Fin del gobierno de Cristina Fernández. Scioli y sus límites. El debate presidencial y la falta de ideas. Nicolás del Caño y la izquierda en la escena política.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Domingo 11 de octubre de 2015
Los editoriales de este domingo oscilan entre la apología del “modelo” y una suerte de “festejo” por la retirada de CFK, que ensayan desde las páginas de los medios opositores.
Nuevo Relato sobre el Relato
Como viene ocurriendo en las últimas semanas, es Mario Wainfeld desde Página12, el encargado de hacer una suerte de balance del ciclo kirchnerista en clave de apología.
Dice el periodista, luego de reivindicar lo que define como logros, que “quedan problemas severos para intentar resolver. La desigualdad es el primero, en opinión de quien esto firma. Cuesta mensurarla... es más sencillo recordar que un tercio de la clase trabajadora es informal, sin acceso fáctico a los derechos que sí ejercen compañeros de clase que trabajan en relación de dependencia”.
Esas deudas se mantienen a 12 años de iniciado el llamado “modelo de inclusión social” que tuvo, claramente su período de crecimiento a “tasas chinas”. En esos años, la ganancia empresarial subió por el ascensor mientras los salarios y las condiciones de vida de la clase trabajadora, lo hacían por la escalera.
Wainfeld continúa señalando que “el imaginario del primer kirchnerismo no otorgó centralidad a las políticas sociales a las que consideró consecuencias del crecimiento económico. “El trabajo” y el pleno empleo eran las claves para superar la pobreza, el desmantelamiento del aparato productivo y la perdida de la autoestima colectiva. Esa concepción, llamémosla laborista asumiendo que simplificamos, se reveló insuficiente para la nueva estructura socio económica de la Argentina (…) la valoración del rol del estado y de la especificidad de las políticas sociales es concomitante con el primer gobierno de Cristina Kirchner (…) la recuperación-reestatización del sistema jubilatorio es pieza clave de ese enriquecimiento conceptual. La AUH valió como asunción de que “tener trabajo” no equivalía a cubrir todas las necesidades de una fragmentada y desigual clase trabajadora”.
Se crea así un nuevo Relato sobre el Relato. La realidad es que el kirchnerismo viró hacia políticas de contención social en el 2008-2009 como resultado de la derrota ante las patronales agrarias por la Resolución 125 y ante las presiones de la economía internacional, ya en crisis. No hubo un giro planificado sino, precisamente un golpe de timón pragmático, buscando asentar una base social más firme.
Wainfeld afirma, matizando la “voluntad” política estatal, que “el conflicto con “el campo” seguramente apuró los tiempos. El gobierno incurrió en varios errores y fue derrotado en el Congreso. Kirchner dijo entonces que esas contingencias adversas “parieron el gobierno de Cristina”.
Todo aquel que guarde parte del discurso político oficial del 2007 en la memoria, recordará que el eje de CFK en la campaña electoral del 2007 estuvo marcado por la agenda institucional. Nadie lo hubiera tildado de “populista”. Fueron las contingencias políticas (y económicas) las que empujaron en el camino de la “radicalización”. En ese sentido, no hubo nunca “proyecto” sino golpes de timón. Lo que quedó “pendiente” implicaba afectar la estructura capitalista del país, algo que el kirchnerismo, como buen peronismo, no estaba dispuesto a hacer.
El periodista lo confirma al decir que “el tercer mandato fue el más difícil, en parte por condicionantes internacionales, en parte porque perdieron eficacia instrumentos que habían sido muy funcionales en los años precedentes. La restricción externa creció como problema y condicionante del porvenir. La industria local perdió empuje como creadora de empleo y reveló falencias estructurales”. Dependencia del capital internacional, ausencia de soberanía, Relato puro.
¿Scioli y Aramburu?
Wainfeld, forzando una comparación con el primer peronismo, afirma que “por ahí hay fuerzas o liderazgos que sintonizan con los intereses populares aunque no den siempre en la tecla. La dimensión emocional del peronismo, tan esquiva u odiosa para sus adversarios, acaso sea consecuencia de la afinidad profunda entre mandatarios y ciudadanos antes que síntoma de la irracionalidad de los más humildes (…) no es sencillo medir la magnitud de los cambios sociales, de la redistribución de riquezas, bienes inmateriales y hasta prestigio. Acaso un baremo sea las reacciones que suscita entre los nuevos titulares de derechos, los que mejoraron posición relativa cotejado con los que la pasaban mejor con el Ancien Régime. El rencor, a menudo la furia que se prodiga contra esos dos estadios del peronismo (que tuvo otros, peores) podría ser un termómetro que comprueba la magnitud de los avances”.
No es “sencillo medir” porque el kirchnerismo liquidó todos los instrumentos de medición. Pero dejemos de lado los resultados de la intervención –patota incluida- del INDEC.
La diferencia sustancial es que el fin del primer peronismo llegó de la mano de un golpe militar. La clase dominante consideró que el movimiento obrero y el pueblo pobre debían ser aplastados de manera directa para imponer nuevas condiciones de explotación que el mismo Perón, por su relación con las masas, no podía garantizar.
A CFK le “permiten” elegir sucesor y apuestan a que Scioli sea el vehículo del ajuste. No hay golpismo en puerta, ni siquiera “suave” sino transición estable, como lo afirma el mismo periodista. En esta comparación, Scioli vendría a ser una suerte de Aramburu. La analogía juega con el absurdo, al igual que lo hace la de CFK con Perón.
Despedidas y anticipos
En el extremo opuesto, la “Corpo” habla en exceso sobre la salida del CFK del gobierno. Dice Julio Blanck que “hoy todo le resulta un poco peor. En dos semanas puede definirse a quién tendrá que ponerle la banda presidencial. Y si no es en dos semanas será en cuatro más. Lo inamovible es el 10 de diciembre. Y esa ceremonia de traspaso en la Casa Rosada que será el sueño de muchos y la pesadilla de unos cuantos. Aunque nadie podrá sentir lo que vaya a sentir ella al despedirse de 28 años ininterrumpidos de disfrutar el poder, desde aquella noche lejana de 1987 cuando Néstor ganó la intendencia de Río Gallegos. A partir de entonces nunca paró, nunca se fue, nunca menos. Hasta ahora”. La imagen del periodista relamiéndose podría ilustrar la columna.
Por su parte, y en un tono más ofuscado, Eduardo Van der Kooy afirma que “Cristina ha construido un liderazgo persistente con un sector social que habrá que ver cómo se las arregla para conservar cuando no disponga de todos los resortes del Estado”. El periodista remata diciendo que CFK “actúa como si no le faltaran apenas dos meses para volver a su casa”.
Final abierto
En ese marco, todos dan cuenta de la dinámica de la campaña. En La Nación, Morales Solá, afirmaque “el límite de Scioli, hasta ahora inexpugnable, es el que le impide acceder a los votantes independientes de los sectores medios de la sociedad. Scioli viene buscando sin suerte a esos votantes desde la misma noche de las primarias de agosto. Sabe que nunca tendrá asegurado el triunfo en primera vuelta sin tres o cuatro puntos porcentuales provenientes de esos segmentos sociales”.
Al mismo tiempo, afirma que “en las últimas 72 horas las mediciones telefónicas comenzaron a registrar un crecimiento de Macri, que las encuestas presenciales no pudieron verificar por su propia y lenta dinámica (…) Es habitual que un porcentaje de la sociedad decida su voto (o lo cambie) durante la última semana previa a las elecciones. Dramático proceso en situaciones como la actual, cuando uno o dos puntos pueden decidir muchas cosas. Es demasiado pronto para establecer si comenzó a funcionar el voto útil”. No queda más que esperar.
Van der Kooy, por su parte, señala que “Scioli pasea a Miguel Bein, Mario Blejer o Miguel Peirano para enviar señales de fortaleza y previsibilidad, en especial, hacia afuera del kirchnerismo. Mauricio Macri anda de caravana mediática con varios ministeriables e incorporó a Alfonso Prat Gay, ex titular del Banco Central con Kirchner. Sergio Massa va del brazo a todos lados con José de la Sota, el gobernador de Córdoba, y con el ex ministro Roberto Lavagna (…) Las mayores dificultades las padece Scioli. No puede hablar o hacer hablar sobre nada sin detonar tensiones internas”.
El debate y la izquierda
Enotra columna, Mario Wainfeld hace referencia al debate del domingo pasado. Allí señala que “el debate del domingo pasado no ayudó a los apologistas extremos. Fue híper reglado como sucede, por ejemplo, en España. El formato acartonó a los competidores. Fue difícil rescatar una idea novedosa, algo no enunciado en la maratón de intervenciones periodísticas que tienen todos a diario. Los periodistas cumplieron la función de maestros de ceremonias. No quisieron o no pudieron preguntar ni menos repreguntar”.
Cabe recordar –algo que el periodista de Página prefiere no hacer- que esas mismas normas fueron impuestas por los candidatos, incluido Daniel Scioli. Luego, el mismo oficialismo las consideró luego “poco claras” y exigió una ley para poder debatir.
Eso solo pone en evidencia los límites del candidato oficial para explicar sus propuestas. No se trata de límites personales sino políticos y sociales. Scioli no hubiera podido demostrar ninguna diferencia sustancial con Macri y Massa. Como les ocurrió a ellos hubiera preferido hacer el olé a las preguntas del candidato de la izquierda, Nicolás del Caño, que fue el único que desnudó la hipocresía de todos sus rivales, incluidos Stolbizery Rodríguez Saá.
A pesar del Relato, la realidad del final del ciclo kirchnerista deja en evidencia los límites de las transformaciones duraderas. El país que viene es el de los intentos de ajuste de la clase capitalista para recomponer sus ganancias. Será también el país de laresistencia obrera y popular, donde la izquierda trotskista tendrá un lugar destacado.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.