El 27 de junio de 2014 Marco Cuadra falleció, tras estar 1 mes hospitalizado luego de que se inmolara en denuncia a las malas condiciones laborales y porque fue humillado públicamente cuando la empresa lo despidió.
Miércoles 29 de junio de 2016
Las prácticas denigrantes y antisindicales, hostigamiento y pésimas condiciones laborales en el Transantiago, han sido ya varias veces denunciadas por los propios trabajadores. Extenuantes jornadas de trabajo, descansos no respetados, imposibilidad para ir al baño (lo que ha llevado a que los trabajadores usen, incluso, pañales) y despidos al menor problema, son algunos de los aspectos que se viven en el rubro del transporte. Marco Cuadra Saldías, trabajador de 48 años los vivió en carne propia.
Cuadra, al momento de inmolarse, un 2 de junio de 2014, era chofer y dirigente sindical de la empresa RedBus SA, operadora de los recorridos B y C del Transantiago, y estaba sufriendo de hace tiempo el peso y la carga del acoso laboral. ¿Cuál fue el motivo que gatilló la fatídica decisión del trabajador? La humillación que la empresa le generó al despedirlo, pese a su fuero sindical, y anunciar la medida de manera pública, mediante un altoparlante. Esa fue la última acción denigrante y patronal que realizaron en su contra.
El trabajador, padre de dos niños, junto a otros colegas, había sido desvinculado y desaforado un día lunes, sin embargo, días después, Cuadra decidió asistir a su lugar de trabajo con el propósito de denunciar las prácticas antisindicales en contra suya e inmolarse en el terminal donde laboraba, ubicado en avenida El Salto, Huechuraba.
“He decidido mandar una carta. Al inspector del Trabajo para contarle como tratan a los sindicatos en mi empresa. Por lo tanto me voy a quemar”. “Lo hago por ustedes”, fueron los últimos mensajes que Cuadra les envió a sus compañeros, previo a rociarse bencina y prenderse. Sus colegas intentaron hacer lo posible por apagar el fuego, sin embargo, Cuadra quedó con el 90% de su cuerpo quemado, por lo que estuvo hospitalizado 25 días, falleciendo un 27 de junio.
“Nos dijeron que estábamos despedidos y desaforados como dirigentes el lunes pasado, pero cuando fuimos a la Inspección del Trabajo, nos dijeron que había sólo un pedido de desafuero”, comentó, en ese entonces, Luis Moya, tesorero del sindicato 2 de la empresa.
Por su parte, Norman Beisson, secretario del mismo sindicato, manifestó luego de la muerte de Cuadra que “lo que la empresa quiere es llegar a un convenio colectivo y no negociar, y para eso hay dirigentes que somos una piedra de tope (...). Aunque la empresa tiene seguros, nos obligan a pagar los choques, hay problemas de cambios de horarios, no respeto de los descansos, de descuentos injustificados”, denunció el dirigente.
Cabe mencionar que hace tres años, el presidente de la Asociación Nacional Gremial Trabajadores del Transporte y Afines ASTTRA AG, Rodolfo Cid, aseguraba que “desde que comenzó el Transantiago hemos tenido cerca de 30 suicidios”, es decir, en promedio cinco muertes anuales de trabajadores entre 2007 y 2013.
Ya han pasado nueve años desde la inauguración del Transantiago, en pleno gobierno concertacionista, y ha quedado más que demostrado el completo desastre del transporte público. Ganancias millonarias para las empresas a cargo, valor del pasaje exorbitante, atochamientos y fallas en el sistema, es la realidad que deben vivir miles de personas que lo utilizan. Hace dos años, el Estado aprobó un presupuesto de cerca de US$1.500 millones anuales hasta el año 2022, inversión que no se refleja en una mejoría para el pueblo trabajador.
Es más, con la última alza de $20, realizada durante el verano, el costo del pasaje en Metro acumuló un aumento de un 76% desde 2007, situación que también ocurre con los buses, pues todos los años las autoridades anuncian aumento en el costo del pasaje, recayendo en los bolsillos de los trabajadores del país, los que con un mísero sueldo mínimo llegan a duras penas a fin de mes.
Toda esta precaria situación, que genera un terreno fértil para suicidios, depresión y estrés, es totalmente avalada y mantenida por las autoridades y gobiernos de turno, los que han dejado con vida el antiobrero Código Laboral de la Dictadura y todas las leyes que permiten acciones antisindicales, hostigamientos y precariedad del trabajo.