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PROYECTO CONTRA LA BRECHA SALARIAL. Cambiemos y la brecha salarial de género: demagogia y pocas ideas

El Gobierno presentaría un proyecto de ley para eliminar la brecha salarial. Demagogia Pro en su agenda “feminista”, y un problema vigente: la precarización laboral tiene cara de mujer.

Mónica Arancibia

Mónica Arancibia @monidi12

Domingo 11 de marzo de 2018 13:13

Foto: Ámbito

Mauricio Macri y Cambiemos parecen haber descubierto, de manera más que repentina, la agenda de los reclamos feministas. En el día internacional de mujeres, el presidente anunció un proyecto de ley para "lograr el salario igualitario", decisión que había prometido en la apertura de las sesiones legislativas.

El anuncio de Macri se suma al debate que instaló sobre el aborto en la agenda pública y que habilitó el tratamiento del proyecto de la Campaña Nacional por el derecho al aborto en el Congreso. También anunció la extensión de la licencia por paternidad.

Cambiemos impulsa una agenda “feminista” tomando demandas históricas de la mujeres, pero la misma no es otra cosa que pura demagogia. Durante sus años en el poder poco le preocupó el tema e incluso las partidas presupuestarias destinadas a políticas de violencia de género fueron reducidas.

Recientemente organizaciones feministas y de derechos humanos alertaron sobre el recorte del presupuestodestinado al Instituto Nacional de las Mujeres y por la ausencia de una partida específica para el presupuesto asignado al Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de las Violencias contra las mujeres.

Igualdad formal

En Argentina, las mujeres trabajadoras ganan en promedio un 27 % menos que los varones ($ 10.382 vs. $ 14.190), según estimó la Comisión Técnica de ATE Indec correspondiente a datos de EPH del segundo trimestre de 2017. La brecha existe a iguales niveles de calificación del puesto de trabajo.

En ocupaciones profesionales los hombres perciben un ingreso medio de $ 24.832, mientras que las mujeres $ 18.740 (un 24,5 % menos). En trabajos no calificados, los varones ganan $ 8.999 en promedio, mientras que las trabajadoras perciben cerca de $ 5.793.

La pomposidad del discurso presidencial acerca de la igualdad salarial choca de frente con la propuesta concreta que se conoce hasta el momento. El proyecto presentado por el diputado del PRO, Martín Medina, propone cambios tibios a la Ley de Contrato de Trabajo, pero no establece un nuevo derecho a la igualdad salarial por igual trabajo, que ya está contemplado en la Constitución Nacional, en acuerdos y en tratados internacionales.Es decir, propone lo ya existente.

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En tanto, la propuesta de un registro de empleadores es obligatorio para las empresas que tienen más de 200 trabajadores, para las que tienen menos la inscripción es de manera voluntaria. En Argentina, según datos del Ministerio de Producción, en 2016 de las 606.000 empresas registradas que son empleadoras, más del 99 % (602.784) tienen menos de 200 ocupados, y sólo el 0,6 % (3.532) son grandes empresas con más de 200 ocupados. Es decir, que la obligatoriedad de la inscripción sólo alcanza a una minoría.

El documento plantea que una trabajadora debe solicitarle a su empleador los recibos de sueldo de sus compañeros varones para verificar si efectivamente hay desigualdad salarial. En caso de diferencias, la mujer debe pedirle la paridad de salarios a su patrón, si este se niega se puede recurrir al Ministerio de Trabajo para hacer el reclamo. En el mundo de Cambiemos parecería ser que hay igualdad entre los trabajadores y sus respectivos empleadores, pero en el mundo real es una relación de desigualdad donde el vínculo es asimétrico entre el que da las órdenes y quien la tiene que cumplir, los trabajadores.

El proyecto del Gobierno traslada el problema de la desigualdad salarial a las mujeres donde ellas mismas tendrían que reclamar ante sus patrones por la equiparación de sus salarios. Reclamo donde los empleadores podrían tomar represalias contra las mujeres y estarían más expuestas a un despido

Las excluidas

Candelaria Botto, de Economía Femini(s)ta, advirtió a La Izquierda Diario que el proyecto “ataca la igualdad salarial en el sentido de misma tarea misma remuneración, pero eso es una parte de la brecha salarial, no el total de la brecha. Eso sería sólo la parte no explicable de la discriminación directa en el sentido que dos personas que son iguales en papeles que desempeñan la misma tarea la misma jerarquía cobran distinto sueldo por su género”.

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La economista explicó que el proyecto excluye la parte “explicada” de la brecha salarial como que las mujeres acceden a trabajos de menor calificación por tener a su cargo el trabajo doméstico que la obliga a buscar trabajos más precarios, de menos horas; la imposibilidad de acceder a cargos jerárquicos, donde los sueldos son más altos; y la división de trabajos “femeninos” y “masculinos” donde las mujeres se ocupan por lo general de tareas de cuidado, las asalariadas domésticas en su gran mayoría son mujeres y en muchos casos trabajan en la informalidad y con bajos salarios.

La propuesta excluye además a las trabajadoras informales, según estimaciones de la Comisión Técnica de ATE Indec en el segundo trimestre de 2017 las trabajadoras no registradas alcanzó al 36,2 %.

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En el caso de las trabajadoras formales también sucede que se restringe el acceso a determinadas categorías como sucede con las obreras de la alimentación o en ferrocarriles.

Julia Soul, investigadora del Conicet explicó a La Izquierda Diario que “la restricción en el acceso a determinadas categorías del Convenio Colectivo es uno de los mecanismos de discriminación más habituales” y ejemplificó como en el ferrocarril para las mujeres “la discriminación operaba en la formación misma, ya que no eran aceptadas en los cursos y, cuando lograban formarse y adquirir la capacitación necesaria para desempeñar los puestos de conductora, no eran tenidas en cuenta en el momento de cubrir las vacantes”.

¿Y por los sindicatos cómo estamos?

Los dirigentes sindicales o la llamada burocracia sindical dejan por fuera a casi la mitad de los trabajadores, que son los sectores precarizados, y de ese grupo las mujeres suelen tener mayor proporción.

En la conducción de los sindicatosprevalece la alta composición de varones, incluso en sectores donde hay mayor cantidad de mujeres como alimentación, salud, textil o docencia.

Si bien esto no explica todo, evidentemente es parte del problema de que las dirigencias sindicales no tomen la agenda de reclamos de los sectores de mujeres en los lugares de trabajo.

A igual trabajo, iguales condiciones, derechos y salario

La carta del Gobierno de presentar esta agenda de “género” busca manejar las turbulencias de la situación política que se abrió post diciembre, tras la aprobación de la reforma previsional y dividir aún más a la oposición en general, y al peronismo en particular. Tiene a su favor el hecho que, precisamente, un sector no menor del peronismo se opone al derecho al aborto. En el mismo, por el momento, se encuentra la expresidenta.

Por su parte, el proyecto de paridad salarial pretende cerrar un problema más profundo que hace a la discriminación, a la exclusión social que sufren millones de mujeres con una propuesta donde cada trabajadora debe exigir su paridad salarial, sin poner ningún eje ni en la obligatoriedad de la medida, ni los controles a realizar en las empresas ni las sanciones para los que no lo cumplan. Todo queda en manos del Ministerio de Trabajo, dirigido por Jorge Triaca.

Como advirtió Julia Soul, “en un contexto de fuerte ofensiva empresaria y estatal contra la clase trabajadora de conjunto, en el que se evidencian diferentes mecanismos para erosionar derechos adquiridos y sancionados con fuerza de ley (por ejemplo, el plus por Presentismo en los estatales, que vulnera el régimen de licencias del Convenio), parece al menos ingenuo suponer que una ley pueda transformar el conjunto de mecanismos que configuran las situaciones de mayor precarización y discriminación de las mujeres en el mercado laboral”.

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Lo más grave es que no apunta a solucionar la precarización laboral, el trabajo no registrado, ni las tareas domésticas que recaen sobre las mujeres. Una ley tampoco es garantía de igualdad salarial. Es que la igualdad ante la ley, no es aún la igualdad ante la vida.

Nadie les regaló nada a las mujeres, los derechos y conquistas se arrancaron. Las trabajadoras continuarán en la pelea para terminar contra todo tipo de discriminación y opresión.


Mónica Arancibia

Nacida en Bs. As. en 1984. Es economista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas. Coedita la sección de Economía de La Izquierda Diario.

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