Un relato de opinión en primera persona de cómo impacta el aumento de casos de coronavirus en las fábricas, en los hospitales y en los barrios.
Sábado 20 de junio de 2020 13:52
“En 48 horas va a estar el resultado” me dijeron y entonces un escalofrío me recorrió la espalda. Pensé en mi hijo y sus broncoespasmos, recordé la noche que pasamos en el hospital controlando la entrada de oxígeno a sus pulmones. Pensé en la gran cantidad de mujeres y familias de Fate y en otros lugares donde estarían pasando por esta misma situación.
“A los funcionarios enseguida los testean, los aíslan, activan el protocolo rápidamente, a nosotras no” decía una enfermera del Hospital Rivadavia.
En el país la cifra de infectados se acerca a 40 mil personas y ya hubo mil muertes. Cifras que esconden una realidad profunda de la que se habla poco. Tres meses de cuarentena. Los medios hablan de que el sistema de salud puede colapsar en veinte días si los contagios continúan.
Esa noche de espera no pude dormir. Recordé a Ramona de la Villa 31 que reclamaba al gobierno algo vital: agua. 12 días estuvieron sin agua. Y ahí sentí rabia. A Ramona la mataron. Después pensé en las trabajadoras de la fábrica recuperada Madygraf, que fabricaron alcohol en gel y mascarillas para donar a los hospitales. Fueron también las trabajadoras de Mondelez, en Pacheco, quienes junto a sus compañeros pararon la producción exigiendo a la empresa medidas básicas para impedir que los contagios se propaguen por cientos, por miles. Un ejemplo de cómo podemos dar una respuesta desde abajo. Las mujeres que frente a las crisis no nos quedamos de brazos cruzados, nos ponemos al frente.
Estamos viviendo una crisis sanitaria, económica y social a nivel mundial. ¿Qué significa esta crisis? Significa que estamos en peligro, estamos expuestos al riesgo de una enfermedad muy contagiosa. Sí. Pero hay otros riesgos y es por nuestra propia subsistencia y la de nuestros hijos e hijas.
“La pandemia son los empresarios y el capitalismo” decía una pancarta en una de las marchas de los jóvenes precarizados. ¿Por qué? Porque el mundo está al revés. Un sistema irracional donde todavía hoy nuestra salud, nuestras vidas, no son la prioridad. El gobierno retrocede. Ellos avanzan. Y vienen por más.
El desprecio por nuestras vidas: en los hospitales, en los barrios y en las fábricas
María Esther, enfermera del Hospital Gandulfo, falleció porque le negaron seis veces la licencia, ella estaba en el grupo de riesgo. Julio Gutiérrez, enfermero del Hospital Durand murió hace unos días. También había solicitado la licencia por grupo de riesgo. La demora en otorgársela se cobró su vida.
En el Centro Médico Talar hay 37 trabajadores de la salud infectados y 7 están internados. Esta clínica privada despidió a tres trabajadoras por reclamar otra vez medidas elementales para prevenir el riesgo de contagio. Esther Galarza está internada por coronavirus y fue despedida. Los y las trabajadoras esenciales, las que nos cuidan y están en la primera línea.
En el barrio San Jorge de Tigre ya hay 120 casos positivos; Dos trabajadores del tren Mitre perdieron su vida por coronavirus. En las fábricas cada vez hay más contagios: 25 casos en la Coca Cola, 6 en Fate y 5 en Firestone. La lista sigue.
¿Tenemos que elegir entre contagiarnos de coronavirus o quedarnos sin trabajo? El gobierno nacional y el provincial, Alberto Fernández y Axel Kicillof, decidieron abrir las fábricas. Los empresarios solamente se preocuparon en cuidar sus ganancias, en reactivar la producción y los servicios, pero no invierten lo necesario para preservar nuestra salud. Ellos tienen un protocolo a su medida y en algunos lugares como en Firestone no cumplen con los aislamientos ni les dan los equipos de protección como tampoco las licencias a las personas en grupo de riesgo.
Mientras el presidente Fernández nos quiere responsabilizar por negligencia por no querer cumplir la cuarentena, ¿quién controla a las empresas por todo esto?, ¿quiénes son los que no cumplen?
Las mujeres al frente en defensa de nuestros hijos y de nuestras familias
Porque sabemos que hay que ponerle un freno a esta situación y para que podamos invertir las prioridades tenemos que dar un paso al frente.
Somos nosotras junto a los trabajadores y nuestros compañeros quienes podemos encontrarle una salida a esta crisis que estamos atravesando. Esa salida pasa hoy por empezar a juntarnos a discutir entre todos cómo organizamos nuestro propio protocolo, por ejemplo, en cada lugar de trabajo con comisiones de seguridad e higiene. Y enfrentar los ataques de manera coordinada, ningún despido ni suspensiones. Difundir con todo el proyecto a las grandes fortunas que presentó el FIT