Luego de la derrota de diciembre donde no logró que diputados voten las emergencias social, en salud y en seguridad, Perotti vuelve a la carga después de un enero eterno. La previa a la votación del jueves con cónclaves con radicales, socialistas y el bloque Unite.
Lunes 3 de febrero de 2020 17:48
Los primeros meses de Perotti en el gobierno dejaron sabor a poco a todos aquellos que tenían expectativas en el recambio político. Una serie de fracasos y contratiempos pusieron a prueba al rafaelino que se encontró con palos en la rueda por parte de propios y ajenos.
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La derrota de diciembre, donde el gobierno no logró que la oposición vote las leyes de emergencias, dejó una lección importante para el ejecutivo: no tiene el consenso suficiente para imponer su política. El éxito dependerá de su capacidad de negociación con la oposición pero también con los sectores díscolos del peronismo encabezados por el senador Traferri.
Durante enero Perotti se encontró sin un “plan B” y con una crisis en seguridad que amenazaba su prestigio político. Depositó toda su confianza en el Ministro de Seguridad Sain quien se transformó en el vocero del gobernador y tomó una serie de definiciones manoduristas duramente cuestionadas por un importe sector de la izquierda, organismos de derechos humanos y sindicatos.
Viajó a Buenos Aires con los principales ministros y golpeó las puertas del gobierno nacional. De este viaje volvió con las manos vacías y declaraciones ambiguas. No fue sino hasta después de unas semanas que la ministra Frederic vino a Santa Fe para mostrar su respaldo a la política represiva de Perotti y confirmar que habrá coordinación con la Nación en políticas de seguridad. Tarde y con dificultades empezó a llegar el apoyo del poder central con el cual contaba el gobernador.
La crisis de seguridad dio pie al gobierno para retomar la ofensiva en la votación de las emergencias y sectores de la oposición comenzaron a plantear que había una necesidad de que “la política tenga gestos”. Las permanentes acusaciones de Sain de complicidad con la situación de inseguridad por parte de la oposición dinamitaron cada puente que los sectores más políticos del peronismo tendían para conquistar las leyes que precisan. El límite fue cuando acusó a la prensa de no mostrar las “cosas buenas” de su gestión, generando un amplio repudio que saltó de las rencillas políticas al terreno de la libertad de expresión y la tarea periodística. El gobierno debió silenciarlo y cambiar de estrategia. “Operación Borgonovo” titularon los medios a la gestión que el hombre reutemista a cargo del Ministerio de Gobierno esta llevando a cabo con la oposición.
Si en un principio el gobierno parecía estar buscando su propia “grieta” local con el socialismo, y particularmente Lifschitz, para tener un alter ego con el cual polarizar, ahora mas bién esta dedicado a buscar la grieta pero en el propio Frente Progresista. Allí es cuando Sain pierde el protagonismo, luego de un gran malestar en la oposición, y aparece Borgonovo que comenzó la negociación a la vieja escuela: se concentró en los liderazgos territoriales. Se sentaron con Perotti a hablar con los intendentes y jefes comunales que tienen la mira puesta en la provincia para hacer frente a las situaciones economicas en sus respectivas administraciones. Es ahí donde Borgonovo encontro el eslabón débil del Frente Progresista, con las intendencias de Jatón en Santa Fe Capital y de Javkin en Rosario, a lo cual se suman las decenas de administraciones a mano de los radicales.
En pocos días un nuevo intento, con nombres más amables (ley de necesidad pública, alimentaria, social y de salud y otra de seguridad) y algunas concesiones hechas en negociaciones, entrarán a las Cámaras santafesinas. El intento del peronismo es que juntas o por separado, con modificaciones o no, ambas salgan aprobadas.
El texto aún no se conoce. El resultado sigue siendo incierto. Las grietas en el bloque pejotista del Senado parecen saldadas, por ahora, más aún con el retroceso de Saín, el archi enemigo de Traferri, que tiene linea directa con la vicegobernadora Rodenas. En Diputados, la historia es otra. El Peronismo solo cuenta con seis bancas sobre cincuenta, mientras el FPCyS cuenta con una mayoría automática de veintiocho legisladores y marca la cancha anticipando que no votará “megaleyes”.
Borgonovo y Perotti tienen la agenda completa: el lunes se reunieron con la UCR, el martes harán lo propio con el socialismo y el miércoles se reunirán con los líderes de UNITE. Una carrera a contrareloj para llegar con los votos necesarios a la sesión.
Pareciera que la crisis del mes de enero jugó en algún punto a favor para Perotti en lo que respecta a la emergencia en seguridad, hasta con un apoyo declarado por parte del interbloque de Carlos del Frade y Ciudad Futura (con quien el Frente de Izquierda Unidad y otros sectores polemizaron).
Resta ver el destino de la emergencia que refiere a la economía que, junto al reconocimiento implícito de la mala gestión socialista, pide superpoderes para el ejecutivo y la posibilidad de tomar 27.000 millones de pesos en deuda por parte del Estado con organismos internacionales de crédito.
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La necesidad financiera del oficialismo es menos acuciante (más allá del relato incontrastable sin audiencias públicas independientes), más aún después de que Alberto Fernández le adelantara 2.500 millones de coparticipación. Con un macrismo en desbandada y lleno de internas propias de la derrota en todos los territorios, la pelota estará en cancha opositora y pareciera que será atravesada por más disputas entre las necesidades territoriales de sus gestiones ejecutivas y las necesidades políticas de sus legisladores. Quién se imponga, marcará el primer punto de cara a la carrera por el liderazgo del progresismo ya con miras a las elecciones de 2021. Si, ya.