Moyano y Barrionuevo van a la marcha de Macri, Massa y la corporación judicial. Pignanelli, el patotero empleado de las multinacionales, apoya al gobierno que maneja los servicios y espía trabajadores. El sindicalismo clasista tiene que tener una posición independiente.

Raúl Godoy Dirigente ceramista y diputado mandato cumplido del PTS-FIT | Neuquén
Sábado 14 de febrero de 2015
La muerte del fiscal Nisman ha obligado al pronunciamiento de todos los sectores políticos. Entre ellos el de los dirigentes de las centrales sindicales.
Ricardo Pignanelli dejó por un momento sus tareas como empleado de las multinacionales automotrices (como en Lear), para apoyar al gobierno nacional. “Estoy convencido de que la Presidenta no tiene nada que ver con todo esto. Pienso que su reacción con las medidas que tomó, como desmantelar la Secretaría de Inteligencia, fue acertada porque es parte de un proceso democrático que comenzó hace ya 30 años. Fue muy rápida y con mucha valentía”. Pignanelli habla como si el gobierno no hubiera dirigido la mafia de los servicios durante 11 años, entre otras cosas para espiar a trabajadores.
Antonio Caló se puso en primera fila en la foto del Partido Justicialista, que en pleno firmó un documento contra “los destituyentes”.
La CTA de Hugo Yasky también salió en defensa del gobierno, denunciando que “el clima generado a partir de la muerte del fiscal Nisman pretende ser aprovechado por estos mismos grupos de poder que sueñan con ‘el fin de ciclo’ para cortar de cuajo el proceso de verdad y justicia iniciado en el 2003”. Pero, ¿no es el “proceso de verdad y justicia iniciado en 2003” el que ha cobijado a los espías como Stiuso, que han trabajado en el encubrimiento de la causa AMIA, o genocidas como el General Milani?.
Moyano y Barrionuevo, a la marcha de los fiscales encubridores
Las CGT opositoras, como se podía esperar, se sumaron a la “marcha de los fiscales” del 18F, transformada en realidad en una convocatoria política de la casta judicial y la oposición tradicional. En un comunicado dijeron que "como trabajadores sabemos lo que significa que no haya justicia, porque a lo largo de la historia hemos sufrido en numerosas ocasiones las consecuencias de una justicia que no llega, que mira para otro lado o que se comporta directamente cómplice de los poderes de turno". Uno podría preguntarse si Moyano opina que “la justicia para los trabajadores” puede llegar de la mano de fiscales investigados por encubrir la causa AMIA, o que acostumbran a impulsar causas contra movilizaciones de trabajadores y desocupados. ¿Opinará que Macri, Massa y la UCR no tienen nada que ver con “los poderes de turno”?
Detrás de los cómplices y encubridores
Cuando la inflación y el impuesto al salario afectan el salario obrero, cuando millones de trabajadores siguen precarizados y hay conflictos por despidos, los jefes de las centrales sindicales sólo hablan de movilizarse detrás del gobierno y la oposición. Ponen el peso de las organizaciones obreras no para defender los derechos de los trabajadores y el pueblo, sino para contener las demandas y llevarlas detrás de salidas patronales. No hay que sorprenderse. La burocracia, que hoy está desprestigiada pero todavía tiene poder político y económico, siempre ha sido un sostén fundamental en las crisis más álgidas que se han vivido en nuestro país.
Y ante una crisis en la que está cuestionada la autoridad estatal, no quieren ni podrían ir a fondo contra las fuerzas represivas y de inteligencia porque sería como dispararse en un pie. Ellos mismos actúan como informantes, como la policía dentro de las fábricas para perseguir trabajadores activistas, y a quienes se rebelen o reclamen. Un ejemplo muy notable del “rol policial” de la burocracia en las fábricas es el caso de Lear. Pignanelli y su patota de la Verde han sido los que vienen “marcando” a los opositores, con especial saña a los militantes de izquierda. Absolutamente colaboracionista de las multinacionales para garantizar despidos y suspensiones. Esta burocracia corrupta y entreguista, aparece al lado de Cristina Kirchner cada vez que puede. Como antes lo hiciera Pedraza, uno de los responsables del asesinato de Mariano Ferreyra.
Una trayectoria que tiene sus antecedentes. Durante la dictadura militar, fue escandalosa la colaboración de un sector importante de la burocracia con empresarios y militares, entregando listas de compañeros militantes, de agrupaciones de izquierda u opositoras que luego fueron secuestrados, torturados, desaparecidos. Muchos de estos burócratas perduraron durante décadas luego de caída la dictadura. Personajes siniestros como Gerardo Martinez, agente de inteligencia del siniestro Batallón 601, hoy se pasean por el exterior formando parte de las delegaciones que acompañan a Cristina Kirchner.
Así, con sus pronunciamientos ante la crisis política desatada por la muerte del fiscal Nisman, apoyando al gobierno o la oposición, la burocracia sindical defiende y encubren lo esencial: el sostenimiento del aparato represivo del Estado, con los cuales siempre mantiene estrechos lazos de colaboración para mantener sus propios privilegios.
Espían a los luchadores
Los trabajadores tenemos mucho que decir en esta crisis. La denuncia de Proyecto X, surgió nada menos que del conflicto de Kraft Terrabusi. Los delegados y sus abogados mostraron cómo el gobierno, a través de la Gendarmería, infiltraba marchas, cortes y asambleas. Continuó con la lucha de Lear, cuando denunciamos el accionar el gendarme infiltrado Galeano y el “Carancho” Torales, para armar causas judiciales.
Estos y otros casos han mostrado el accionar de los aparatos represivos, entre ellos los espías, contra los trabajadores que enfrentan a los empresarios y el Estado, que cuentan con la complicidad de los “dirigentes” sindicales.
Pero así como millones de trabajadores han visto actuar al aparato represivo comandado por Sergio Berni, también han podido observar a los indomables de Lear luchar en forma heroica. El resurgir, una y otra vez, de un sindicalismo de base que junto a la izquierda viene tomando protagonismo en distintos gremios. Los trabajadores, aun desde lugares donde no hay conflictos abiertos, van prestando mucha atención a estos procesos. Colaboran, simpatizan, y ven actuar también a los compañeros parlamentarios que se la juegan junto a los trabajadores poniendo el cuerpo y levantando sus denuncias y reclamos desde sus bancas como han sido los casos de Nicolas del Caño y Christian Castillo, diputados del PTS-FIT, en la Panamericana.
Y también pueden aprender del accionar del Estado, con sus caranchos y sus ministerios.
El caso Nisman, destapó una cloaca que no solo salpica al gobierno, sino a todos quienes han mantenido y se han servido de estas cuevas mafiosas para sostener sus propios intereses, su propio poder. La burocracia sindical, es un eslabón de la misma cadena.
Por eso, en esta crisis, los trabajadores y la izquierda tenemos que denunciar todo el aparato de espionaje, exigiendo la apertura de los archivos, y denunciar a los partidos patronales y a la propia burocracia sindical, que intentan sostener, mas allá de sus propias internas, lo esencial del aparato represivo del Estado capitalista.
La actitud de Moyano, Pignanelli y la burocracia sindical ante la “crisis de los servicios” nos dan otro motivo para continuar nuestra lucha por recuperar los sindicatos, y ponerlos al servicio de los intereses del pueblo trabajador.