×
×
Red Internacional
lid bot

CRISIS IGLESIA. Caso Barros: la carta del Vaticano que intenta salvar del pantano a la Iglesia

Ante la misiva del Papa, el arzobispo Ricardo Ezzati da la espalda al obispo Barros diciendo que debería dar un paso al costado.

Karla Peralta Díaz

Karla Peralta Díaz Médica en Antofagasta, Pan y Rosas

Domingo 22 de abril de 2018

El arzobispo Ricardo Ezzati, máxima autoridad eclesiástica en Chile, se vio obligado a pronunciarse nuevamente por el “Caso Barros” luego de una carta recibida desde el mismísimo vaticano.

Ante este hecho, Ezzati da un vuelco brusco y muestra la espalda a Barros, afirmando la necesidad de que diera un paso al lado, señalando que: "Yo no soy juez para decir si él encubrió o no, pero el bien del pueblo de Dios pide de parte de él la disponibilidad.” Aunque con estas declaraciones intenta mostrar una cara más amable y condescendiente hacia la opinión pública y a los cada vez más pocos creyentes de la iglesia católica, el único bien que busca en realidad es el de su institución, que está ya sumida profundamente en el pantano de la condena pública en que se hundieron tras los repetidos casos de abuso destapados.

Ezzati señala además que existen heridas abiertas producto de los abusos y que estos le causan dolor y vergüenza, develando de esta manera la más descarada hipocresía, ya que, durante los últimos años lo único que hizo la autoridad eclesiástica fue encubrir estos casos, encerrándolos en las paredes de su institución, desmintiendo las denuncias y respaldando a abusadores.

Por otro lado, Ezzati no deja pasar ninguna oportunidad para lavarse la cara, argumentando ante el “reproche de Francisco” por la falta de información que el informó en su debido momento la “opinión” de los obispos de chilenos respecto de las denuncias por abusos de menores. Dejando al descubierto una suerte de dimes y diretes entre el máximo representante de los católicos y el arzobispo, donde ambos intentan lavarse las manos.

Sin duda alguna, esta carta emanada desde el Vaticano, es un intento de salvataje hacia la perdida de legitimidad de la institución y muestra que Bergoglio no tuvo más remedio que mostrarse arrepentido de la defensa que realizó a Barros durante su paso por Chile, una visita que, contra el interés de la institución, no logró calmar las aguas de la tormenta que vive la Iglesia en el país.