Almendra tiene 17 años y trabaja en McDonald’s desde los 16. Empezó a trabajar para pagarse las cuotas del colegio y ayudar a su familia. Ahora es parte del proceso de organización que comenzó en el sector de las comidas rápidas. Nos hizo llegar la siguente carta.
Miércoles 22 de abril de 2020 13:14
Hace ya un par de días se hicieron masivos en las redes los reclamos por partes de los pibes y pibas que laburamos en cadenas de comida rápida como McDonald’s, Burger King, Starbucks, y la lista podría seguir si tenemos que nombrar a empresas que facturan millones de dólares por día y pueden llegar a pagarle 3000 pesos por quincena a sus empleados.
En estas empresas priman jóvenes de entre 16 hasta 25 años, el objetivo es claro: "mientras más joven sos, más rápido te adaptas, y más rápido podes cumplir los objetivos", para ellos, como para todo el capitalismo, el tiempo es oro, y así de a poco, nos lo van robando.
Aún así, en la entrevista no dudan en preguntarte
"¿Tuviste alguna experiencia laboral ya?" "¿Por qué querés que éste sea tu primer trabajo?". Están esperando que tengamos experiencia laboral a los 16 años, de esa manera nos toman y buscan las mil y un manera de hacernos laburar gratis.
Horas en negro, horas después de las ocho de la noche para les que son menores de 18, horas a la madrugada decorando el local para los eventos, fichadas que desaparecen, presentismos perdidos por llegar un minuto tarde o por tener ataques de ansiedad y tener que irte del turno son acciones comunes que vivimos les que laburamos ahí, mientras todos los días levantamos bandejas y limpiamos mesas para que ellos se llenen los bolsillos a costa de nuestras vidas, de nuestro tiempo, de nuestra juventud.
El cansancio del trabajo no se queda solo en el trabajo. El día que tenés franco, solo querés dormir, comer, bañarte y volver a dormirte. Y te despertás el domingo a las 7 para ir a esperar el colectivo, y te das cuenta que, después de mucho tiempo te dieron franco un sábado, y lo único que hiciste fue "descansar". Pero en realidad, descansar es otra cosa. Descansar es tiempo libre, es hacer las cosas que les pibes queremos, las cosas que nos hacen sentir realizados.
Pero no solo nos están robando el tiempo que ocupamos ahí dentro haciendo hamburguesas en 50 segundos: ellos nos están robando el tiempo de ocio, el tiempo de estar con amigues, de hacer la actividad que antes tanto te gustaba, tiempo de pensar en algo más que en la pantalla que te dice que tiene la hamburguesa que pidió el cliente.
Así nos sentimos miles de veces, algunos pedaleando horas y horas, otros levantando cajas, otros haciendo conos para llegar al objetivo de fin de mes, pero todos deseando que se pase ese turno que tan eterno parece.
Funcionás como una máquina: ¿qué va a tener tu pedido? ¿Coca? ¿Combinado querés el helado?
Empezás a perder la noción de cuántas veces al día repetís lo mismo. Llegás a tu casa y en tu cabeza escuchás "gracias, que lo disfrutes".
Nos están precarizando cada minuto de nuestras vidas. Porque nosotres llegamos a nuestras casas y rogamos que nos pasen las horas en negro o estamos pensando en que ojalá nos llamen para cubrir o que no nos quieran recortar, porque esa miseria que nos pagan la necesitamos muchas veces para comer.
Esperamos 3 horas el colectivo como mínimo un sábado a la noche porque se hicieron las tres de la madrugada y todavía no nos íbamos de adentro del shopping. Te pedían si podías quedarte una hora más, dudas dos minutos y te cae la ficha, no solo de que necesitás la plata, sino de que te tenés que quedar porque sino después no te llaman. Te hacen fichar y quedarte un rato más y te llevás un "combo grande".
La quincena pasada algunes compañeres cobraron hasta 233 pesos, yo soy cajera y en turno puedo llegar a contar $80000 pesos solo de mi caja. Estas empresas facturan millones, y otres tienen que pedirle por favor a sus gerentes que no les saquen el presentismo o que los pongan más horas porque la plata no alcanza.
Logramos que nos paguen el 100 % de marzo en algunos casos y que nos depositen el 70% de abril, una primer conquista para les pibes que cada vez que van a ver su recibo de sueldo empiezan a hacer cuentas, "me sobran muchos días de la quincena sin plata" me dice siempre un compañero.
La juventud precarizada de las cadenas de comida rápida, de las apps, de las cocinas, de los hoteles, de los restaurantes, de los kioscos y de los supermercados no puede bajar los brazos. Para nosotres no es una opción ver si hoy podemos dar un poco menos porque eso puede ser a costa de nuestra educación o del plato de comida de nuestres hermanes.
Sabemos que la lucha tiene que ser no solo por el salario, sino por recuperar lo que nos roban todos los días, el tiempo para disfrutar de las cosas que nos gustan, la vida que nos merecemos poder vivir. Esta vez no vamos a dejar de pelear, cada minuto que nos dejen libre lo vamos a usar para conspirar en contra de sus grandes empresas. Porque sabemos que sin nosotres nunca hubiesen visto la luz. Y que nuestra juventud vale mucho más que sus ganancias.