En las últimas semanas pudo verse una foto que se repitió en varios portales y medios de comunicación de la región, la del Secretario General de ATE y CTA Río Negro, Rodolfo Aguiar, estrechando su mano con el gobernador Weretilneck.
Santiago Cayupan Trabajador Hospital Cipolletti
Julián Giulietti Delegado PAMI Cipolletti
Miércoles 4 de abril de 2018 19:52
Lejos de estar celebrando un aumento salarial que alcanzara el costo de la canasta familiar o, al menos, superara a la inflación, la satisfacción del dirigente gremial se debía, principalmente, al hecho de que luego de muchos años "los representantes genuinos de los trabajadores y las trabajadoras se sentarán a discutir salarios con la patronal provincial". A primera vista, la noticia dada por el mismísimo Aguiar no resulta para nada negativa sobre todo si tenemos en cuenta que, quienes venían cumpliendo con esa función, eran los titulares de UPCN especialistas en firmar acuerdos paupérrimos para los trabajadores. Pero dicho logro político del gremio ATE no puede mirarse como un logro en si mismo sino y únicamente si se tiene en cuenta para qué y de qué forma se sientan los representantes de dicho gremio en esa tan ansiada "mesa salarial".
Precisamente aquí es donde surge el problema porque por más que Aguiar quiera presentar este acuerdo como histórico, la verdad es que no se diferencia demasiado de otros firmados anteriormente. Dicho acuerdo contempla un 15% de aumento (no un 18% como puede leerse en la página del gremio): 4,5% retroactivo a febrero, 2,5% en junio y 8% en septiembre, una suma en negro que oscila entre los 2000 y 3000 pesos según la categoría y la reapertura de la mesa salarial en agosto del corriente año entre los puntos más relevantes.
Pero no sólo los números nos hablan de un acuerdo bastante pobre e injusto sino que el mismo se cerró a espalda de la mayoría de las asambleas que en su absoluta mayoría habían votado contra el 15% de aumento propuesto. El 18% por ciento del que habla Aguiar sólo se cobrará un mes cuando se cobre la suma en negro antes mencionada. Una burda mentira que tiene como objetivo confundir y contener a los trabajadores y trabajadoras que ya expresan su descontento por debajo.
El congreso de delegados realizado el 22 de marzo fue una pantomima más para convalidar la maniobra burocrática: los delegados de la verde votando en contra de sus propias asambleas, convalidando un salario devaluado en medio de una inflación galopante que ataca a la clase trabajadora.
La necesidad de organizarse
Por donde se lo mire, el acuerdo es una verdadera burla al salario y a la realidad de los trabajadores y trabajadoras. El contexto económico tampoco es favorable y ya se anuncian futuros tarifazos que golpearán aún más a nuestra clase. Sin embargo, sobran los ejemplos de lucha y de resistencia a lo largo y a lo ancho del país: los compañeros y compañeras del INTI, los trabajadores y trabajadoras del Hospital Posadas y los mineros de Río Turbio que siguen adelante contra todos los intentos del gobierno por quebrar su heroica lucha.
Las trabajadoras y los trabajadores de ATE, cualquiera sea nuestro lugar de trabajo, necesitamos hacer de este gremio una verdadera herramienta contra el ajuste y la crisis que el gobierno nacional y el provincial pretenden que paguemos nosotros. Necesitamos un plan coordinado entre todos los sectores que se encuentran en lucha contra los gobiernos y la burocracia sindical.