Esta madrugada una patota armada atacó la ocupación de tierras del barrio Los Ceibos, en La Matanza. Policía Bonaerense y Gendarmería los dejaron actuar impunemente. Durante el día, un operativo político-mediático había demonizado las ocupaciones de tierras, a las organizaciones sociales y a la izquierda.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Martes 29 de septiembre de 2020 08:50
"Yo estoy abajo de la escalera con mis hijos, la verdad que no sé lo que va a pasar. Le quisieron sacar la casa a una señora del otro lado, ahi se escuchan los tiros... Es una batalla campal".
De fondo, en audios y videos, se escuchan efectivamente los disparos. El brutal ataque tiene lugar en La Matanza. Más precisamente en el barrio Los Ceibos, donde cientos de familias vienen peleando por su derecho a la vivienda.
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La agresión, que tuvo lugar en la madrugada de este martes, ocurrió con la complicidad abierta de la Policía Bonaerense y de la Gendarmería. Las mismas fuerzas que no dejan ingresar alimentos, permitieron pasar a cerca de 40 matones que intentaron aterrorizar a los habitantes de esa barriada.
Hubo resistencia y, a pesar del uso de patotas con armas de fuego, el reclamo sigue. Esa fue la “respuesta” de parte de la gestión del peronista-kirchnerista Fernando Espinoza a la movilización que había tenido lugar temprano, durante el día. Una convocatoria destinada a seguir reclamando el elemental derecho a la vivienda.
Pero las patotas de Espinoza no llegaron cualquier día. No fueron una casualidad. Aparecieron en escena en la misma jornada en que el Gobierno de Axel Kicillof decidió lanzar una furiosa campaña contra las ocupaciones de tierra, apelando al macartismo más abierto.
El vocero fue Andrés Larroque, el mismo funcionario que hace casi una década de encargó de atacar el acampe que la comunidad qom llevaba a cabo en la Avenida 9 de Julio, en plena Ciudad de Buenos Aires.
Mayo de 2011: Larroque encabeza la patota que desaloja el acampe qom.
Este lunes fue el encargado de demonizar a la izquierda. El rostro público de un discurso -avalado y amplificado por todos los medios, oficialistas y opositores- destinado a preparar las condiciones para una eventual represión contra quienes ocupan tierras en Guernica.
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Las patotas en La Matanza aparecen como la continuidad necesaria y lógica de las amenazas represivas sembradas por los funcionarios de Kicillof en todos los medios.
El uso de patotas y las amenazas represivas tienen una clara finalidad. Impedir que se desarrollen tendencias a la lucha por la vivienda. Impedir que sectores de la población trabajadora salgan a luchar por un derecho que, desde hace décadas, le es negado sistemáticamente por las fuerzas políticas que gestionan el Estado burgués.
Lo grafica el Relevamiento Nacional de Barrios Populares, publicado por el Ministerio de Desarrollo Social macrista a fines de 2019. Allí se reseñaba que el 68% de los mismos eran anteriores al 2000, el 21% se formaron durante la década del 2000, el 9% entre el 2010 y el 2013 y el 2% restante entre 2014 y 2016.
Confeccionado en base al relevamiento común del Gobierno nacional, los movimientos sociales, Cáritas y la ONG Techo, confirma que la llamada “década ganada” no revirtió, sino que profundizó la crisis habitacional que sufren millones de familias.
Hoy, en el marco de crisis social y económica creado por la pandemia, la respuesta peronista a la crisis de la vivienda sigue siendo miserable. Demás está decir que el desplazamiento de María Eugenia Bielsa como máxima responsable de la urbanización de los barrios populares solo confirma su inacción durante diez meses de gestión.
El esquema conceptual del peronismo gobernante, el derecho a la vivienda viene detrás del "derecho" a la especulación inmobiliaria. En el caso de Guernica, eso es evidente. Como lo deja en claro este excelente informe de la revista Crisis, detrás del reclamo del desalojo están los intereses de grupos empresarios y especuladores que ni siquiera pueden demostrar propiedad alguna sobre la tierra.
Las patotas y las amenazas de Larroque van en ayuda de los especuladores. Kicillof confirma -una vez más- que se propone gestionar los negocios del Estado capitalista sin mayores contradicciones. Hace pocas horas le llegó un elogio inesperado para muchos: “Yo no soy de su simpatía, ni él tampoco me resulta simpático, pero debo decir que él trabaja con honestidad". El autor de la frase es Miguel Ángel Pichetto. Sobran las explicaciones.
Hay que rodear de apoyo y solidaridad la lucha por el derecho a la vivienda, tal como ya lo vienen haciendo sectores del sindicalismo combativo, la juventud y la izquierda. Ese apoyo tiene que extenderse y ampliarse. Es fundamental que los organismos de derechos humanos, las organizaciones sociales y desocupados, el movimiento de mujeres y los centros de estudiantes rodeen de solidaridad esta dura pelea. Hay que apoyar la pelea por este derecho, derrotando el discurso que lo quiere equiparar a un delito.
Para la clase trabajadora ocupada es urgente apoyar esta pelea. Hoy las amenazas represivas y las patotas van contra quienes ocupan tierras. Si esa política no es derrotada, mañana irán contra quienes reclamen por su salario o sus condiciones laborales.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.