La implementación de la Reforma Educativa ha iniciado una campaña para que la enseñanza del idioma inglés se convierte en un pilar de la educación mexicana de una manera forzada. De acuerdo con la subordinación al imperialismo, los intereses de los empresarios y la destrucción de las conquistas laborales.
Viernes 1ro de septiembre de 2017
La Reforma Educativa, de donde deriva el Nuevo Modelo Educativo de Enrique Peña Nieto y Aurelio Nuño, establece el aprendizaje del idioma inglés como una prioridad para la educación pública pero, ¿qué implicaciones tiene la implementación de este modelo? ¿de verdad esto responde a las necesidades de la población mexicana?
Esta reflexión se hace necesaria ya que esta reforma ha comenzado una implementación acelerada en esta materia. De hecho, el 31 de agosto se abrió la convocatoria lanzada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para concursar por 646 plazas de maestros de inglés, con un sueldo de $21,000. El argumento para dichas acciones es que México necesita insertarse en la dinámica de la competencia mundial, “México debe ser competitivo”, dicen los altos funcionarios del gobierno federal.
El aprendizaje del inglés no tiene nada de malo por sí mismo pero…
Es importante aclarar desde el principio que la enseñanza y el aprendizaje del inglés no tienen nada de negativo por sí mismo, ya que como cualquier otro idioma puede ser usado como herramienta para adquirir conocimientos nuevos, ya que para poder comprender mejor otras culturas hay que conocer sus lenguas. Sin embargo, tampoco hay que ser ingenuos con respecto a nuestra posición hacia el conocimiento, ya que este para nada es neutral, quien lo produce e implementa tiene una intención, en este caso es la imposición de un modelo pro empresarial ya que el inglés es el idioma de los negocios y por lo mismo del imperialismo estadounidense.
Uno de los grandes problemas que produce la enseñanza forzada de un idioma, que quiere imponer el gobierno de Peña Nieto es que se convertiría en un instrumento para profundizar la dominación colonial, en el sentido que se acentúa la subordinación a la cultura de las potencias económicas que dominan la política mundial. Por ejemplo, habría que preguntarse qué tipo de inglés pretende el gobierno federal que aprendan los niños, ¿el de los negros que crearon el rap, el blues o el jazz, el de los latinos que viven en EE.UU., el de los grandes escritores y pensadores norteamericanos e ingleses, o el que deben conocer los empleados para leer instructivos, trabajar en call centers, entender la lengua del patrón, etc.?
La enseñanza forzosa de idiomas como el inglés contrasta con el lugar marginal que se le da a las lenguas autóctonas. Por ejemplo, México es uno de los cinco países megadiversos, los cuales se catalogan así no sólo por su diversidad biológica, también por su diversidad cultural con una gran variedad de pueblos indígenas con idiomas propios.
La reforma educativa aborda esta cuestión de paso, sólo para simular y posar de democráticos mientras el Estado se opone y reprime la lucha de los pueblos originarios por su autodeterminación. Y es que el proyecto modernizador que ha seguido el Estado mexicano desde hace más de un siglo está alineado a los cánones que las potencias de occidente imponen, lo que implica adoptar esquemas que promueven la destrucción de la cultura y los pueblos originarios.
De esta manera, uno de los requisitos hoy para titularse de las universidades públicas es el manejo de alguna lengua extranjera, principalmente el inglés, sin considerar un idioma originario, dado que en instituciones de educación superior como la UNAM asisten estudiantes indígenas que hablan el lenguaje de sus comunidades. Pero esto no es tomado en cuenta para cumplir los requisitos de titulación en lo más mínimo, haciendo de la pluralidad universitaria un mero discurso presente en lo formal pero ausente en lo real.
Entonces, ¿aprendemos inglés o no?
La discusión no se encuentra en aprender un idioma o no porque sea malo, ningún idioma es malo, la clave se encuentra en el carácter de clase de la Reforma Educativa, la cual está diseñada a la medida de los empresarios para que estos puedan invertir abiertamente en la educación pública, privatizándola en base al despojo de los derechos laborales de los profesores, la represión, la subordinación cultural y el hecho de que el nuevo modelo educativo preparará a los hijos de los trabajadores para que obedezcan al a los capataces extranjeros enviados por el patrón estadounidense, sin oponer resistencia a sus abusos. Es decir, no para aprender y acrecentar la cultura, sino para seguir instrucciones en sus centros laborales.
Si los trabajadores determinan necesario el aprendizaje del inglés para su propio desarrollo y el de sus hijos, que se enseñe, pero nunca en detrimento de los intereses de quienes se levantan todos los días a laborar para dar de comer sus familias ni en contra de las comunidades y pueblos originarios. El aprendizaje de uno o varios idiomas tendría que estar orientado al desarrollo humano para conocer, comprender y aportar a otras culturas y no al servicio de los empresarios para explotarnos mejor.
Esto también requiere que los maestros de inglés cuestionen su papel, que son trabajadores y como tales se les quiere imponer -aprovechando la falta de empleo y los bajos salarios- la tarea de reproducir las bases de la cultura dominante, y en especial, las bases para la explotación en las grandes trasnacionales yanquis.
Pero no para que dejen de enseñar lo que enseñan sino para mostrar que se puede utilizar este idioma de forma distinta, para que sus alumnos crezcan intelectualmente. Es necesario que todos los maestros defiendan sus escuelas, sus conquistas laborales y que velen porque los centros educativos no se conviertan en fábricas de esclavos.
La enseñanza del inglés a marchas forzadas refleja que el gobierno de Enrique Peña Nieta se encuentra alineado al imperialismo estadounidense y a los grandes organismos internacionales, atacando los intereses de la población trabajadora con sus reformas. Pero esta situación no es una tragedia sin salida, la unidad del magisterio con el pueblo trabajador y los sindicatos -en primer lugar, los que se reclaman opositores-puede ponerle un alto, y es fundamental para echar abajo las reformas estructurales.