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Red Internacional
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#TROTSKY2020. A 80 años del asesinato de Leon Trotsky: la juventud y la necesidad de levantar un partido revolucionario

En el marco de los 80 años del asesinato de Trotsky recordamos las principales ideas de este revolucionario sobre la juventud, la necesidad de levantar partido y la revolución.

Domingo 23 de agosto de 2020

La juventud de petrogrado en 1917

En febrero de 1917 los metalúrgicos de Petrogrado marchaban junto a las obreras textiles hacia el centro de la capital ¿Cómo ocurrió esto?

Las obreras textiles invitaron a los obreros de Novy Lessner a conmemorar el día internacional de las mujeres, pero fueron los obreros jóvenes de la fábrica metalúrgica quienes convencieron al resto de sus compañeros para marchar junto a las trabajadoras hacia el centro de la capital.

Cuatro días después el zar fue derrocado por trabajadores, mujeres, jóvenes y campesinos.

El mismo año, los jóvenes metalúrgicos de la ciudad de Petrogrado organizaron a más de la mitad del proletariado joven, levantaron la organización Juventud Socialista, y arrastraron a obreros adultos y viejos, convenciéndolos de luchar contra el Zar y más tarde contra el gobierno provisional.

Estos ejemplos nos sirven para ilustrar el rol que juega la juventud en procesos álgidos de lucha de clases, sin embargo merecen una explicación más profunda, tomando los análisis del viejo revolucionario León Trotsky.

En primera instancia es necesario ver en qué escenario estalla esta juventud. Los jóvenes que se levantaron contra el zarismo eran quienes se encontraban ocupando los trabajos más precarios durante la guerra, se desempeñaban como obreros no calificados o eran aprendices que ganaban una miseria y trabajaban en jornadas extensas, marcando a fuego una de las principales ideas de Trotsky sobre la juventud obrera.

La juventud y sus parias

En noviembre de 1932, Trotsky caracterizaba a la juventud como un grupo dividido, cuyos anhelos y perspectiva de vida estaban influenciados por los grupos sociales que los veían nacer, es decir eran una grupo atravesado por la lucha de clases, sus contradicciones y miserias.

Sin embargo el revolucionario bolchevique veía la potencialidad de la juventud para romper con todo lo viejo. Con respectos a los anhelos de los jóvenes expresaba: “los viejos ocupan todo el lugar; el joven se siente ahogado, sin salida para aplicar sus condiciones”.

Junto a esto veía una gran contradicción con la juventud estudiantil, quienes en su mayoría, tenían esta concepción en sus primeros años, pero que en su adultez recordaban este descontento con la sociedad que los rodeaba como una “enfermedad juvenil”.

En ningún caso esta idea significaba para Trotsky un límite para la organización con estos sectores, al contrario, durante los años treinta discutía fervientemente la necesidad de organizarse con la juventud, pero con la consciente necesidad de convencerlos fuertemente de las ideas y estrategia revolucionaria.

Sin embargo hablar de la juventud trabajadora tenía otros elementos, siete años mas tarde, en conversaciones con Natha Gould, secretario nacional de la Liga Juvenil Socialista, el revolucionario se refería a la juventud trabajadora con esta palabras: “pero el problema de la juventud es diferente, en el sentido de que, por un lado, no soporta el peso de esas pesadas tradiciones, pero por el otro su situación es más terrible, más aguda”.

Esta situación terrible a finales de los años treinta se enmarcaba en el impacto de la Gran Depresión, el desempleo, el endeudamiento, la falta de oportunidades, entre otras cosas. Por lo mismo Trotsky llamaba a esta juventud, que veía su presente y futuro hecho trizas, a plantear las ideas más radicales, “creo que es un hecho muy impor­tante que los jóvenes, a los que socialmente se trans­forman en parias, que no pueden sentir ninguna adhe­sión social o política al régimen, que son muy audaces por la sola razón de su corta edad, que no tienen tradiciones conservadoras, exijan soluciones radicales”.

Por esto Trotsky veía una gran potencialidad de la juventud para dinamizar la lucha de clases, todo esto teniendo en cuenta las variaciones de sus grupos y sus contradicciones, al ser un sector sometido a las condiciones más precarias al mismo tiempo que es libre de las concepciones conservadoras de la anterior generación.

Con estos elementos, no es azaroso que los obreros jóvenes de Petrogrado hayan sido un gran motor del despertar del resto de los trabajadores rusos, pues con su rechazo innato a las viejas formas y por la precarización profunda que acarreaban algunos de sus sectores, arrojadas a la vida en la ciudad, pudieron ser un factor gravitante en los procesos de insurrección y en la misma revolución.

En busca de una salida

A finales de los treinta Trotsky discutía que los jóvenes en el capitalismo “en lugar de la eterna prosperidad sólo ven bancarrota. Los jóvenes están buscando fórmulas para salir de esta situación”.

Es en este marco que León Trotsky discutía la necesidad de que la juventud levantara partido junto a bolcheviques y trabajadores, para dar con esa herramienta política que liberara a la juventud de las tradiciones que la oprimían y para acabar con las mil formas de explotación de los capitalistas.

Es decir, en el ímpetu de romper con este sistema -propio de la juventud- el revolucionario veía la necesidad de levantar una herramienta política junto a un sector con un potencial enorme para remecer al resto de los obreros al mismo tiempo que despertaba ideas nuevas que rompían con las viejas tradiciones.

¿Tienen vigencia estas ideas?

Es imposible negar la veracidad de los análisis de Leon Trotsky, a pesar de que estas ideas datan desde hace más de 100 años y la situación tiene varios matices.

El panorama de la juventud no es muy distinto, hoy en día es la que se enfrenta en una lucha descarnada contra las condiciones de vida del capitalismo, teniendo ejemplos aberrantes alrededor del mundo.

Un ejemplo es lo que sucede en Chile, donde es la juventud la que tiene que, desde su infancia, atravesar instituciones como el SENAME, para después ir a parar a trabajos precarios como jornal, mesero o repartidor, donde al igual que en los años previos de la revolución rusa y en los treinta, se trabaja por una miseria mientras crece la tasa de desocupados.

En los últimos años la juventud a protagonizado distintos estallidos a nivel internacional. Chile, Hong Kong, Francia, Brasil, entre otros países, todas expresando la idea de no querer soportar más este sistema, que vende los derechos, que precariza a los jóvenes y sus familias, que contamina el medio ambiente y que, en pocas palabras, echa el futuro a la basura.

En todos estos ejemplos la juventud fue un factor clave. En Chile los estudiantes secundarios saltaron los torniquetes, y en Hong Kong marcharon en primera línea con poleras negras y puños en alto.

Ahora estamos en el ultimo semestre del 2020, viviendo una pandemia que ya se ha cobrado, solo en informes oficiales, 803 mil muertos [1] , golpeando principalmente a los países y sectores más pobres. Hay millones de desocupados, aumento del trabajo en negro o sin contrato, alza en la tasa de deserción universitaria y en los suicidios.

Es al calor de esta realidad han despertado movimientos como Black Lives Matter en EE.UU, que en toda línea son un cuestionamiento enardecido al capitalismo, el racismo, la precarización y la represión con la que los ricos sustentan este sistema.

Las ideas de Trotsky están mas vigentes que nunca. La precarización y el futuro que cae sobre los hombros de la juventud es brutal y pone por delante la tarea de poder formar un partido revolucionario que tome los anhelos de la juventud y acabe con esta sociedad para conquistar una nueva.

Son estas perspectivas las que nos tienen que empujar a luchar contra todas las cadenas del sistema, la carestía de la vida, la educación y salud de mercado, la precarización laboral junto al resto de la clase trabajadora.

Por esto no podemos olvidar lo que en Chile dejó la revuelta de octubre, en donde cientos de miles de jóvenes fuimos parte de la primera línea enfrentando a la policía y la represión. Sin embargo, si esa fuerza queda dispersa, se pierde; hace falta un partido revolucionario que sea capaz de concentrar esa fuerza, en donde se sume la potente rabia de la juventud por cambiarlo todo.