Se ha discutido por décadas a nivel nacional e internacional el uso recreativo y medicinal de la marihuana a partir de los cada vez mayores beneficios descubiertos por la ciencia y el debate a favor de la libertad de las personas para su consumo, pero también por la creciente ola de violencia y crimen que se formó en torno a la planta desde que se hizo ilegal en la guerra antidrogas, pasando a manos del narcotráfico más peligroso
Martes 11 de mayo de 2021
Se ha discutido por décadas a nivel nacional e internacional el uso recreativo y medicinal de la marihuana a partir de los cada vez mayores beneficios descubiertos por la ciencia y el debate a favor de la libertad de las personas para su consumo, pero también por la creciente ola de violencia y crimen que se formó en torno a la planta desde que se hizo ilegal en la guerra antidrogas, pasando a manos del narcotráfico más peligroso. ¿Cómo nos está afectando esta situación en Chile?
Lamentablemente, actividades tan normales como el autocultivo pasaron a la clandestinidad con la Ley 20.000, criminalizando la planta y dando fuerte poder económico y un relativo monopolio de la marihuana a los grupos criminales, mezclándose así con un mundo de armas, violencia y una multitud de drogas peligrosísimas que nada tendrían que ver con una “droga” cuyas propiedades medicinales han sido reconocidas por la comunidad internacional, eliminándose así del listado de drogas peligrosas.
Desde la creciente legalización en Estados Unidos, los grandes cárteles de la droga que introducían marihuana ilegal al país han visto sus ganancias reducidas de gran manera gracias al autocultivo y la industrialización que ha acompañado el proceso que viven los estadounidenses. Este fenómeno se repite con cada país que ha avanzado en el camino de la legalización, como es el caso de EEUU, Canadá y Uruguay, entre otros.
El resultado no es complejo de entender. Ante la baja de las ventas, los narcotraficantes mueven su exportación a nuevos horizontes para recuperar el dinero que pierden contra la industria legalizada de cannabis. Esto está pasando en Chile, el tercer país con mayor consumo cannábico en adultos a nivel mundial y el mayor consumidor en América del Sur.
En diciembre del 2020, la “Operación Azteca” culminó con la incautación en el puerto de San Antonio de más de 3 toneladas de cannabis proveniente de México. Dicho hallazgo se suma a 1.700 kilos incautados el 2019. Los cargamentos, su origen y la masiva cantidad encontrada indican la aún no descartada autoría de los envíos por parte del Cartél Jalísco Nueva Generación (CJNG), un cártel originado del mítico Cartel de Sinaloa, ambos presentes en una gran extensión de Latinoamérica.
El CJNG es conocido por su brutalidad (que incluye actos como el canibalismo), la publicidad de la misma a través de plataformas como Youtube y las guerras que mantienen con otros carteles (guerras que les han valido nombres como los MataZetas, es decir, asesinos de Zetas, otro cartel mexicano conformado por ex militares corruptos y desertores del cuerpo de élite del ejército mexicano, el GAFE).
Este masivo intento de ingresar marihuana ilegal no fue el primer contacto del CJNG con nuestro país.
El 24 de septiembre de 2019, la operación “Código Calaca” finalizó con la detención de Luis Olaiz y Álvaro Ojeda, dos narcotraficantes dedicados a establecer plantaciones de marihuana para vender en Iquique y Santiago con ayuda de socios colombianos, mientras viajaban a Bolivia para traer y vender cocaína y éxtasis. Su misión original consistía en llegar a Chile desde Guadalajara (donde opera el CJNG) para establecerse en el norte como el primer “comité de bienvenida” del narcotráfico mexicano en el país, pero sus esfuerzos se vieron frustrados antes de completar la misión.
Caso similar ocurrió el 11 de marzo de 2020 con la formalización de los hermanos Salazar Tarriba, Ricardo y Yolanda, ambos miembros del Cártel de Sinaloa. La DEA había informado a la policía chilena sobre los pasos de la pareja. Resulta que también llegaron a Iquique, donde recorrieron toda la ciudad con objetivo de establecer un centro de operaciones para el narcotráfico internacional de cocaína del cártel.
Ricardo manejaba las finanzas del cártel y venía a analizar el terreno chileno para abrir nuevos horizontes comerciales, junto con concretar negociaciones con narcos bolivianos (no parece coincidencia que los narcos bolivianos también tuviesen negocios y rutas con narcos del CJNG en Chile). De haberse concretado su misión, hubiesen llegado a Chile más de 6 toneladas de cocaína, transformando el país en exportador hacia Europa y Asia.
Finalmente, se ha vuelto preocupante en nuestro país el aumento de la variante de marihuana “cripy”, la cual ha traído consigo una llegada importante de narcotraficantes de Colombia.
La ruta del cripy comienza en Colombia, particularmente en el Valle del Cauca en la unión entre las provincias de Cali y Buga. La Fiscalía colombiana y la DEA han establecido este lugar como el origen de toda la marihuana “cripy”.
7 grupos manejan este negocio en Colombia. El más importante es el cartel Dagoberto Ramos (autores del último envío incautado en Chile por el OS-7), una disidencia de las FARC comandada por Pedro Luis Zuleta Noscue, ex jefe de finanzas de uno de los grupos más violentos de la guerrilla, el “sexto frente”.
La droga pasa por Ecuador y Perú, siendo introducida a Chile por las fronteras del norte. En este proceso la droga pasa de mano en mano, volviéndose cada vez más alterada y nociva, motivo por el cual es mucho más barata que la marihuana natural a la hora de venderla en las calles.
El precio y la venta son decididos en Colombia, aquí llega la droga completamente vendida. Si hay algún problema con el producto, todo se arregla en Colombia. Chile actúa como agente comercial de los narcos colombianos.
Claudio Venegas, director de la Fundación Entropía y director de la revista Cáñamo, cuenta que esta droga casi no se encuentra en el barrio alto. El consumidor adulto responsable o el usuario medicinal nunca van a buscar cripy. El problema es que en Chile hay muchísimos consumidores, de forma que el alto consumo de barrios populares, al verse manejado por los narcos y microtraficantes, es propenso al consumo de cripy adulterado, puesto que es mucho más potente, barato y adictivo.
Según Venegas, la solución está en regular, pues así se conoce quién produce, cómo produce, dónde y para quién, evitando la contaminación de la población producto de drogas de pésima calidad.
Julio Figueroa, asesor de la Corporación La Esperanza, cuenta que la cripy que han encontrado en Chile es sumamente tóxica, siendo prensada con pasta base, ether, chocolate, bencina y un sinnúmero de elementos tóxicos.
Según el OS-7, entre el 1 de enero de 2019 y el 31 de marzo de 2021 se han incautado 3.709 kilos de cripy, todos en comunas populares (Maipú, Macul, Renca, Calama y Cerrillos).
La PDI, por su lado, suma más de 11 toneladas incautadas de la droga en los últimos 3 años, siendo Santiago el destino final de la mayoría de la droga.
Sabemos que el narcotráfico se ha vuelto un fenómeno internacional imparable que cada vez está más organizado. Sin embargo, producto del inmenso y desconocido entramado criminal, la legalización y la despenalización de la marihuana dejaron de ser únicamente luchas de un sector que reclama sus derechos y muchas veces es marginado por la sociedad, ya que ahora también constituyen importantes herramientas para frenar el avance de algunos de los cárteles más peligrosos de Latinoamérica para así proteger a la población, sobretodo a la más vulnerable socioeconómicamente.
Chile no tiene un buen historial contra las drogas. Por más incautaciones que se hagan y por más detenciones que se efectúen no se ha logrado detener el daño de la pasta base y el aumento de la circulación de cocaína en las poblaciones. Tampoco se ha logrado evitar el ingreso creciente de nuevas drogas en nuestro territorio como el cripy, el éxtasis y el tusi. ¿Realmente esperan los políticos conservadores detener el avance coordinado de grandes cárteles mexicanos, colombianos, bolivianos, peruanos y más que han superado a todo gobierno que les ha hecho frente? Difícil creerlo en un país donde las noticias sobre narcotráfico dentro de la policía y el sector político están a la orden del día.
No se puede permitir que se favorezca la aparición de cárteles internacionales en el país para luego aumentar su coordinación y entregar Chile a manos de los narcos. No hay que bajar los brazos ante la corrupción.
¡Basta de persecución contra la población civil inocente!
No hay que propiciar una nueva falla de nuestro sistema, aún estamos a tiempo de evitar una tragedia contra una fuerza criminal que ha arrasado con fuerza física y económica todo territorio donde se impone.
El pueblo no es tonto, no se puede tapar el sol con un dedo. No sirve la represión estatal y la inútil guerra antidrogas como medida parche para solucionar crisis estructurales mucho más profundas. Por un lado, hay que luchar por la legalización de la marihuana, por el beneficio que significa para miles de pacientes y para la población de sectores vulnerables propensos al narcotráfico de drogas altamente tóxicas y baratas que sólo aumentan cuando se amplía la oferta de productos y el campo de acción del narcotráfico mediante la prohibición. Por otro, hay que asegurarse de establecer sistemas de fiscalización efectivos para todos los funcionarios públicos cuyo cargo pueda favorecer al narcotráfico, junto con sumar la corrupción con narcos a la lista de motivos por los que urge el fin de instituciones muertas y que terminan atentando contra la ciudadanía como Carabineros.
Sólo con la suma de perspectiva crítica, coordinación popular y la voluntad política de todos los oprimidos podremos salir adelante en esta lucha, una de las muchas que debe dar el pueblo por su bienestar, pues ningún empresario o político apitutado va a dar la cara por la gente humilde de este país que busca un mañana mejor en muchos ámbitos, tal como es la salud y un entorno libre de narcotráfico y segragación. Sólo el pueblo ayuda al pueblo.