Uno de los pre-requisitos para acceder a la gratuidad en la moderada reforma de educación superio, es el que las instituciones de educación superior que postulen a dicho beneficio cuenten con algún tipo de triestamentalidad. Esto fue impulsado para contener los procesos de democratización más radicales que pueden aparecer tras la derogación del DFL 2.
Lunes 7 de septiembre de 2015
Cogobierno: una de las formas de triestamentalidad.
El Decreto con Fuerza de Ley 2 que fue derogado a principios del año pasado, era un decreto que prohibía la participación de estudiantes y funcionarios en las decisiones administrativas de las instituciones de educación superior. Este decreto fue emanado en dictadura y buscaba terminar de sellar el proceso abierto de reforma universitaria que comenzó el año 67 y que ya el año 73 había sido aplacado por dictadura con persecuciones, asesinatos y autoritarias medidas en el conjunto de las instituciones de educación superior.
¿Qué es triestamentalidad? Hoy, cuando el MINEDUC habla de triestamentalidad no es casual que deje el término a secas. Este es el término utilizado para decir que existe participación de los tres estamentos (funcionario, académico y estudiantil) en los organismos que administran las instituciones de educación superior. Esta puede ser entendida de múltiples formas, desde que se agreguen integrantes funcionarios y estudiantes en estos organismos pero solo con derecho a voz, hasta el establecimiento de un cogobierno. Existiendo esta baraja de posibilidades se entiende que cada institución de educación superior tiene autonomía para definir su propia triestamentalidad. Esto abre un proceso donde comenzaran (y ya han comenzado) una serie de reformas de estatutos en cada institución.
El gran problema reside en que al tener una baraja de posibilidades dentro de una estructura que ya es autoritaria, en la mayoría de los casos, la decisión de en qué forma quedara la triestamentalidad reside en las mismas autoridades y por ende, el espíritu que guía estas posibles reformas es el de mantener en la medida de lo posible esta estructura de poder. Es decir, cambiar algo para que nada cambie.
Sin embargo existen otros casos como el de la Universidad de Chile, donde existen formas triestamentales de participación como lo es el senado universitario. Sin embargo, esta forma de la cual las autoridades de la universidad hacen gala, tiene profundos límites. En esta casa de estudio las decisiones finales recaen en un organismo llamado consejo universitario, conformado principalmente por los decanos de las facultades, donde es el rector de la universidad quien cuenta con el poder de tomar la última palabra. El senado universitario no funciona bajo criterios paritarios, encubre el hecho de que es el rector quien tiene el poder total en las decisiones de la universidad y funciona bajo democracia representativa por lo que no responde necesariamente a las decisiones que los estamentos discutan y tomen.
¿Qué implica entonces que exista un cogobierno? En lineamientos básicos podemos decir que el cogobierno se define porque los organismos de las instituciones de educación superior sean colegiados, triestamentales, paritarios y con delegados con derecho a voz y voto. Estos delegados deben ser revocables y deben responder políticamente a las discusiones que su estamento respectivo viene dando. A su vez cada estamento debe tener autonomía en cuanto a su forma de organización, pero al participar de un organismo colegiado debe responder a las decisiones que de este emanen. De esta manera el poder no reside en las cúpulas sino en las bases de la comunidad y esta misma pasa a estar en un proceso abierto de politización en su conjunto.
La existencia del cogobierno implica ponerle fin al autoritarismo universitario pero a su vez implica que cada uno de los integrantes de la universidad cuestionen el rumbo de la casa de estudios en la que se encuentran, es decir, la función de sus carreras, de cómo son enseñadas estas y que rol juega la institución dentro de la sociedad entre otras cosas.
Entregar pequeñas concesiones para evitar procesos de movilización mayores
A simple vista podríamos decir que el gobierno ha hecho un gran favor al movimiento estudiantil pues ha abierto la posibilidad de democratizar las universidades. Sin embargo lo que realmente busca es aplacar una de las demandas del movimiento estudiantil, guiando un proceso por arriba para evitar que se abra un proceso de movilización que implique movimientos democratizadores más radicales, los cuales puedan pasar a criticar la estructura de las universidades sentando las bases de una reforma universitaria como la que ocurrió en este país a finales de la década del 60, lo que incluiría el cuestionamiento radical al tipo de educación, el para quien es la universidad y que objetivos cumple realmente entre otros fenómenos.
Pero la crisis que actualmente vive la educación abre procesos de cuestionamiento por abajo. Hay casos que resultan evidentes como el de la USACH donde Zolezzi al mostrar la cara más cruda del autoritarismo universitario se ha negado sistemáticamente a los procesos de democratización o ha ido poniendo trampas para postergarlos. Esto le ha significado una movilización entre los tres estamentos que lo tiene contra las cuerdas y fuertemente cuestionado no solo al interior de la universidad sino también afuera de esta.
Esta “concesión” como hemos definido no solo puede mostrar su insuficiencia por los casos de autoritarismo como los que se han dado en la USACH, sino también a la hora de develar cuan real puede ser la participación de los estamentos a la hora de tomar cualquier decisión. Por ejemplo, si los funcionarios de una institución de educación superior deciden organizarse ¿hasta qué punto podrán hacerlo sin que sean amenazados, perseguido o incluso despedidos? ¿Entregaran esas facilidades organizativas las autoridades de dicha universidad? Es poco probable pues rápidamente comenzaría a salir a la luz la precarización laboral que sufren los cientos de funcionarios de estas instituciones.
Cuando se habla de democracia esta debe tener un contenido real. Es por eso que tanto el gobierno como las corrientes políticas que conforman el llamado bloque de conducción (Izquierda autónoma, Frente de estudiantes libertarios y la Unión Nacional Estudiantil) prefieren mantener una democracia representativa pues esta no se traduce en develar las condiciones materiales de los trabajadores en la universidad para cambiarlas y hacer que los mismos pueda participar activamente de la misma.
Solo un cuestionamiento radical a la estructura universitaria, la cual contemple mecanismos realmente democráticos para la participación de todos podrá abrir esta misma hacia una sociedad diferente. Donde sea posible pasar de la crítica de la universidad de clase a la crítica a la sociedad de clases, solo partiendo desde ese punto podremos hacer temblar los pilares podridos de estas casas de estudio para refundarlas con tal de que entren los trabajadores y el pueblo, para que sean orientadas en pos de los oprimidos y explotados.