Asier es presidente del comité de empresa de Telepizza por el sindicato CGT en Zaragoza y militante de la CRT. Junto a sus compañeros y compañeras de las secciones de CGT Telepizza en Barcelona y Bizkaia, un ejemplo de lucha contra la precariedad laboral en esta multinacional de la comida rápida fue impulsor de la asamblea de jóvenes y trabajadorxs precarixs que hace pocos días reunió a más de 100 personas en una reunión virtual. Conversamos con él sobre la asamblea, la situación económica, el gobierno, los sindicatos y las perspectivas para el próximo período.

Diego Lotito @diegolotito
Miércoles 15 de julio de 2020
Manifestación durante la huelga de Telepizza Zaragoza en mayo de 2019.
Vienes de hacer una asamblea virtual de trabajadoras y trabajadores precarios ¿Cómo surge esta iniciativa?
Si, estamos muy contentos. Fue una muy buena asamblea que hicimos el pasado 26 de junio y en la que participaron alrededor de 100 compañeros y compañeras. En realidad, esta asamblea es continuidad de distintas iniciativas que hemos impulsado en los últimos años, desde el movimiento “Stop Precariedad” en 2014, pasando por el Encuentro estatal de secciones sindicales de CGT Telepizza que hicimos en 2016, desde el cual lanzamos una campaña contra la precariedad con el lema #ValemosMasQueEsto, hasta las huelgas de mayo y junio de 2019 exigiendo a la empresa el pago de la subida del SMI decretada por el gobierno del PSOE.
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En esas huelgas logramos algo muy importante que fue la solidaridad activa de los trabajadores de otras empresas como los Riders de Deliveroo y Glovo, de Papa Johns, Burger King, así como otros sindicatos, colectivos sociales y estudiantiles. Desde el punto de vista económico las huelgas fueron una victoria parcial, pero la gran conquista fue demostrar que es posible organizar a la juventud precaria y coordinarse con otros sectores desde abajo y para la lucha.
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Así que podemos decir que la iniciativa de la asamblea virtual y la idea de montar una red estatal de jóvenxs y trabajadorxs precarixs se inscribe en los esfuerzos que hemos hecho desde que formamos la sección por organizar a la juventud precaria, tanto en Telepizza como en otros sectores. Pero obviamente ha habido un cambio cualitativo: el estallido de la pandemia, las penurias que está sufriendo nuestra clase, en especial la juventud trabajadora, y la perspectiva de una nueva y más dura crisis económica plantean otro escenario. Por eso tenemos que redoblar los esfuerzos por organizarnos.
Siguiendo esto último que planteas, ¿Cómo ves que será la situación para la clase trabajadora en el marco de la pandemia y la crisis económica que viene?
Gran parte de los gobiernos, economistas y empresarios advierten que lo peor de la crisis post pandemia puede estar por llegar y que hay que prepararse. En realidad, la pandemia ha venido a agudizar tendencias que ya existían previamente e indicadores económicos que ya estaban empeorando. Nunca antes una generación joven y no tan joven de trabajadores habíamos visto un futuro tan oscuro.
Al igual que en la última crisis del 2008, quieren que esta crisis la acabemos pagando los trabajadores y sobre todo la juventud, con paro y un aumento de la precariedad nunca visto.
El presidente de Mercadona, Juan Roig, dijo hace poco que “si antes hubo tiempos difíciles ahora vamos a vivir tiempos muy, muy difíciles”. Tiene razón. Pero está claro que no es él precisamente (ni el resto de los capitalistas) quien está sufriendo las consecuencias de la crisis sanitaria y económica. Al igual que en la última crisis del 2008, quieren que esta crisis la acabemos pagando los trabajadores y sobre todo la juventud, con paro y un aumento de la precariedad nunca visto. Pero en un nivel muy superior. Porque hay una crisis sanitaria en la que es justamente la población trabajadora la que tiene más probabilidades de infectarse y morir sin ningún tipo de asistencia.
Vosotros en Telepizza, como muchísimos trabajadores, habéis pasado una situación difícil…
Sí, en Telepizza vivimos en carne propia permanentemente la precariedad y los abusos de la patronal, pero en estos meses lo hemos sufrido muchísimo más. Incluso la empresa llegó a perseguirnos y suspender compañeros por exigir medidas de prevención contra el coronavirus. En respuesta a este ataque fuimos a la huelga y la patronal tuvo que retroceder. Pero éste es solo un pequeño ejemplo, porque esta situación es la que viven millones de trabajadores y trabajadoras.
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Hace pocos días junto a Oscar Reina, secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), portavoces de Las Kellys, compañeras de Territorio Doméstico y Sedoac, Daouda Dieye del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona, así como reconocidas activistas feministas como la andaluza Pastora Filigrana y la vasca Jule Goicoetxea, adherí a la declaración impulsada por Izquierda Diario con el título “Las vidas precarias y migrantes importan”, para denunciar las condiciones de explotación, hacinamiento e insalubridad de miles de centros de trabajo y residenciales que están detrás de los rebrotes de la Covid-19.
Creo que este pronunciamiento, que tuvo repercusión en el resto de la prensa, ha sido muy importante porque denuncia algo que nadie dice: la campaña mediática que viene habiendo para demonizar a los trabajadores, en especial a los migrantes, de los rebrotes de Covid-19, y junto con ello la complicidad de los diferentes gobiernos con las patronales superexplotadoras que son los verdaderos responsables de esta situación.
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Además, la declaración pide la paralización de las actividades en todas las empresas que incumplan las medidas de prevención elementales y el mantenimiento de todos los puestos de trabajo y jornales hasta que éstas sean resueltas y el fin de las condiciones de trabajo precarias y la derogación de las reformas laborales”, entre otras medidas como que se garanticen viviendas dignas para todas aquellas personas migrantes o sin recursos que lo necesiten, etc. Reitero, nadie denuncia esto, por eso ha sido un pronunciamiento sumamente relevante.
Y mientras tanto la patronal llora porque dice que está en crisis y piden más “ayudas” para sostener sus ganancias…
Es indignante. Hace unas semanas se hizo una cumbre de la CEOE, a la que también acudió el Rey, en la que los grandes magnates de España (entre ellos Roig, Botín, etc.) se juntaron para llorar lágrimas de cocodrilo y hablar de su “terrible” situación y decirle al Gobierno qué medidas había que tomar para “salvar la economía”. Con toda su jeta exigieron que se mantuviesen las reformas laborales del PP y el PSOE, que se rebajasen los costes salariales, que se establezcan mayores mecanismos de flexibilidad laboral, y por supuesto que el Gobierno les siguiera dando dinero con aval público y que los ERTEs los siguieran pagando las arcas públicas hasta septiembre. Y, por si fuera poco, exigieron también que se les bajaran los impuestos a las empresas y los ricos.
El Gobierno del PSOE y Unidas Podemos lo que ha hecho es mandar un mensaje claro a los poderes económicos y europeos de que no se va a tocar un solo euro de los capitalistas.
¡Hay que ser jetas! Al calor de la pandemia los 23 milmillonarios super ricos de España aumentaron en 19.200 millones de euros su riqueza. Uno de ellos es precisamente el presidente de Mercadona y su esposa, que es la séptima persona más rica de España y su fortuna aumentó en más de 300 millones de euros; otro es Amancio Ortega, dueño de Inditex y Zara, que aumentó el 17% su patrimonio, es decir 8 mil millones. O el dueño de las cadenas de Hoteles Iberoestar, Miguel Fluxa, que su fortuna se disparó un 50%, o Florentino Pérez un 41%.
En verdad es obsceno. El 10% de los super ricos españoles acumula el 57% de la riqueza personal de todo España, mientras Oxfam denuncia que la pobreza aumentará a más de 10 millones de personas, las colas del hambre ya han aumentado un 77%, hay casi 4 millones de parados y se espera que esa cifra aumente con nuevos despidos cuando se terminen los ERTEs sostenidos por el Estado.
La pregunta inevitable es, ¿Qué hace ante esta situación el Gobierno “más progresista de la historia”?
Pues el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos lo que ha hecho es mandar un mensaje claro a los poderes económicos y europeos de que no se va a tocar un solo euro de los capitalistas. Al contrario, ya ha otorgado la prórroga del sostenimiento de los ERTEs hasta septiembre, ha dicho que no piensa tocar la reforma laboral ni siquiera en sus aspectos más lesivos, ni tampoco aumentar el impuesto a los ricos. Y no sólo eso, los 200 mil millones de euros de dinero público para “salvarnos” es en realidad un mega salvataje a los empresarios y la banca, sin que ellos aporten ni un duro.
Ya el Banco de España ha planteado que el Gobierno va a tener que hacer recortes públicos para compensar el salvataje a los bancos y grandes empresas. A esto se le suma que el Gobierno, además de la extensión de los ERTEs hasta septiembre, ha firmado con la patronal la exoneración de las cotizaciones sociales de las grandes empresas y la flexibilización unilateral de las jornadas de trabajo, como ya hizo el PP en 2012.
Pero hay mucha gente que dice que “si estuviera la derecha sería peor…”
En general no es recomendable hacer lecturas contra fácticas, pero es muy posible que, si hubiera un gobierno del PP y Cs, o un “trifachito” con Vox, algunas medidas no se hubieran tomado, o hubiesen sido diferentes, más abiertamente procapitalistas. O en el terreno sanitario puede que hubieran respondido más rápido a las demandas reaccionarias de sectores de la burguesía y las Pymes, que presionaban por abrir negocios y lugares de trabajo, sin protección adecuada, solo para defender sus ganancias. Pero creo que en lo esencial el programa hubiera sido el mismo. No nos olvidemos que el PSOE, ahora socio estratégico de Unidas Podemos, es junto al PP el principal responsable de las contrarreformas laborales, los contratos basura, la flexibilidad laboral y los ataques contra la clase obrera desde los 80.
Los que siguen diciendo que la participación de Podemos e Izquierda Unida en el gobierno con el PSOE es una garantía de que se tomen medidas progresistas deberían reconocer su impostura.
Además, las medidas que ha tomado el Gobierno, que como he dicho antes fueron fundamentalmente para salvar las ganancias capitalistas, no son producto de que sean especialmente progresistas. En Europa gobiernos de derecha como el de Macron, o de centro como el de Conte, han tomado medidas similares, o también Trump en EEUU. En Italia incluso se han regularizado a los migrantes sin papeles, porque necesitan más mano de obra en el campo. Lo que sucede es que las instituciones de la UE y los Estados europeos buscan descargar la crisis sobre las mayorías populares, como siempre, pero lo hacen tomando medidas que en lo inmediato sirven para contener una situación que es potencialmente explosiva. Ahora, dentro de pocos meses, todas estas medidas las vamos a pagar nosotros con más paro y más precariedad, especialmente los más precarios, la juventud, las mujeres y los inmigrantes.
Por eso los que siguen diciendo que la participación de Podemos e Izquierda Unida en el gobierno con el PSOE es una garantía de que se tomen medidas progresistas deberían reconocer su impostura. Como la socialdemocracia durante cada crisis importante de todo el siglo XX, lo que está haciendo el neorreformismo es jugar el triste papel de ser los “médicos de cabecera del capital”, sólo que en una versión cutre y sin ningún peso orgánico en el movimiento obrero.
De un modo distorsionado, como siempre sucede con las elecciones -y aún más en dos naciones históricas con un fuerte peso del soberanismo de izquierda-, el resultado de las elecciones en Galiza y Euskadi, en las que Podemos e Izquierda Unida se han hundido, dan cuenta de que sectores cada vez más amplios comienzan a percibir el descalabro completo del último capítulo de la “nueva izquierda”.
Antes mencionabas la falta de “peso orgánico” del neorreformismo en el movimiento obrero, lo cual es exactamente así, pero no podemos olvidarnos de los sindicatos. ¿Cuál es tu evaluación del papel de las direcciones sindicales en esta crisis?
Al inicio de la asamblea virtual dije que la pandemia ha demostrado ante las masas dos cuestiones fundamentales: en primer lugar, que el capitalismo nos lleva a cada vez mayores crisis y catástrofes, ya no sólo económicas, también ecológicas y ahora sanitarias, con pandemias y enfermedades nunca vistas. Pero también ha demostrado -por si hacía falta demostrarlo-, que sin la clase trabajadora (sin las obreras agrícolas inmigrantes, sin los trabajadores de las agroalimentarias y la distribución, sin los trabajadores del transporte, la logística, sin las trabajadoras y trabajadores sanitarios) no se mueve el mundo.
La burocracia sindical es esencialmente una correa de transmisión de los intereses y la ideología de los capitalistas dentro de nuestras filas.
El problema es que esa potencia social objetiva que representa la clase obrera, no sólo en el Estado español sino en todo el mundo, no es un elemento consciente, o sea, no es percibida subjetivamente como una fortaleza que permita cambiar la relación de fuerzas. Naturalmente hay muchos agentes que se encargan de que esto no suceda, desde los propios capitalistas, sus gobiernos, sus medios de comunicación. Pero sobre todo son las burocracias sindicales de todo pelaje las que impiden que la clase trabajadora logre una autopercepción de su fuerza.
Esto es así porque, si bien los sindicatos pueden expresar tal o cual interés corporativo de algunos sectores del movimiento obrero, generalmente los más acomodados y conservadores, la burocracia sindical es esencialmente una correa de transmisión de los intereses y la ideología de los capitalistas dentro de nuestras filas.
En un artículo muy bueno de León Trotsky polemizando con los sindicalistas revolucionarios franceses, dice en relación al Reino Unido que “si no fuera por la burocracia sindical, la policía, el ejército, los tribunales, los lores, la monarquía, aparecerían ante los ojos de las masas proletarias como lamentables y ridículos juguetes. La burocracia sindical es la columna vertebral del imperialismo británico.” [1]. Cambiemos a Inglaterra por el Estado español y la cita aplicaría igualmente de un modo perfecto: la burocracia sindical española es la columna vertebral del imperialismo español y el Régimen del 78. Sin ellos no podría explicarse que un Régimen en crisis permanente como el español se siga sosteniendo.
No olvidemos que la dirección de CCOO, entonces hegemonizada por el PCE, fue un agente clave de la Transición y la consolidación del Régimen. Sin su rol de contención hubiera sido imposible desactivar la calle y detener el ascenso obrero que se desató en enero de 1976, bloqueando las experiencias de coordinación obrera que comenzaban a darse y evitando que los cientos de huelgas de empresa, sector o comarca se transformaran en una gran huelga general que tumbase la Dictadura por la vía revolucionaria.
Desde el comienzo de la crisis las burocracias de los sindicatos llamados “mayoritarios”, CCOO y UGT, lo único que han hecho es negociar con el Gobierno y los empresarios el salvataje a las grandes empresas.
Lo que le siguió a eso fue actuar como verdaderos aliados de las patronales en la construcción del “milagro español” durante los distintos gobiernos del PSOE y el PP. Un milagro sostenido en la imposición de contrarreformas laborales que dieron vía libre a la flexibilización laboral, la polivalencia, las ETTs. Por eso no es que las direcciones sindicales mayoritarias se niegan ahora a organizar a las y los trabajadores precarios, es que tanto CCOO como UGT han sido los máximos responsables en avalar el proceso de precarización y flexibilización del trabajo durante las últimas décadas. Y lo siguen siendo, negándose a luchar contra los atropellos de las patronales, dividiendo nuestras luchas y nuestras propias filas, aceptando que prevalezca un sistema dual de trabajo entre fijos y temporales, en contrata o subcontrata, en nativos o extranjeros.
Desde el comienzo de la crisis las burocracias de los sindicatos llamados “mayoritarios”, CCOO y UGT, lo único que han hecho es negociar con el Gobierno y los empresarios el salvataje a las grandes empresas, mientras a la clase trabajadora se nos ofrecen ridículos parches que no buscan acabar con la precariedad, sino como decía hace poco Ana Botín, la presidenta del Banco Santander, “evitar un colapso social”. Y es que justamente los burócratas atornillados a los sillones de los sindicatos tienen pánico de que las y los jóvenes precarios sean los protagonistas de una rebelión social.
Por el contrario, nosotros no queremos negociar la precariedad laboral con nadie, queremos acabar con ella. Y eso sólo puede ser posible recuperando los Comités de Empresa y las secciones sindicales de manos de la burocracia sindical para ponerlos al servicio de la lucha de clases y el desarrollo de la autoorganización de las y los trabajadores para preparar las luchas que vienen, rompiendo con el corporativismo que nos imponen desde arriba, haciendo de cada pequeño conflicto un gran combate de clase.
En este terreno, ¿Cuál es el rol de los sindicatos que se reivindican combativos, como el caso de CGT? ¿Hay una alternativa de la llamada “izquierda sindical” frente a las burocracias de CCOO y UGT?
Una virtud de los distintos sindicatos de la llamada “izquierda sindical” es que, a diferencia de las direcciones de CCOO y UGT que como decía antes son verdaderos pilares del régimen político, en términos generales, han buscado mantener independencia en relación a los distintos gobiernos -aunque en esto no todos se han ubicado del mismo modo-, se han opuesto a las negociaciones de EREs y ERTEs con las patronales y al menos discursivamente han promovido una perspectiva de lucha contra la “paz social”. Sin embargo, entre los dichos y los hechos hay muchas instancias.
En la izquierda sindical, más allá del discurso, muchas veces se reproducen los mismos mecanismos burocráticos que los sindicatos mayoritarios.
Por ejemplo, más allá de algunas críticas parciales, lo que veo es que no hay ni siquiera una declaración de impugnación al Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, y sigue habiendo una lógica de “peticiones”, “cartas” y “buenrollismo” con el Gobierno que ha sido y es uno de los principales ajustadores contra la clase obrera, con Unidas Podemos dentro cubriendo con un barniz de “izquierda” lo que hacen los social liberales del PSOE. Esto para mi evidencia un problema profundo. Porque lo que no puede hacer la izquierda sindical es estar a la espera o crear ilusiones entre los trabajadores y trabajadoras de que este Gobierno va a resolver los problemas estructurales de la clase obrera y la juventud precaria, y sobre todo con la que se nos viene encima. Por el contrario, la lógica tiene que ser la de desenmascarar a este “gobierno progresista” en cada uno de sus movimientos y crear las condiciones para movilización y la lucha de las fuerzas sociales de la clase obrera como única garantía contra este gobierno y el régimen, para dar una salida a esta crisis. No solo con un plan que busque la acción común con el resto de la izquierda sindical, sino también de denuncia y exigencias a la burocracia sindical, para salir a luchar, como parte de una estrategia de transformar las luchas de avanzada, los principales conflictos y huelgas, en puntas de lanzas de una lucha generalizada.
En este sentido, en realidad, en la izquierda sindical, más allá del discurso, muchas veces se reproducen los mismos mecanismos burocráticos que los sindicatos mayoritarios. Veamos por poner un ejemplo el conflicto de Nissan en Barcelona contra el cierre. Desde la sección sindical de CGT Telepizza publicamos una declaración en la que denunciábamos el chantaje y las amenazas de la patronal, nos solidarizamos con la huelga y apostamos por la defensa de todos los puestos de trabajo defendiendo la perspectiva de la ocupación y el control obrero, como nos mostró el ejemplo de la cerámica Zanon en Argentina, con la cual desde CGT nos hemos solidarizado tantas veces.
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CGT Catalunya se ha pronunciado a favor del programa de nacionalización y gestión obrera de la fábrica. Pero un programa que no tenga estrategia, es decir un plan de combate, no deja de ser un documento diplomático. Y un plan de combate en Nissan no puede conquistarse sin derrotar el plan que tienen las direcciones burocráticas del Comité de Empresa, que lo único que han hecho es dejar pasar el tiempo, mantener una línea divisoria entre los trabajadores de Nissan y las subcontratas, hasta llevar el conflicto a un callejón sin salida y a la cual la sección de CGT viene adaptándose completamente en una “unidad” sin crítica, sin pelear por un plan alternativo frente a la mayoría del comité de empresa.
Para que surja una verdadera alternativa a las burocracias mayoritarias de CCOO y UGT lo que hay que conquistar son sindicatos militantes.
Por eso, respondiendo a tu pregunta, para que surja una verdadera alternativa a las burocracias mayoritarias de CCOO y UGT lo que hay que conquistar son sindicatos militantes, en los que las asambleas de base y la participación obrera sean la savia vital que les den fundamento, que sean instrumentos para la lucha de clases y no para la negociación permanente y que levanten un programa de independencia de clase que enfrente a los capitalistas.
Volviendo al ejemplo de Nissan, esto requeriría que desde las secciones sindicales de la CGT en Nissan y las subcontratas se peleara por asambleas de base, democráticas y coordinadas, para discutir el programa de la lucha y los pasos a seguir, además de movilizar el conjunto del sindicato para rodear de solidaridad un conflicto que puede marcar en una dirección o en otra lo que ocurra en los próximos meses. Y no solo eso, pensando lo que te comentaba antes, por ejemplo, la lucha de Nissan podría servir como punta de lanza para llamar a la coordinación estatal con otros conflictos igual de movilizadores como los de Alcoa, la huelga de los médicos residentes, las limpiadoras del Gregorio Marañón, las cajeras y reponedores de LIDL, Airbus, etc., llamando a la juventud precaria (que está pagando la crisis y es la que está menos organizada) a organizarse, apoyar y participar con sus propias reivindicaciones a este tipo de coordinación, que tenga la perspectiva de imponer un programa para que la crisis no la paguemos la clase obrera.
Ahora bien, esto no se puede hacer sólo desde pequeños sindicatos aislados. La división que existe en la izquierda sindical es pasmosa, y muchas veces se debe a peleas cainitas por cuestiones burocráticas o de cartel, no por diferencias de programa o estrategia para la lucha. Por eso nosotros siempre hemos planteado que la izquierda sindical tiene unirse detrás de un programa para poner en pie una verdadera organización de masas de la clase trabajadora.
Pero al mismo tiempo los sindicatos mayoritarios existen y hay que tener política hacia ellos. El nivel de sindicalización en el Estado español es bajísimo en comparación con otros países, debe estar alrededor del 10 o 12%. Pero en CCOO y UGT se agrupan por lo menos 1 millón y medio de trabajadores y trabajadoras. Una política de clase tiene que buscar la unidad con esos sectores y esto no puede lograrse si solo se denuncia a las direcciones burocráticas. En ocasiones también hay que exigir la unidad para la lucha.
No basta con la unidad de acción cuando los burócratas muestran alguna disposición a luchar. Al mismo tiempo hay que impulsar organismos de frente único de los trabajadores en lucha.
Es decir, una política opuesta tanto a la adaptación oportunista a las direcciones burocráticas, como a la variante sectaria “alternativista”, que en los hechos impide todo diálogo con la base de los grandes sindicatos. Porque el objetivo tiene que ser pelearles la base obrera a las direcciones burocráticas.
Pero incluso hay que ir más allá, porque como decía la realidad es que las organizaciones sindicales solo representan a un pequeño sector de la clase trabajadora. Por eso no basta con la unidad de acción cuando los burócratas muestran alguna disposición a luchar. Al mismo tiempo hay que impulsar organismos de frente único de los trabajadores en lucha (como coordinadoras o interasambleas), que agrupen y coordinen a todos los sectores que enfrentan los recortes y ataques de las patronales. Este tipo de organizaciones son fundamentales para la defensa frente a los ataques, pero en perspectiva también para pasar a la ofensiva cuando cambie la relación de fuerzas.
En general la amplia mayoría de los sindicatos se oponen a impulsar este tipo de organismos. Para nosotros, al contrario, este es el espíritu de la red de jóvenes y trabajadorxs precarixs que queremos impulsar.
Volviendo a la asamblea de precarixs, ¿Cómo ha sido la participación? ¿Habéis tomado resoluciones hacia el futuro?
Creo que lo mejor de la asamblea fue justamente la participación. Hubo muchísimas intervenciones de compañeras y compañeros de hostelería, comercio, servicios, telemarketing, del Sindicato de Vendedores Ambulantes de Barcelona (topmanta), dependientes de tiendas, monitores de comedor y tiempo libre, docentes, doctorandos, PAS. Y una de las cosas más destacadas, la participación de compañeras que han estado en primera línea en la lucha contra el Covid-19 como dos trabajadoras de limpieza del Hospital Gregorio Marañón de Madrid que están luchando contra el intento de privatizar el servicio, o un compañero médico residente de la sanidad madrileña que acaban de salir a la huelga exigiendo tener iguales derechos que el resto de personal sanitario.
Creo que la idea fuerza que surgió de la reunión es que tenemos que construir un gran movimiento de miles y miles de precarios y precarias, que se organice desde abajo, independientemente de si están o no organizados en un sindicato.
En la asamblea se tomaron varias resoluciones, como formar las redes sociales, montar grupos locales para ir estructurando la red, apoyar todas las luchas como las de Nissan o lo sanitarios, participar en las acciones antirracistas que tengan lugar, hacer campañas virtuales, etc. Y junto con ello también se esbozó un programa de lucha que surgió naturalmente a partir de las distintas intervenciones: acabar con la precariedad, contra la privatización de la sanidad y los servicios públicos, contra las externalizaciones, impuestos a las grandes fortunas, aumento salarial, acabar con los falsos autónomos, tirar abajo la reforma laboral y las leyes racistas, regularización ya, así como acabar con todas las divisiones que quieren imponer a la clase trabajadora, contra la burocracia sindical y por la autoorganización, luchar por las reivindicaciones de la mujer trabajadora y los derechos de las personas LGTBI y el racismo en los centros de trabajo, etc. Se resolvió que una comisión va a transformar estas ideas en una declaración de principios que se pueda terminar de aprobar en una nueva asamblea a la vuelta del verano.
Si tuviera que sintetizarlo, creo que la idea fuerza que surgió de la reunión es que tenemos que construir un gran movimiento de miles y miles de precarios y precarias, que se organice desde abajo, desde los centros de trabajo, independientemente de si están o no organizados en un sindicato, o que se pertenezca a uno u a otro. Lo que queremos es dar voz a los miles que estamos hartos de trabajos y sueldos de mierda y que queremos decir ¡basta! y hacernos oír.
Y para lograr ese objetivo creo que hay que construir un movimiento que rompa con dos tipos de inercias: por un lado, la del control burocrático de los sindicatos, y aquí me refiero no sólo a los mayoritarios sino también a la “izquierda sindical”, que imponen la división de nuestras filas por reivindicaciones corporativas, siglas o incluso linajes ideológicos; por el otro, la de las plataformas que reúnen muchas siglas, pero casi no reúnen trabajadores y trabajadoras.
Hay que unir por abajo lo que se divide por arriba, construyendo un movimiento que sea antiburocrático y promueva la autoorganización en forma independiente de los gobiernos de turno y los partidos patronales. En definitiva, un movimiento que al fin sea “la chispa que encienda la pradera”.
¿Cuál es la perspectiva para los próximos meses?
En septiembre queremos hacer una nueva asamblea que termine de poner en pie la red, a la que se sumen más colectivos y sobre todo compañeras y compañeros de todos los lugares de trabajo que podamos. Tenemos confianza en que el movimiento va a crecer y que podemos organizarnos cientos de compañeros y compañeras en todo el Estado, porque la precariedad no es una excepción española sino un fenómeno internacional contra el cual la juventud trabajadora se va a rebelar más temprano que tarde.
Aunque en el Estado español todavía haya pasividad, tenemos que prepararnos para que la lucha de clases se agudice, porque esta posibilidad está inscrita en la dinámica de la situación.
De hecho, meses atrás ya hemos visto como los trabajadores más precarios y jóvenes salieron a luchar en Chile o en Francia con los “chalecos amarillos”, como expresión de un nuevo ciclo de la lucha de clases después de las protestas de los indignados en 2011. En Argentina la juventud precaria se está organizando y protagoniza acciones de miles que salen a las calles por sus demandas. Y ahora, por ejemplo, también se expresa en la lucha contra el abuso policial contra los negros en EEUU, que representa precisamente el sector más explotado y precario de la clase obrera norteamericana.
Aunque en el Estado español todavía haya pasividad, tenemos que prepararnos para que la lucha de clases se agudice, porque esta posibilidad está inscrita en la dinámica de la situación. Lo que quiero decir es que la política de los capitalistas y los gobiernos de descargar esta crisis nuevamente sobre nuestras espaldas aún no se ha manifestado en toda su amplitud. Como decíamos antes, lo peor está por venir. Pero no será sin respuesta, sin huelgas, luchas duras y proceso de organización obrera.
Esto nos exige organizarnos para la lucha y también pensar cuál es salida política. Hace muchos años Lenin definió a las huelgas obreras como “escuelas de guerra” [2], porque en ellas los trabajadores rompen con la rutina, hacen una experiencia con los capitalistas, con su policía, con los burócratas sindicales, etc., y en ese proceso se hacen conscientes de su propia fuerza. Pero si bien las huelgas para Lenin, eran “escuelas de guerra”, no eran “la guerra misma” [3]. Con esto quería decir que con la lucha sindical no es suficiente, que hay que prepararse para “la guerra”, para una lucha política “más amplia” contra el estado y sus políticos capitalistas.
Por eso el debate sobre cómo se organiza la clase trabajadoras y la juventud precaria para los combates que vienen no puede quedarse solo en el terreno sindical. Hay que incorporar esta dimensión estratégica, para discutir qué programa y qué perspectiva política independiente necesitamos para que no seamos, una vez más, los que paguemos la crisis.
[1] León Trotsky, “Los errores fundamentales del sindicalismo” (enero de 1930)
[2] “Las huelgas infunden… espanto a los capitalistas porque comienzan a hacer vacilar su dominio. ‘Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere tu brazo vigoroso’, dice sobre la clase obrera una canción de los obreros alemanes. En efecto: las fábricas, las fincas de los terratenientes, las máquinas, los ferrocarriles, etc., etc., etc., son, por decirlo así, ruedas de un enorme mecanismo: este mecanismo suministra distintos productos, los elabora, los distribuye adonde es menester. Todo este mecanismo lo mueve el obrero, que cultiva la tierra, extrae el mineral, elabora las mercancías en las fábricas, construye casas, talleres y líneas férreas. Cuando los obreros se niegan a trabajar, todo este mecanismo amenaza con paralizarse. Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros…”. Lenin, V. I, “Sobre las huelgas” (1899).
[3] “[Son] una ‘escuela de guerra’, pero no la guerra misma; sólo son uno de los medios de lucha, una de las formas del movimiento obrero. De las huelgas aisladas los obreros pueden y deben pasar… en todos los países, a la lucha de toda la clase obrera por la emancipación de todos los trabajadores” (ídem).

Diego Lotito
Nació en la provincia del Neuquén, Argentina, en 1978. Es periodista y editor de la sección política en Izquierda Diario. Coautor de Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969). Actualmente reside en Madrid y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.