Nabila Rifo no es un “caso” más de femicidio frustrado, sino una mujer entre ese 70% de mujeres en el mundo que ha vivenciado alguna forma de violencia física o sexual ejercida contra ellas por un hombre.
Viernes 20 de mayo de 2016
La madrugada del pasado 14 de Mayo del 2016, Nabila Rifo una vez más fue atacada por Mauricio Ortega, no se trató de “celos”, sino porque como ya había sentenciado antes el delincuente que la creyó de su propiedad, determinó con odio que ella debía morir. Nabila Rifo es persona, Nabila es mujer, no un “caso” más sino una mujer entre ese 70% de mujeres en el mundo que ha vivenciado alguna forma de violencia física o sexual ejercida contra ellas por un hombre.
Nabila Rifo decidió apartarse de su agresor y el Estado, una vez más, falló, el Estado que siendo parte de tratados Internacionales sobre Derechos Humanos de las Mujeres, pero que es incapaz de asegurar para ella una vida libre de violencias, ni tampoco para las 19 mujeres asesinadas en lo que va del año, ni para las más de 50 que ha sobrevivido a femicidios frustrados.
La violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer.
A Nabila le arrancaron los ojos, no la fuerza para seguir luchando por su vida, tampoco su derecho a vivir su vida como ella decida vivirla, porque su derecho a una vida libre de violencia es un derecho inalienable.
A Nabila tampoco le arrancaron la voz, porque mientras ella continua inconsciente miles de voces hermanas de norte a sur han hecho eco de su hastío. Volcadas todas y muchos con ímpetu en esta “loca geografía” que mirada en el globo terráqueo sitúa trozos de tierra unos sobre otros, divisiones administrativas del territorio como las divisiones de roles, porque aún prevalen disculpas desidiosas como “así ha sido siempre”, “tenemos los mismos derechos, ¿qué más quieren?”, “no es para tanto” y que despuntan desde afirmaciones “del deber ser de lo masculino y el deber ser de lo femenino”, las mujeres y los hombres, la puesta en escena de la “debilidad” de las unas y la “predominio” de los otros.
Porque aún coexistimos sin avenir en una sociedad no comprende que “esa violencia” entre todas las “otra violencias” no es un invención de las “feministas exageradas” sino la que distintamente se ejerce contra las mujeres y es la causalidad que nos mantiene en riesgo por el hecho ser mujeres y por la que “aún” nos toca discutir “amargadas” que la gravedad de la violencia ejercida contra las mujeres es consecuencia de la desigualdad sistémica y como en sus discurso hegemónicos patriarcal naturalizan, minimizan e invisibilizan.
El día de ayer, Nabila fue traslada a Santiago y allí llegamos anoche muchas de nosotras que sumadas fuimos centenares hermanadas, miles trenzadas en nuestras cabelleras, permeadas en nuestras cuerpas, con sus energías sanadoras y sororales agarradas a nuestras manos.
Nabila lucha por sobrevivir, y nosotras, así como anoche, nos seguiremos dándo cita fuera de la Posta Central hasta que Nabila esté de píe, por ella, por las otras, por las que nos arrebataron, porque las mujeres estamos movilizadas, las feministas estamos en alerta.
Fotografía: Nadia Martínez