Trabajo haciendo el seguimiento telefónico de pacientes covid-19 positivos. En uno de los tantos llamados hablé con Mirta, una jubilada de 72 años. Ella y su marido de 76 años hace 3 días que están sin agua y aislados solos en su casa del barrio de monoblocks "20 de Junio" de Isidro Casanova.

Franco "Paco" Capone Residente de Medicina general - Hospital Penna. Agrupación Marrón.
Viernes 4 de septiembre de 2020 19:55
Le pregunté como al resto de los pacientes cómo se sentía el dia de hoy, y me comentó que en lo que respecta a la infección por el virus mucho mejor, pero que están teniendo problemas con el agua. “El problemita que estamos teniendo ahora aparte del coronavirus, es que no tenemos agua. Hace 3 días nos mantenemos a té y tratamos de evitar las comidas así no tenemos que ir al baño. Aparte estamos aislados y dependemos de un vecino para que nos traigan un bidón. AySA nunca nos llamó, llamamos nosotros y no nos atienden el teléfono” cuenta Mirta.
Es sabido que la infección por Covid afecta principalmente a las personas de la tercera edad, que son los que a su vez cobran una miseria de jubilación con la cual muchas veces tiene que elegir, si comen carne o pagan los servicios, el alquiler, o los medicamentos. En ese contexto, obligarlos a incurrir en un gasto extra de agua es criminal: “compramos un bidón de 20 litros y lo estiramos todo lo posible, apenas tomamos una taza de té” agrega.
Este no es un caso aislado, la situación como era de esperarse involucra a muchos más vecinos, algunos de edades avanzadas: “hay un abuelito de 80 años que vive solito desesperado por el agua, hay otra abuela de enfrente con 90 años". Esto pasó también en el Barrio Las Casitas de González Catán, en el Barrio Puerta de Hierro, en la Villa Itatí, de un lado y otro de la General Paz. Algunas semanas atrás en la en la villa 1-11-14 y en la Villa 31 de CABA los vecinos reclamaron por la falta de agua para realizar una cuarentena adecuada e higiénica mientras Larreta y Galmarini (titular de AySA) se pasaban la pelota.
Siempre es lo mismo, atacan a los sectores más vulnerables, le roban a los jubilados de sus bolsillos como ya pasó dos veces en lo que va del mandato de Alberto Fernández, una en el mes de mayo y la otra en agosto. Pagan la fiesta de los empresarios, de los amigos de Macri, de los Caputto; con la plata de los jubilados financian jugosos subsidios para las empresas privatizadas como AySA, como Techint, y como tantas otras.
No alcanzan las palabras para expresar el odio y la bronca. Puede que de chicos hayan visto Robin Hood, pero queda claro que lo interpretaron como Hood Robin: se la sacan a nuestros jubilados y se la dan a los buitres y al FMI, o a la yuta asesina que día a día persigue a los pibes de los barrios, incluso torturándolos y desapareciéndolos.
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Se necesita más recursos para salud, educación, agua y cloacas, no para reforzar a la yuta, a la que hoy Alberto Fernández con algunos intendentes anunciaron que se destinarán 10.000 millones de pesos para represión en el conurbano.
Si no hay agua para nuestros abuelos, que no haya paz para los ricos
El acceso a los servicios básicos no puede ser un privilegio, debe ser un derecho. Tienen que ser declarados públicos y gratuitos para terminar de una vez por todas con los miserables que, de un derecho universal como el acceso al agua, hacen un negocio redondo. En pleno siglo XXI donde sobrevuelan drones y hay un inmenso avance en la ciencia y la tecnología, en Argentina hay 7 millones de personas que no tienen acceso al agua potable.
Los diputados del Frente de Izquierda plantean que todo el sistema energético y de servicios (desde la generación hasta la distribución) sea nacionalizado, mediante expropiación sin ningún tipo de indemnización a los actuales concesionarios. Junto a eso es necesaria la conformación de una empresa estatal única que esté gestionada por sus trabajadores y controlada por los usuarios para que asegure todas las etapas de la prestación.