Tras días de movilizaciones, el panorama se complica ante las nuevas cifras del Observatorio de la Deuda Social que publicó la UCA y la inflación que midió el Indec.
Juana Galarraga @Juana_Galarraga
Viernes 10 de marzo de 2017
"El tipo dijo Cambiemos...", recordó el empleado de una línea de colectivos frente a la estación terminal de Retiro. Su interlocutora se quejaba de algo, quizás del transporte, de los servicios, del costo de vida, vaya a saber uno de qué, pero se quejaba. Como se quejan muchos y muchas hoy y con razón. El hombre, mientras controlaba la subida de los pasajeros al colectivo, le respondió de esa manera mientras meneaba la cabeza y levantaba los hombros. "El tipo dijo Cambiemos", afirmó "y con esa nos hizo entrar como caballos", podría haber sido el remate de la frase.
El malhumor social, la desazón que expresaba el hombre en Retiro, llegó a un punto álgido esta semana en la que la furia contra el ajuste macrista tomó las calles de forma masiva y continua. Las movilizaciones atrofiaron la normalidad de la vía pública durante tres días consecutivos. Primero fueron las y los docentes, que marcharon el lunes en medio de un paro nacional contra el ataque del Gobierno a sus salarios y la educación pública. Luego la conducción de la CGT protagonizó el escándalo de verse expuesta en el contexto de su propio acto, luego de la marcha que convocó para el martes, a la bronca de las bases cansadas del boludeo de "paro sí, paro no". "Poné la fecha" fue el grito en exigencia a un paro general eternamente postergado, que de darse constituiría una manifestación de fuerzas mucho más contundente y organizada. Finalmente fueron las mujeres quienes este miércoles inundaron las calles como protagonistas del paro internacional de mujeres, para gritar basta de violencia machista, basta de femicidios, por el aborto, igual trabajo igual salario y abajo el ajuste de Cambiemos. Allí también el grito de paro general, se escuchó fuerte.
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Luego de tres días de movilizaciones masivas, las malas noticias para el presidente no cesan. Ayer se conoció el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Los datos que arroja son muy poco alentadores: desde diciembre de 2015 hay 1,5 millón de nuevos pobres y 600 mil nuevos indigentes como consecuencia del shock de la devalución y la inflación. Vaya noticia, porque el presidente durante su campaña prometió que iba a suceder lo contrario. Por entonces, Macri dijo que su deseo era que su gestión fuera juzgada "por una Argentina con pobreza cero". De todos modos, nobleza obliga, hay que reconocer que los esfuerzos por ejercitar un permanente "sinceramiento", lo incitaron a decir durante un acto en Santa Fe, que hacen falta 20 años para alcanzar el objetivo de pobreza cero en Argentina.
Ayer también trascendieron los últimos datos del Indec. Según el organismo la inflación de febrero fue de 2,5 % y el mayor incremento se produjo en vivienda y servicios básicos como resultado del aumento de los alquileres y los tarifazos. Le siguen los ítems educación, otros bienes y servicios, atención médica y gastos para la salud, transporte y comunicaciones. Así, el primer bimestre de 2017 acumuló un incremento de 3,8 %. Proyectando este resultado al resto del año, se prevé un aumento de precios de 22,8 % anual. Grave problema, porque Macri dijo Cambiemos, que iba a combatir la inflación y todo su gabinete repite que la inflación para el año no superará el 17 %.
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Cambiemos, como slogan, supo seducir al sector del electorado que encumbró a Macri como presidente. Los límites del modelo kirchnerista, el ajuste en curso desde los tiempos de Cristina en el poder, permitieron que esta supuesta renovación amarilla y alegre de la política calara en algún nivel. Cambiemos era además de un cambio de signo político, una promesa de transparencia. Pero así como Macri dijo Cambiemos y basta de corrupción, recientemente atravesó un frente de tormenta fuerte que lo dejó muy golpeado, ante la crisis desatada por el intento de condonación de la deuda a su padre en el Correo Argentino.
Como demuestran varios casos de enriquecimiento de la mano del Estado que tomaron luz durante el primer año de gestión de de Macri, el crecimiento de la pobreza, el desempleo, la inflación y la carestía de vida, Cambiemos, como slogan no es más que la condensación de una serie de mentiras burdas.
Frente a una economía que no da ningún signo de revitalización, las sucesivas crisis que se desarrollan ante cada “error reconocido” por el Gobierno y el creciente malestar social, cobran una envergadura poco deseable para el oficialismo en el marco de un año electoral. Luego de un año de Gobierno, Cambiemos constata con creces que con globos de colores y optimismo discursivo no se puede. Tampoco es suficiente la polarización rabiosa que ejercita contra la “pesada herencia” K. Por eso, si bien antes había dicho “Sí se puede” hoy dice “No aflojemos”.
Evidentemente, lo único que la coalición Cambiemos vino a cambiar, o más bien a empeorar, son las condiciones de vida y de trabajo del conjunto del pueblo pobre y la clase obrera. Vino a cambiar los convenios colectivos, la ley de ART, el nivel de los salarios, la edad de imputabilidad y el presupuesto para las políticas de género. Vino a cambiar muchas cosas, a grandes rasgos, la relación de fuerzas establecida entre el capital y el trabajo y que como se vio esta semana en las calles, no se quiebra tan fácilmente en un sentido que favorezca a las patronales y grandes multinacionales.
Macri dijo Cambiemos y hoy, ante la evidencia de los límites para llevar su plan hasta el final, los que le piden a gritos que no afloje, son los representantes del empresariado y el gran capital.