Mientras los sectores antiderechos convocan a una movilización dentro de 10 días, desde la Casa Rosada llaman a mantener un diálogo institucional con la Iglesia católica.

Pablo Herón @PhabloHeron
Miércoles 18 de noviembre de 2020 17:15
Hace unas semanas el Episcopado Argentino emitió un comunicado donde declaraba que “las últimas noticias sobre la inminente introducción del proyecto de ley de aborto al Congreso Nacional nos sorprenden tristemente porque desalientan la búsqueda del encuentro fraterno e imprescindible entre los argentinos”. El proyecto “oscurece gravemente el horizonte que nos propone el papa Francisco”, aseguraban los obispos.
#ConAbortoSalimosTODOS @alferdez 💙💙 pic.twitter.com/C3pRmkoYTV
— Amalia Granata 💙💙 (@AmelieGranata) November 17, 2020
De la misma manera se posicionó ACIERA, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina. Ante el anuncio del tratamiento el lunes pasado, los sectores antiderechos no pierden el tiempo. A las pintadas que corrieron por las redes sociales sentenciando “si hay aborto, hay guerra”, se le sumó una convocatoria celeste para el 28 de noviembre a movilizarse a las distintas ciudades del país.
La relación fluida entre el Frente de Todos con la Iglesia católica no es una novedad. En febrero, Alberto Fernández declaró tras su encuentro con el papa que “es una figura trascendental, es de la humanidad, y cuando un día me llame yo me voy a poner a disposición”.
A pesar de la ferviente militancia contra el derecho al aborto que llevan adelante las iglesias, el Frente de Todos aspira a mantener una buena relación. En esa sintonía intervino Cristina Kirchner en la votación del 2018 del aborto en el Senado: “no se enojen con la Iglesia”. Para ratificar esto, el secretario de Culto aceptó la invitación del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Oscar Ojea, a la celebración por el Día de la Libertad de Religiones en la Catedral metropolitana, que se realizará el próximo 25 de noviembre.
Según lo que refleja Infobae, desde la Casa Rosa destacaron que hubo señales de distensión hacia las cúpulas eclesiásticas: incorporar la objeción de conciencia, apuntalar los comedores escolares de las iglesias y habilitar a los funcionarios a participar de festividades preparadas por las autoridades religiosas.
Te puede interesar: Qué plantea el proyecto de aborto legal que presentó el Gobierno
Te puede interesar: Qué plantea el proyecto de aborto legal que presentó el Gobierno
Desde la votación en 2018 tanto la Iglesia católica como la evangélica ganaron mayor injerencia en las decisiones y políticas de Estado. Algo que se vio con la creación de una subsecretaría de culto en La Matanza de la mano de Verónica Magario, o con el programa “Cristianos a Ayudar” que impulsó Jorge Capitanich en Chaco en coordinación con las jerarquías evangélicas durante la pandemia.
El interés del Gobierno en fortalecer ese lazo no es menor. Frente a los estallidos sociales que deparan la crisis económica que atraviesa el país, espera que la Iglesia juegue su papel histórico: garantizar la contención de los más pauperizados y que no busquen resolver los grandes problemas sociales que atraviesan con sus propias manos y organización.
Durante la votación del 2018 la presión de las cúpulas eclesiásticas para que no salga la ley, así como su ligazón con los grandes partidos, culminaron con la derrota en el Senado. Por eso la marea verde, a partir de las movilizaciones masivas que impulsó para conquistar el aborto legal, también logró que se instale la necesidad de separar la Iglesia del Estado.

Pablo Herón
Columnista de la sección Género y Sexualidades de La Izquierda Diario.