revolución más importante de ese período; las mujeres francesas estuvieron al frente de las barricadas de la Comuna de París y pelearon junto a sus compañeros.
En México, las maestras fueron parte de la vanguardia en el movimiento magisterial en Oaxaca, en 2006 durante la “comuna de Oaxaca” tomaron el canal cuatro y lo pusieron a funcionar bajo su propio control.
Actualmente la lucha obrera en Matamoros, vuelve a demostrar lo que dijo Louise Michel: “Cuidado con las mujeres cuando se asquean de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el nuevo mundo”.
"¿Por qué yo no soy dueña de tomar si quiera tantito el rayo de sol?...”*
La gran mayoría de las mujeres, así como los hombres, tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Marx la define en El capital como una mercancía porque posee un valor de uso y un valor de cambio. Misma que los capitalistas –dueños de los medios de producción- compran en el mercado, y son los afortunados que consumen la única mercancía que produce valor.
El capitalismo tecnificó el trabajo y esto aceleró el proceso de producción, lo que expropio el producto del trabajador que lo produce. Ahora esa mercancía le es ajena, no le pertenece, y quien la produce se ve reducido a máquina como una pieza dentro del inmenso engranaje.
Como explica Marx: “En tanto que la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo, la riqueza y el refinamiento de la sociedad, empobrece al obrero hasta reducirlo a máquina”.
Es así que las trabajadoras son reducidas a máquinas, primero porque se ven obligadas a ocupar los trabajos más precarios, y después porque nuestros cuerpos son cosificados y utilizados como incubadoras de la futura mano de obra barata, esto sin contemplar las jugosas ganancias de la trata de personas.
Simbólicamente -y no tanto- las mujeres se verán reducidas a mercancía; además porque el trabajo precario no les aporta nada subjetivamente, no les permite desarrollarse como sujetos, se trata del trabajo enajenado.
Las trabajadoras podemos parar la mitad del mundo…
Paradójicamente la ultra precarización del trabajo y las condiciones de opresión son el fermento para que surja el malestar de las mujeres que viven esta situación, por lo tanto también surge el cuestionamiento de lo establecido. Así, generan vínculos con otros trabajadores y trabajadoras.
Del cuestionamiento viene la organización política, y comienzan a romper con las leyes del individualismo –una de las condiciones del trabajo enajenado-. Esos lazos también les permiten generar una identidad porque ya no se asumen como mercancía, sino que asumen su rol como trabajadoras y las posibilidades que eso les da para cambiar sus condiciones de vida y el mundo entero.
A la par de la construcción de la solidaridad, también buscan liberar aunque sea un poco su fuerza de trabajo, y el peso que tiene en la subjetividad, que junto con los mandatos sociales y la doble jornada de trabajo en el hogar, no les permite pensarse como sujetos.
Estos lazos se convierten en una fuente de sentido, ya que sus deseos no se anudan al poder, son instituyentes y pueden cuestionar su lugar en el mundo y otros aspectos de su vida, modificando su subjetividad, transformando y creando su propia identidad y desarrollándose como sujetos políticos.
De ahí, que los patrones y gobiernos del mundo entero le tengan miedo a la clase obrera, particularmente a las mujeres, que tenemos muchas razones para luchar, porque los trabajadores movemos el mundo, y si queremos podemos pararlo.
Por eso recurren a diferentes formas de control social como la violencia amparada por el Estado, que se encarna más crudamente en el feminicidio y la tortura sexual, misma que afecta principalmente a las mujeres trabajadoras y a las luchadoras sociales. No es casual que la Iglesia y el Estado busquen mantenernos controladas, y sometidas bajo el yugo del hogar, el marido y el patrón.
Pero nosotras no podemos someternos a ese miedo, como decía Saray Cortez-obrera de la fábrica AFX-, en el foro de las luchas obreras:
El miedo se usa a favor, para que el miedo te haga avanzar. Fue lo que nosotros hicimos, ¿nos dio miedo?, sí nos dio miedo, pero tuvimos que usarlo a favor, porque a mí me da más miedo seguir en lo mismo, seguir estancada, que seguir adelante.
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Rumbo al 8 de marzo, preparemos un paro internacional de mujeres y tomemos las calles contra el trabajo precario, el feminicidio y la trata de personas. Sólo a través de la organización codo a codo con nuestros compañeros de clase podremos quebrar este sistema de miseria que nos oprime doblemente.
Tenemos toda la fuerza para enfrentar al capital, organicémonos en las calles y en nuestros centros de trabajo.
¡Este 8 de marzo organízate y marcha con Pan y Rosas!
*Trabajadora de intendencia subcontratada en el Instituto de Educación Media Superior.

Laura Aparicio
Agrupación de Mujeres Pan y Rosas México