En el Estadio Diego Armando Maradona de La Plata, la vicepresidenta dio un discurso casi de campaña. Habló como si no fuera parte del Gobierno que aplica el durísimo ajuste del FMI. Defendió las políticas extractivistas y justificó los recortes actuales como un resultado impuesto por la herencia dejada por Macri.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Larisa Pérez Abogada @Larisaperez_
Jueves 17 de noviembre de 2022 21:15

Este jueves por la tarde, en el Estadio Diego Armando Maradona de La Plata, Cristina Kirchner encabezó un acto. Fue la única oradora frente a una cancha colmada por la militancia peronista y kirchnerista. El acto tuvo lugar en el marco de un nuevo aniversario del Día de la Militancia, que recuerda la vuelta de General Perón, a finales de 1972.
En su discurso, que duró poco más de una hora, se refirió a multiplicidad de temas. Destacó, sin embargo, el enfoque destinado a tratar el tema de la mal llamada "inseguridad". La vicepresidenta, a tono con discursos políticamente reaccionarios, pidió reforzar con miles de gendarmes las calles de la provincia de Buenos Aires y, en particular, de las grandes ciudades. Además, reivindicó la política extractivista, ilustrada con el ejemplo de Vaca Muerta. También defendió una concepción acerca de la democracia capitalista marcada por la más completa resignación. Lo hizo afirmando que "es cierto que con la democracia no se pudo ni comer, ni curar, ni educar, pero sí se puede vivir. Porque para educarse, comer o trabajar primero hay que estar vivo, compatriotas".
Consensos con la oposición de derecha
La vicepresidenta mantuvo un tono de conciliación, aclarando constantemente que nada de lo que decía era un “reproche”; reforzando la idea de que es necesario forjar "un consenso democrático" y un "consenso sobre temas económicos" con la oposición patronal. Entre otras cosas, afirmó que "es necesario acordar políticas, los condicionamientos son tan profundos que van a requerir que todos los argentinos tiremos para el mismo lado. Sino el país será difícil para cualquiera”.
En otro pasaje de su discurso, señaló que “los argentinos debemos incorporar al debate el tema seguridad”. Agregó, de inmediato que las “Fuerzas de Seguridad son una parte de la solución”. Reivindicando el Operativo Centinela -ocurrido durante su gobierno, en 2011- indagó: “¿Por qué no podemos hacer lo mismo, desplegar miles de gendarmes en Provincia de Buenos Aires, en vez de tenerlos en la Patagonia, nadie sabe haciendo qué?”. La vicepresidenta omite que la Gendarmería es tan responsable de casos de gatillo fácil como muchas policías provinciales. Esa fuerza, además, fue parte de las represiones brutales a distintos reclamos de trabajadores; como en Lear (2014), donde también se criminalizó la protesta social y se hizo espionaje a las organizaciones políticas.
Indicó, además, que “el gran acuerdo que debe haber entre todos los partidos es que las Fuerzas de Seguridad deben responder al poder político”. Esto lo señaló como si muchas acciones represivas -como la que hemos mencionado- no fueran resultado de decisiones políticas. Un ejemplo que se puede extender al accionar de las mismas fuerzas federales bajo la gestión de Patricia Bullrich, cuando Gendarmería fue responsable de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado. Ejemplos que, llegando al Gobierno del Frente de Todos donde se llevaron a cabo represiones contra familias pobres -Guernica, bajo conducción directa de Sergio Berni- o contra pueblos originarios, como la comunidad mapuche en Villa Mascardi.
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Extractivismo y ajuste
En su discurso, también afirmó que “la Argentina que recibimos en el 2001 es muy diferente a la que dejamos en el 2015, allí empezó un tobogán del cual no salimos”. Esto, que constituyó una nueva reivindicación de los gobiernos kirchneristas, fue, al mismo tiempo, un intento de despegarse del Gobierno actual y las políticas de ajuste que impulsa el Frente de Todos en conjunto.
Este mismo miércoles, el Senado que ella preside le dio la aprobación al Presupuesto 2023, escrito por Sergio Massa bajo las órdenes del FMI. Al respecto de este tema se limitó a decir,, de forma vaga, que “hay que explicarle” a la sociedad “que muchas veces se han tenido que tomar decisiones por el condicionamiento brutal que recibió el gobierno después por el Fondo Monetario a la Argentina”. En esta parte, volvió a reiterar que la mención al endeudamiento “no era un reproche”, ya que el objetivo era remarcar “la necesidad de acordar políticas”, en lo que solo puede ser leído como un mensaje directo a la oposición de derecha.
Como lo hizo en anteriores discursos, Cristina Kirchner también se ubicó como eventual garante de los grandes negocios que podrían ofrecer al país las políticas extractivistas. “¿Vamos a discutir en serio un modelo sustentable política y socialmente? Va a ser necesario que lo hagamos. Esta época de la pospandemia viene fulera, con grandes problemas geopolíticas, sobre las que no podemos decidir. Fortalezcámonos para defender los recursos naturales: litio, Vaca Muerta, el agua, la hidrovía. Necesitamos discutir estas cosas en lugar del agravio permanente”, señaló. Sin embargo, en este terreno, como lo denuncia el Frente de Izquierda, existe un efectivo “consenso extractivista” del gran capital, que abarca desde el FMI y las grandes petroleras, pasando por todas las alas de Juntos por el Cambio, hasta la enorme mayoría del Frente de Todos.
Contra el Partido Judicial
A tono con lo que viene sosteniendo, la vicepresidenta hizo una dura crítica al Poder Judicial. Mencionó los mecanismos utilizados en distintos países latinoamericanos para perseguir políticamente a Gobiernos que levantan un discurso progresista. Señaló que, luego de la crisis del Partido militar, “se creó otro dispositivo, en toda la región, el Partido Judicial. En el año 2019, cuando se construye el Frente de Todos, Lula, hoy presidente de Brasil, estaba preso. Correa (Rafael, presidente de Ecuador) exiliado. Los golpes ya no eran el medio. Salvo un golpe tradicional, que fue en Bolivia contra Evo”. En ese marco, indicó que, bajo ese gobierno, se había establecido que los jueces sean electos por voluntad popular. “Donde no hay jueces puestos a dedo, eternos en sus cargos, el sistema funciona” afirmó.
Lo que le resulta imposible explicar -a la vicepresidenta y al kirchnerismo- es porque medidas de ese tipo no fueron impulsadas en Argentina, entre 2003 y 2015, cuando se sucedieron los gobiernos de ese signo político.
Casi en campaña
La vicepresidenta habló como si no cumpliera funciones en el Gobierno actual. Como si el ajuste que encabeza Sergio Massa no contara con su aval explícito. Como si no presidiera el Senado y múltiples militantes de su espacio ocuparan cargos centrales en la administración nacional.
Se dirigió a los dirigentes sindicales que, alineados con su figura, garantizan en gran parte el avance del ajuste sin tomar medidas de lucha para enfrentarlo. No cabe mejor ilustración que la ocurrida este mismo jueves, cuando los sindicatos kirchneristas directamente estuvieron ausentes de la importante movilización en defensa de la salud pública, pero llegaron a La Plata a ser parte del público concurrente.
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El discurso de Cristina Kirchner funciona bajo un formato casi de campaña. Aunque no hizo -a pesar de la enorme expectativa previa- el anuncio de una candidatura. Por el contrario, su respuesta al canto de “Cristina presidenta” fue citar la famosa frase de Juan Domingo Perón que habla de actuar “en su justa medida y armoniosamente”. Sin embargo, sí se postuló como parte fundamental del peronismo hacia el 2023, afirmando que “sin Cristina hay peronismo. Probablemente dividido, fracturado, enfrentado, inocuo y neutralizado para cualquier proceso de cambio”.
Como ocurrió en otros actos, Cristina Kirchner eligió hablar del pasado y hablar del futuro, para no hablar de un presente en el que su Gobierno aplica un ajuste al servicio del FMI.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.