El martes 4 de agosto, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó la idea de legislar sobre el Proyecto de aborto terapéutico presentado por el Gobierno, el cual fue ingresado al Congreso en enero. Tal proyecto generó un álgido debate desde su anuncio en el programa de género de la Nueva Mayoría, y ahora nuevamente el debate vuelve a reactivarse luego de la votación. ¿Es suficiente el aborto en tres causales?

Fany Valladares Vocal de Género y Sexualidad FEUV
Viernes 7 de agosto de 2015
El martes 4 de agosto, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó la idea de legislar sobre el Proyecto de Aborto Terapéutico en sus tres causales, propuesto por el gobierno de la Nueva Mayoría, el cual generó un intenso debate marcado principalmente por la reacción en contra del proyecto por parte de la derecha, el sector más conservador de la Democracia Cristiana y las Iglesia Católica y Evangélica. Luego de ingresado el proyecto, en enero, el debate se mantuvo en pausa hasta hace pocas semanas, al anunciarse la votación en la Comisión de Salud, lo que nuevamente dio que hablar. Vale decir que la Democracia Cristiana presionó el aplazamiento de la discusión en la Comisión de salud.
Con 8 votos a favor -incluyendo a la Democracia Cristiana, luego del llamado de lealtad en el cónclave de la Nueva Mayoría-, 5 en contra y 0 abstenciones se aprobó el proyecto con ya una advertencia de la derecha de acudir al Tribunal Constitucional.
En Chile durante muchos años, este tema se consideró tabú en la sociedad, luego que en 1989 en Dictadura fuera penalizado por el régimen militar en complicidad con la iglesia católica. Por lo tanto, era evidente la discusión a partir de este proyecto que figuraba en el programa de género de la Nueva Mayoría, impuesto por la lucha de las mujeres por el derecho al aborto.
Por otro lado, las organizaciones y agrupaciones feministas han dado una lucha importante por este derecho democrático en los últimos años, con una marcada lucha en las calles, traducida en las concurridas marchas del 25 de julio. La coaptación a los movimientos sociales utilizado por la Nueva Mayoría plasmado en su programa, ha tomado las demandas más importantes y sentidas del movimiento de mujeres y disidencia sexual para integrarlo a su programa de género, visto también en otros proyectos como el Acuerdo de Unión Civil y la Ley de Identidad de Género, una “mediación” entre las calles y la reforma.
Las tres causales: ¿yo decido?
Se debe reconocer que este proyecto puso en la palestra algo que no había, pues muchos proyectos han sido rechazados y archivados en la Cámara de Diputados en ocasiones anteriores (1), introduciendo nuevamente el debate a nivel nacional y rompiendo con el tabú de hablar del aborto. Las tres causales para interrumpir el embarazo son riesgo de la vida de la mujer, inviabilidad del feto y violación. Esta última causal generó un debate interno en la Democracia Cristiana, donde no podían entregar una postura unificada, llegando a remar en contra del resto de partidos que componen la Nueva Mayoría.
El proyecto señala que al menos 45 mujeres murieron el 2012 por complicaciones en su embarazo, de los 250.000 partos anuales, al menos 500 neonatos habrían muerto por inviabilidad fetal. En tanto a violación, no habían datos que dimensionen tal magnitud. Bajo estas tres causales, sólo un 5% de las mujeres podrán abortar y decidir voluntariamente.
¿Y las demás? Sucede que la realidad es que muchas mujeres, principalmente de sectores precarizados son las que abortan por fuera de estas tres causas, en la soledad de sus casas arriesgándose a morir o a ir presas. El famoso Misotrol, cuyo costo ronda los $60.000, tampoco está exento de riesgos, pues produce una hemorragia prolongada en las mujeres que lo utilizan. ¿Para quiénes legislan los parlamentarios? Velan por sus propios intereses y principios morales-ideológicos. Se nos imponen los valores de la moral cristiana con la Constitución heredada de la Dictadura cuyo ideólogo fue Jaime Guzmán, constitución que además reproduce miserias patriarcales y violencia estructural hacia las mujeres.
Anualmente se realizan más de 100.000 mil abortos clandestinos, donde el carácter de clase es innegable, cosa que este proyecto deja muy al margen. Las mujeres más pudientes acuden a clínicas privadas o bien al extranjero, tal como lo dijo la ex ministra de salud, Helia Molina, lo que provocó que fuese destituida de este cargo.
Los abortos clandestinos serán una realidad y continuarán practicándose, engrosando las cifras anuales. Este proyecto es progresivo, en el sentido de que propone una nueva legislación a 25 años de penalizarse el aborto, pero es restrictiva. Como mujeres fuera de las tres causas permisivas, no tenemos derecho a decisión, lo que de igual forma es tremendamente violento.
La derecha “provida”
La derecha fue la que arremetió mas fuerte -junto a la iglesia- contra este proyecto, fundamentando que se legalizaría el aborto libre, cuestión además tremendamente errónea. La derecha, que sobre sus espaldas lleva la doble moral y la complicidad en dictadura, fue quien hasta hoy respalda la tortura, la desaparición y la muerte de miles de personas durante el régimen militar, muchas de ellas mujeres embarazadas y niños de los que aún no se sabe su paradero.
¿Provida? No, más bien pro-feto, con sus incansables discursos de cuando empieza la vida, pero después que nacen los niños, no les importan. Nada han dicho sobre los niños mapuche que son baleados por Carabineros, y por el contrario, lo justifican, respecto al Caso Quemados “había que entender el contexto”. ¿Y entenderán el contexto de las mujeres pobres que al no poder mantener un niño, abortamos en la casa? ¿Entenderán la violencia de género que vivimos cotidianamente, donde no poder decidir, es otro tipo de violencia? Claramente no, y por ello defienden la actual Constitución a toda costa. "La madre debe tener el hijo aunque salga anormal, no lo haya deseado, sea producto de una violación o aunque de tenerlo, derive su muerte" (Jaime Guzmán).
Por el aborto legal, libre, seguro y gratuito
Claramente este proyecto no es suficiente, pues millones de mujeres nos quedamos sin poder decidir realmente. El aborto no se trata algo netamente de salud pública, como aseguraban los diputados del Partido Socialista, sino de un tema que tiene que ver con nuestro derecho a decisión, cosa que el patriarcado nos priva. Tampoco se trata de utilizar este derecho como método anticonceptivo, como vocifera la derecha y los sectores conservadores. Hemos dado una incansable lucha durante años para recuperar este derecho, porque su prohibición nos ha arrojado a todo tipo de riesgos, reproduciendo la violencia hacia nosotras. Por la misma razón, la lucha por conquistar el derecho al aborto sin restricciones ni apellidos debe continuar. Por ello, la necesidad del aborto legal, libre, seguro y gratuito, garantizado por el Estado, debe ser la principal bandera de lucha.
Dentro del feminismo existe un debate sobre si el aborto debe ser despenalizado o legalizado, pero la despenalización sólo nos deja fuera de riesgo de ir a la cárcel, eligiendo nosotras mismas la forma de abortar pero, ¿asegura que no estemos fuera de riesgo de muerte?. El aborto legal frenaría los abortos clandestinos y las condiciones inseguras en las cuales se practica, la condición legal del aborto no produce ningún efecto sobre la necesidad de una mujer de tener un aborto, pero afecta dramáticamente su acceso a un aborto sin riesgos. (2), es el Estado quien debe asegurar que este derecho sea de acceso gratuito y que las condiciones sean óptimas en centros de salud.
De igual forma, el libre acceso a los anticonceptivos de calidad, “los anticonceptivos orales androgénicos (ACO) que entregan en el consultorio, son buenos para la regulación de la fertilidad, pero si no eres completamente sana, producen daños. Pueden acelerar la producción de sebo, de acné, aumentar las cefaleas y las migrañas. El consultorio sólo tiene este tipo de anticonceptivos, los antiandrogénicos sólo los venden y son mucho más caros” (3). La educación sexual en los espacios educativos es necesaria, pues hoy es casi inexistente y lo poco que se imparte es tremendamente biologicista y heteronormativo. No se nos enseña a conocer nuestro cuerpo, otras sexualidades ni mucho menos el placer.
No se trata de confiar en el Estado, el que es patriarcal y neoliberal, sino de arrebatarle un derecho democrático que debemos tener y que se nos ha privado durante años, por medio de la lucha en las calles, en donde el derecho al aborto se transformado en una de las demandas más importantes de del feminismo. No debemos bajar la guardia ahora que se ha puesto un proyecto, con la misma fuerza se debe seguir hasta conquistar el aborto legal, libre, seguro y gratuito. “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”
(1) http://www.camara.cl/pley/pley_buscador.aspx?prmBuscar=aborto
(2) Fuente: OMS
(3). Derenichs Lira, estudiante de Obstetricia y Puericultura Universidad de Valparaíso