Sin perfil médico ni capacitación, beneficiarios de programas sociales serán enviados a Macro Quioscos COVID-19. Tampoco cuentan con seguro social ni reconocimiento de relación laboral.
Miércoles 9 de diciembre de 2020
Durante la crisis sanitaria, la incertidumbre por el destino de los programas sociales de la Secretaría de Cultura de la CDMX, preocupó a miles de jóvenes sobre si mantendrían alguna clase de ingreso económico. Después de semanas de dudas, se notificó que se continuaría con los programas de manera virtual y con la ocasional salida a territorio para dejar documentos y recoger uniformes.
Luego de meses trabajando con estrategias digitales donde los integrantes del programa gastaron de sus propios medios para completar las actividades que se solicitaban, se les notificó que los beneficiarios de programas Talleres de Artes y Oficios Comunitarios TAOC, Promotores Culturales Comunitarios, Red de Faros, Colectivos Culturales Comunitarios y Festivales e Intervenciones Comunitarias, acudirían como apoyo a los Macro Quioscos COVID-19.
A los beneficiarios de estos programas sociales no se les consideró trabajadores, aunque laboraban seis días a la semana en un horario completo, pero sin contrato ni prestaciones de ningún tipo, ni siquiera seguro médico, dejándolos en completa vulnerabilidad.
Ante las dudas que surgieron después de avisarles que los mandarían a puntos de alto riesgo de contagio, surgieron muchas inquietudes: ¿ les proporcionarían seguro médico dado el riesgo de contagio?, ¿Cuál sería el equipo médico de protección con el contarían?, ¿Qué sucedería con aquellos que vivieran con personas vulnerables y corrían el riesgo de llevar la enfermedad a su casa? Ante todas estas preguntas, los coordinadores se limitaron a decir que era una orden del gobierno central y, por tanto, ellos no tenían mayor información al respecto.
Ante el palpable malestar y la preocupación general, esta semana se informó en Promotores Culturales Comunitarios que el “apoyo” se redirigía al centro histórico de la CDMX en conjunto con protección civil para repartir gel antibacterial y cubre bocas a los transeúntes. En los últimos días se ha reportado una cantidad masiva de gente que acude a las calles del centro histórico, haciendo imposible cumplir medidas como la sana distancia.
Más precarios que el outsourcing
Integrantes de la Red de Faros recibieron un comunicado de parte de Benjamín González Pérez, director general de Vinculación Comunitaria donde se instó a participar solidariamente en estas actividades, apelando al compromiso con la comunidad a quien se deben estos programas sociales.
En respuesta a este llamamiento, se emitió una carta abierta cuestionando el carácter voluntario del llamado y puntualizando que no contaban con el perfil necesario para estar en un punto de tanta exposición ante la pandemia. Además de que tampoco había claridad de las actividades a realizar en dichos lugares.
Puntualizan que su situación es más precaria que en el outsourcing, puesto que no hay ningún tipo de reconocimiento laboral, dejándolos complemente desprotegidos ante una situación de contagio. Criticaron también la manera “velada” en la que se les pretendía obligar a asistir para cubrir actividades que no están –para nada– relacionadas con la cultura, que fue con el perfil que se postularon al programa.
Sumado a esto, se encuentra el constante temor de volver a participar en dichos programas sociales y que esté sujeta a la participación de más actividades de “apoyo”.
Juventud precarizada
La mayoría de los integrantes de estos programas sociales somos jóvenes egresados que, ante la falta de oportunidades laborales, aplicamos a estos trabajos en dónde ni si quiera se nos considera empleados.
La administración actual prometió la oportunidad de empleo a miles de jóvenes, pero, en su lugar, crea estas simulaciones laborales donde, en la mayoría de los casos, realizamos el trabajo de las actividades culturales con nuestros propios recursos y, básicamente, sin ningún apoyo por parte de la Secretaría de Cultura.
Ahora se suma una preocupación más, exponer nuestra vida en puntos de alto contagio, sin ningún tipo de seguridad médica.
Todos los integrantes de los programas sociales debemos subscribir a la denuncia de la Red de Faros exigiendo que se nos garantice la estabilidad laboral, con un contrato donde se nos reconozca como trabajadores y donde el patrón nos dé las herramientas necesarias para desempeñar nuestro trabajo de actividades culturales, las cuales son muy importantes para el desarrollo de la sociedad.
Al igual que cualquier trabajador debemos contar con prestaciones y seguro médico que nos permita hacerle frente a una crisis sanitaria de esta magnitud.
Las consecuencias de la crisis sanitaria no deben recaer en los hombros de los trabajadores, no podemos exponer nuestras vidas de esta forma mientras se destinan cantidades millonarias a la Guardia Nacional, por ejemplo, o al pago de la deuda externa en lugar de aumentar –de manera emergente– el presupuesto al sector salud para contratar personal capacitado y dotarlo de todos los insumos médicos necesarios para atender a los pacientes.