Con el Frente Amplio como principal grupo opositor al gobierno, el debate interno se ha concentrado en cómo articular una oposición que presente un proyecto alternativo al neoliberalismo, para esto el diálogo con la ex Nueva Mayoría pareciera ser una prioridad, aunque la temida parlamentarización aun no se aleja debido a la presión que suma las próximas elecciones municipales.

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile
Domingo 8 de julio de 2018
Se vienen tiempos complejos para el país, con un escenario económico que se tiñe de incertidumbre y la falsa promesa de los "tiempos mejores" Piñera logra avanzar con su agenda. Si bien hasta ahora la fragmentaria oposición ha acusado de "sequía legislativa" al ejecutivo, este ha podido implementar, sin sobresaltos, su itinerario.
Para lograr sus primeras victorias era necesario validarse frente a la opinión pública y para esto utilizó un discurso de "diálogos amplios" y "acuerdos nacionales" en los que sectores de la oposición estuvieron dispuestos a participar.
Pero desde la otra vereda, la absoluta falta de reacción, más allá de algunas declaraciones, hace parecer que la oposición estuviera desdibujada.
Los primeros intentos del Frente Amplio por marcar pauta resultaron por decirlo menos, decepcionantes. El fracaso en la acusación constitucional al ministro Santelices fue sin lugar a dudas un primer traspié para una fuerza política que viene recién llegando al parlamento, pero a este hecho se han sumado descoordinaciones de todo tipo, incluso varios roces internos han salido a la luz (como lo de la FECH).
Aunque seguramente el FA se encuentra haciendo un control de daños, aun no se puede tener certeza de cómo estas polémicas impactaran en la imagen pública que proyectan.
Esto último es de tremenda importancia para quienes han optado por levantar un trabajo político con centro en las elecciones y la posibilidad de optar a cargos públicos. Si hasta antes de las elecciones de noviembre el Frente Amplio había puesto en el centro la construcción de sus organizaciones y su inserción orgánica en lugares clave como el movimiento estudiantil, ahora la mayoría del trabajo político que estarían desarrollando se basa en el cálculo electoral y sus proyecciones.
Esto no quiere decir que dejarán de crecer en diferentes espacios "de base", así como los partidos tradicionales tampoco desaparecieron durante los 90 de federaciones estudiantiles, organizaciones sindicales o vecinales. Una visión así sería ingenua.
Pero la importancia de este cambio en la brújula estratégica pasa por el tipo de esfuerzos que están haciendo para articular una fuerza social que logre empujar los cambios que se están proponiendo.
Esto último tiene relevancia porque debe combinarse con la política parlamentaria que es finalmente desde donde el FA considera que pueden hacerse cambios reales y delinearse un proceso de salida del neoliberalismo.
Por eso las coordenadas políticas del proyecto concitan tanta atención. Si el Frente Amplio logra articular una fuerza social y electoral superior a la que la exConcertación tuvo durante los 90, no habría ninguna razón para acusar imposibilidad de avanzar sobre sus ideas.
El gran límite que se le presenta al Frente Amplio en su intento de articular la oposición, es su negativa a definir un proyecto político claro de cómo terminar con el neoliberalismo. Y esta negativa no es casual ni gratuita, incluso el PS de boletas truchas y acuerdos con SQM se define en sus principios como opuestos al neoliberalismo.
Entonces, presionado desde los juegos parlamentarios y desde lo social, el Frente Amplio aun no logra cuajar un proyecto común, la idea de la convergencia va en este último sentido.
Pero más allá de la retórica que adoptan algunos referentes del Frente Amplio, es válido preguntarse hasta donde están dispuestos a chocar con el modelo neoliberal para apostar a su transformación, incluso su sector más a la izquierda.
Todo este debate debe servir para clarificar quienes y desde dónde se pueden cambiar las cosas. Si basta con una fuerza electoral y parlamentaria, estaríamos repitiendo la experiencia que llevó al fracaso de lo que representó la Unidad Popular. Si pensamos que debemos combinar una fuerza electoral con movimientos sociales articulados, los margenes de la institucionalidad seguramente quedarán pequeños con el entramado legal que la derecha, los empresarios e incluso muchos exConcertacionistas construyeron durante la dictadura y años de democracia pactada.
El pensar una salida estratégica al neoliberalismo pasa por poner en el centro los sujetos sociales que pueden dar dicha salida. Para el Frente Amplio es el ciudadano de a pie, el profesional joven, el estudiante, el trabajador, la mujer, el pequeño empresario, etc. todos por igual. Pero cada uno de estos grupos presenta un proyecto social diferente, la idea de una suerte de "hegemonía compartida" por los sectores afectados por el neoliberalismo resulta una utopía cuando la contrastamos con la realidad.
Por eso salir del neoliberalismo implicará que algunos ganen y otros pierdan. Desde nuestra perspectiva creemos que si no se pone en el centro a la clase trabajadora y su potencial transformador, cualquier proyecto alternativo de sociedad es imposible de realizar, y esta posición no está dada por pura ideología, sino por cuestiones materiales. Sin las y los trabajadores ningún sistema económico existiría. Aun así, la fuerza de la clase trabajadora no se basta a sí misma para los cambios, para esto debe articularse junto a otros sectores oprimidos como estudiantes, pueblos originarios, etc. una alianza que bajo la conducción de la clase obrera pueda dar una salida real al neoliberalismo.
Construir un proyecto de esta envergadura no pasará por poner el centro en una fuerza electoral capaz de disputar más o menos escaños en el parlamento, cuestión que tampoco se trata de rechazar como un apriori, sino en el cómo dichos espacios pueden servir para constituir y fortalecer una fuerza social que pueda terminar con la explotación y la opresión, es decir, acabar con el capitalismo y avanzar en una sociedad socialista.