La Izquierda Diario cubrió este ciclo de encuentros y nos referiremos en particular a dos de ellos que trataron sobre “Independencia y trauma cultural”, por la docente Lic. Laura Roda, e “Independencia y minería”, dictada por el Mgter. Daniel Delfino y el Lic. Marcos Quesada, ambas enfocadas en la región de Catamarca. En esta primera entrega daremos a conocer la disertación de la Lic. Laura Roda.
Lunes 11 de julio de 2016 12:04
Independencia y trauma colonial
La Lic. Laura Roda presentó esta conferencia invitando a reflexionar y luego a conversar sobre “cómo se reelabora la memoria de un pueblo colonizado en un contexto pos independencia, para que podamos pensar a Catamarca en el siglo XXI, pero a partir de un trasfondo histórico que trascienda los últimos 200 años de independencia política… ponernos en clave de memoria para poder buscar y desbordar la historia en el sentido lineal y vectorial”. Planteó que para trabajar arqueológicamente, es decir ancestralmente, es necesario reconocernos herederos de un trauma histórico no resuelto, un trauma colonial: el de la derrota política, la subordinación cultural y la invasión territorial que no nos deja de suceder. “Este largo proceso histórico, comienza, como dice Argumedo, con las luchas anticoloniales del siglo XVI, con los levantamientos de las poblaciones indígenas y de las comunidades negras, entre las que se cuentan las luchas de Cuauhctemoc en lo que hoy es México, de Manco Inca o Tupac Amaru en Perú, las guerras de Caupolicán y Lautaro en Chile, de los guaraníes y los charrúas en el Río de La Plata, de Guacaipuru en Venezuela, de los chibchas de Calcará, los mocambos de esclavos cimarrones en Brasil, las insurrecciones de los tarahumaras en Chihuahua, los tepehuanes, el hostigamiento araucano mapuche o las luchas de Juan Santos Atahualpa. Todas estas luchas culminarían en dos grandes movimientos precursores de la independencia: el de Tupac Amaru II y Tupac Katari en los Andes meridionales, y el liderado por los esclavos negros en Haití. En nuestra región, estas luchas precursoras de la independencia criolla, fueron conocidas como las guerras calchaquíes. Pero hay que decir además, que estos ciclos de rebelión y sublevación abierta, no existen en soledad. Han sido acompañados también por formas de resistencia cultural solapada, en la que la resistencia política se codifica simbólica y ritualmente, cosa que generalmente la Historia ha interpretado como sumisión, pérdida de identidad, olvido, ignorancia o alienación”. Para ilustrar esa resistencia ritual y cultural, Roda propuso un ejemplo: la procesión en honor a la Virgen del Valle, donde miles de personas de toda la región vuelven en procesión al territorio ancestral del pueblo de Choya, al cerro de Ambato, donde se encontró la virgen alrededor de 1620, en medio de las guerras calchaquíes. Roda aclara que la aparición de la Virgen en este contexto, puede ser entendida como triunfo de la avanzada colonial sobre las comunidades locales. Pero que al mismo tiempo, este ritual ha sido reelaborado y resignificado, de forma tal que a la vez que permite nombrar el territorio ancestral, lo transforma y lo abre a sus propias potencialidades. Continuó mencionando que durante esos días de festividades marianas, el espacio público es reapropiado por comerciantes callejeros y peregrinos que le imprimen su propia lógica al espacio público. Lógica que muchas veces es entendida como desorden, suciedad, deterioro de la plaza central, y eso involucra vallas delimitando el accionar de los peregrinos. Este ejemplo lo va tomando para ilustrar que el tiempo no es necesariamente lineal, que no hay nada totalmente irreversible y que al mismo tiempo todo cambia. Esta es la tensión que, como desafío, debemos ser capaces de sostener, que lo que es conquista y significación occidental puede ser vuelto territorio salvaje y viceversa. Así la memoria aparece como un proceso complejo y dinámico.
Luego mencionó otro ejemplo respecto al reclamo territorial de las comunidades campesino indígenas de Catamarca, para mostrar cómo la violencia colonial, ahora a través del Estado, las corporaciones, los terratenientes, continúa usurpando tierras. Situación, que al reeditar el trauma de la conquista del siglo XVI, también rompe la linealidad del tiempo histórico marcado por el bicentenario, un antes y un después de la situación colonial.
Finalizó planteando que como arqueólogos y antropólogos, existe una deuda pendiente de poder desentrañar realmente ese trauma colonial, porque “como dice la antropóloga Silvia Bianchi, la intencionalidad política y pedagógica de esta matriz, es que cada nueva generación, sienta el vacío de no pertenecer a ningún lado, de no tener una historia que la preceda”. “Preguntarnos quiénes somos y de donde venimos, es la primera condición para pensar arqueológicamente el pasado en tanto presente. Para poder entretejer, un discurso y una praxis, desde el trauma cultural que heredamos, para poder revertirlo”.