lid bot

Movimiento Estudiantil. Catalunya: ¿Por qué nos movilizamos miles en las calles y en las asambleas solo somos decenas?

Somos decenas de miles de jóvenes, muchos estudiantes universitarios, los que estamos al frente del movimiento democrático catalán ¿Cómo puede ser que en las asambleas de facultad solo estemos participando algunas decenas? Un debate con el SEPC sobre la cuestión clave de la autoorganización y la independencia de las autoridades académicas.

Contracorrent

Contracorrent Catalunya

Viernes 25 de octubre de 2019

Hoy se cumplen diez días desde la publicación de la sentencia y el reavivamiento del movimiento por el derecho a decidir, en rechazo a la sentencia, la represión y por la libertad de los presos políticos. Desde el pasado lunes 14, hemos realizado centenares de cortes de carreteras, la ocupación del aeropuerto de El Prat, decenas de manifestaciones en ciudades y pueblos de todo Catalunya, huelgas estudiantiles y una gran huelga general el pasado viernes.

Esto demuestra que el pueblo catalán mantiene firme la voluntad de defensa de los derechos democráticos aplastados por el bloque monárquico y reaccionario, la libertad de los presos políticos y retomar la lucha por el derecho de autodeterminación.

En todo este proceso, la juventud hemos estado al frente, siendo miles en las calles, enfrentando la represión y cuestionando con nuestra lucha años de processisme que no nos han llevado en ninguna parte. El movimiento estudiantil hemos tenido un peso importante en las movilizaciones de este año, como ya pasó con las de 2017. Ahora bien, si somos miles, decenas o centenares de miles de jóvenes, muchos de nosotros estudiantes universitarios... ¿Cómo puede ser que en las asambleas de facultad solo estemos participando algunas decenas? Hay algo que no estamos haciendo bien.

Hay que mirar la experiencia y las lecciones de 2017

En 2017, desde ContraCorrent exigimos que se convocaran asambleas abiertas y democráticas en todos los centros de estudio para poder masificar el movimiento y conseguir nuestro objetivo: primero, votar y después, que se cumpliera el mandato del 1 de octubre, mientras discutíamos que nosotros luchábamos por una república catalana de y por la clase trabajadora y los sectores populares, no por una república burguesa.

Antes de que saliera la sentencia el pasado lunes, desde ContraCorrent volvimos a plantear la necesidad de organizar la respuesta de manera democrática con asambleas abiertas y radicalmente democráticas, es decir, desde donde pudiéramos debatirlo todo: qué acciones, cuando hacerlas, qué demandas plantear y qué objetivos queríamos darle a todo este movimiento, junto con la clase trabajadora que salió con fuerza el 18-O y el resto de sectores populares.

Lo hicimos con el recuerdo y las lecciones de 2017. No impulsar estas asambleas entonces, supuso que el movimiento se desgastara y desapareciera cuando nos mandaron a todos a casa porque tocaba hacer presión internacional e institucional. Esta fue la hoja de ruta de la plataforma “Universitat per la República” -que agrupaba a organizaciones como AEP, SEPC y las juventudes de ERC o el PDeCAT- que criticamos por estar completamente subordinada a la hoja de ruta del Govern que acabó marchando sin resistir.

Si en aquel momento, la juventud y el movimiento estudiantil hubiera estado organizado en estas asambleas, en cada facultad e instituto, con una coordinadora interfacultades democrática, nosotros mismos hubiéramos podido decidir qué hacer, y ser un factor para intentar imponer una alternativa a lo que hicieron Puigdemont, Junqueras y las entidades soberanistas.

2019, el movimiento no irá a ninguna parte sin una autoorganización masiva y democrática

Desgraciadamente, este 2019 hemos visto como los sindicados estudiantiles han vuelto a repetir un método que recuerda mucho a este “todo viene de arriba” de 2017. Durante toda la primera semana, organizaciones como el SEPC, así como el activismo de muchas asambleas de universidad, se negaron a convocar asambleas abiertas y masivas. Se perdió así una semana fundamental para organizar a los jóvenes que salíamos cada día a la calle, y pensar conjuntamente como continuar este movimiento. Todos y todas pasamos horas en la calle, resistimos la violencia policial... pero cuando al día siguiente íbamos a la universidad no encontrábamos ningún espacio para poder debatir y decidir como continuar. Quedábamos a la espera de lo que nos dijera alguien por las redes sociales. Todo, menos democrático.

No fue hasta la segunda semana donde hubo un “cambio de línea” y el SEPC apoyó la convocatoria de “asambleas abiertas”. Pero, aparte de ser demasiado tarde, las convocatorias han tenido muy poca difusión y ni siquiera se han hecho pasaclases para garantizar que todo el mundo que quisiera organizarse supiera de las convocatorias.

Por otro lado, el SE hizo un llamamiento a hacer asambleas “en todas las facultades e institutos” pero no hemos visto que haya habido ningún intento real de hacerlo, mantiene su método burocrático de convocatorias hechas desde su sede e impuestas al movimiento de manera burocrática.

Así pues, a pesar de que la convocatoria -con todas las debilidades que apuntábamos antes- a asambleas abiertas en los centros de estudio podía ser un elemento progresivo para el desarrollo del movimiento estudiantil y la articulación de este, continúan existiendo diferentes factores que impiden que el movimiento sea masivo y radicalmente democrático.

En primer lugar, estas asambleas abiertas no han sido verdaderos espacios de debate sino espacios de planificación de acciones que en muchas ocasiones ya partían de acciones planificadas en “pequeño comité”, algo que para nosotros limita la posibilidad de decisión por parte del estudiantado más nuevo y menos organizado, en la toma de decisiones. Los órdenes del día no se pudieron modificar, “hoy solo hablamos de si ocupamos o no ocupamos” o “de tal o tal cosa”, y la discusión de las demandas, los objetivos y sobre todo, como sumar al resto de los estudiantes que estaban con nosotros en las manifestaciones, no fueron aceptadas.

Por otro lado, las acciones planteadas para “romper con la normalidad académica” no iban enfocadas al objetivo de masificar el movimiento sino más bien a presionar a las autoridades académicas para que nos hicieran el trabajo, es decir, para que suspendan clases. Esta, justamente, tendría que ser la tarea del movimiento estudiantil, y la razón de por qué es fundamental desarrollarlo y masivizarlo.

En lugar de esto, se ha cogido el atajo de acciones aparentemente “radicales” y llevadas a cabo por grupos reducidos, como los piquetes de bloqueo. Estas enfrentan el estudiantado que está organizado con el que no lo está, y deja en casa a muchas estudiantes que están de acuerdo con las reivindicaciones y huelgas pero que no encuentran sentido venir a garantizarlas por que, una vez más, “todo viene de arriba”.

También hay estudiantes que comparten las reivindicaciones democráticas del movimiento pero tienen presiones económicas y académicas reales, que no se pueden combatir con piquetes. Es fundamental, para la masivización y democratización de las asambleas y el movimiento, ampliar las demandas de nuestra lucha, introduciendo reivindicaciones del movimiento estudiantil como por ejemplo la gratuidad de los estudios universitarios, cosa que no se hizo tampoco en 2017 y que ahora hemos visto como se hacía solo de forma parcial (ampliación de la evaluación única, posponer actividades evaluables hasta el 5 de noviembre, etc).

Esta negativa a la masificación se ve sustituida con presiones y negociaciones estériles con el decanato y los rectores. Se confía en la buena voluntad de los decanos o el rectores de las universidades, cuando son justamente ellos quienes pueden dar permiso para reprimir dentro del recinto universitario o, como ha pasado en la UAB con los antifascistas encausados por desgajar una bandera española, pueden ceder datos personales de los propios alumnos a los Mossos d’Esquadra.

Consideramos que negociar con las instituciones universitarias medidas como la suspensión de actividad docente, el cierre de clases, ampliación de evaluación única, etc., solo contribuye a desmovilizar la gente, que no ve la necesidad de organizarse para luchar por sus demandas ni para garantizar una huelga estudiantil porque total, ya lo garantiza el rectorado supendiendo las clases.

Además, los días de huelga, no podemos plantear que la gente se quede en casa, porque esto supone que estudiantes que están de acuerdo con la huelga no vengan a la universidad, no puedan organizarse, no puedan debatir... no puedan hacer nada más que ir individualmente a manifestaciones. Y por otro lado, quedándose en casa, dejamos el campo abierto de la universidad a la reacción por derecha, que como hemos visto este días con las acciones de “S’ha acabat”, puede organizar estudiantes de derecha en contra del independentismo pero tambe a estudiantes que estén a favor del contenido de la protesta pero no con el método de que pocos estudiantes cierren la facultad.

Como podríamos revertir esto? Con las asemejas abiertas que ya hemos dicho. Pero se tendrían que trabajar mejor, no solo haciendo difusión en las redes. También tenemos que ir clase por clase informando de las asambleas para debatir qué acciones proponemos en la universidad e invitar todo el mundo a participar, fomentando que en cada clase se debata sobre el movimiento, envíen delegados a la asamblea y coordinando todas estas formas de autoorganización a nivel de campus, universidad y toda Cataluña en una gran coordinadora de representantes de cursos y asambleas de facultad.

Conquistar la amnistía, las libertades democráticas y el derecho a decidir solo será posible si se impone un movimiento que pueda decidirlo todo. Se tiene que luchar por asambleas masivas donde se dé la oportunidad de redefinir democráticamente otras grandes cuestiones sociales, como la educación, la deuda, etc.