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Red Internacional
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OPINIÓN. A tres años de la ’Marcha minera’ y los retos de la clase obrera española

Hace tres años Madrid fue iluminada por las luces de los cascos de la "Marcha Negra", la masiva manifestación de apoyo a la huelga minera de Asturias, León o Aragón. Recordarla, una necesidad para los retos actuales de la clase trabajadora.

Cynthia Lub

Cynthia Lub Barcelona | @LubCynthia

Martes 14 de julio de 2015

Fotografía: Antonio Litov

El 11 de julio de 2012 hacía 45 días que los mineros estaban en pie de guerra contra el cierre de las minas del carbón y los recortes que el Gobierno del PP impuso a más de 8.000 trabajadores.

Más de 200 mineros junto a sus familias y cientos de sus compañeros habían recorrido a pie las largas distancias entre las minas y Madrid, tras una huelga indefinida, mineros encerrados en pozos y ayuntamientos, manifestaciones, cortes de carretera y una combativa resistencia a la durísima represión de las fuerzas represivas.

En la capital, más de 25.000 manifestantes al grito de "Madrid entera, se siente minera", recibían con emoción a los mineros que se abrían paso iluminando las calles madrileñas con las luces de sus cascos. "Que viva la lucha de la clase obrera", "Hoy con banderitas, mañana dinamita", cantaban mientras esperaban desde el Arco de Moncloa a las columnas que llegaban del Norte y de Aragón y que habían confluido marchando por la Autopista A6, pasando por delante de la residencia del Presidente del Gobierno.

Una vez en la Puerta del Sol, miles cantaban el himno de los mineros:"En el pozo María Luisa, murieron 4 mineros, mirai mirai Maruxina, mirai, como vengo yo". Un sector del proletariado español muy respetado por haber sido vanguardia en la revolución de Asturias en 1934 y pionero en la lucha contra el Franquismo con las huelgas de 1962.

Esta tradición escrita en los libros de historia, se reactualizaba con los hijos, nietos y nietas de los mineros que volvían a la huelga. Una vez en Puerta del Sol, tomaron la palabra para explicar sus reivindicaciones y hacer un llamado el cual, al día de hoy, es un legado que se fue desarrollando tras las grandes manifestaciones de las "mareas" en las calles: la unidad de todos los sectores de trabajadores en lucha, los trabajadores y trabajadoras de la educación, la sanidad, de la industria.

La manifestación continuó al día siguiente coincidiendo con la presentación de Rajoy un nuevo plan de ajuste. Alrededor de 50.000 personas —trabajadores en lucha, organizaciones políticas y sindicales y cortejos del 15M de diferentes ciudades —junto a los mineros de diferentes cuencas por el Paseo de la Castellana.

Emocionante fue la llegada de las "bravas mujeres mineras", familiares de los mineros y trabajadoras, que protagonizaron una lucha incansable y que habían formado una "Plataforma de Mujeres Mineras" por la ’nacionalización bajo control obrero de toda la minería como única solución para la defensa de la fuente de trabajo’. "Es duro ir a trabajar todos los días al mismo pozo donde murió mi padre a los 47 años, donde trabajó mi abuelo y ahora yo y mis hermanos, por eso somos duros y luchadores, porque el trabajo en la mina es duro”, decía Mar, minera asturiana del histórico pozo María Luisa..

La histórica manifestación en una jornada combativa cuando, al llegar al Ministerio de Industria, la Policía arremetió con brutalidad por toda la Castellana, a lo que muchos mineros y jóvenes resistieron con piedras y petardos al arsenal de pelotas de goma y a la magnitud del dispositivo policial. La rabia que provocó el saldo de cientos de heridos y detenidos, encendió una concentración contra la represión y los anuncios del recorte anunciado hasta las puertas del Congreso de los Diputados.

¿Por qué recordarla? Los retos actuales de la clase trabajadora frente a la crisis

No sólo por la importancia de rescatar los jalones que la clase trabajadora va superando tras sus pequeñas (grandes) batallas. También porque la potencialidad, límites y contradicciones que la huelga minera demostró, ayudan a pensar los retos de la clase trabajadora actual.

La lucha de los mineros se hizo presente cuando la crisis del Régimen político del Estado español se había profundizado con la emergencia del 15M, que gritaba recibiendo a los mineros "que sí, que sí, que sí nos representan", en contra del "que no nos representan". El Régimen político con la "gran ayuda" de las burocracias sindicales venía evitando la profundización de esta crisis, bloqueando la intervención de la clase trabajadora.

La huelga minera de 2012 podría haber marcado un punto de inflexión que rompiera ese bloqueo, generalizara el conflicto, la organización y la lucha de los trabajadores y la juventud con la solidaridad activa en todas las regiones, sectores y empresas. Y que actuara de punta de lanza para unificar a todos los sectores en lucha contra el ataque brutal que estaba aplicando el Gobierno de Rajoy.

No obstante, la política de contención, pactos y traiciones de la burocracia sindical de CCOO y UGT bloqueó esta posibilidad. Por un lado, respecto a la huelga minera, las direcciones sindicales del sector defendían ayudas públicas para la patronal privada minera. Muy lejos de una salida que pudiera garantizar fuentes y condiciones de trabajo en las cuencas mineras, la nacionalización bajo control obrero de todas las minas y los fondos del carbón, para acabar con los corruptos negocios de la patronal a costa de los mineros y de todo el sistema eléctrico.

Y después de las exitosas huelgas generales del 29M y del 14N de 2012, su política fue de una criminal "paz social" tras los ataques históricos, significando pérdidas de conquistas históricas.

Hoy, huelgas históricas como la de Coca Cola, Panrico y Movistarfueron huelgas contra patronales gigantes, totalmente aisladas por las direcciones de CCOO y UGT que negociaban a favor de la patronal y se opusieron a la huelga. Esto acabó con una derrota hacia de la huelga de Panrico, que además políticamente quedó muy aislada, incluso por todo el arco de la izquierda política.

Al contrario de este aislamiento, los trabajadores de Movistar lograron imponer sus demandas en la agenda política con un "Compromiso de las escaleras". Un compromiso traicionado por Barcelona en Comú cuya intervención sirvió para acabar avalando la escandalosa firma de renovación del MWC.

Los desafíos de la clase trabajadora española pasan en primer lugar por dotarse de organizaciones sindicales democráticas, de base, combativas. Es decir, verdaderas herramientas de lucha y organización de todos los sectores de la clase trabajadora, para unificar sus filas (precarios, trabajadores inmigrantes, parados, fijos y todo tipo de categorías).

La burocracia sindical dejó de luchar después del gran desvío que significó el Régimen del 78’, acomodándose en sus sillones y traicionando la lucha que dieron generaciones de obreros y obreras contra el ’Vertical’ franquista. Por ello es necesario revolucionar los sindicatos, arrancárselos a la "casta sindical" que actúa de correa de transmisión de esa "casta política", que durante décadas y tras varias reformas laborales (de González, Aznar y Zapatero), consolidaron el modelo capitalista español configurado en los ’80 y ’90 que llevó a que más de un tercio de la clase trabajadora padezca condiciones de enorme precariedad.


Cynthia Lub

Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición, también en estudios sobre género y clase, feminización del trabajo y precariedad. Docente de educación secundaria pública.

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