Un primer análisis del acto convocado por la Corriente Federal, las CTA, el moyanismo y movimientos sociales, donde participó el sindicalismo combativo y la izquierda. El clasismo exigió un plan de lucha con medidas de fuerza.

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2
Miércoles 29 de noviembre de 2017 19:05

Una movilización política se puede medir por lo que prometieron sus convocantes y la realidad. En los últimos días, los organizadores habían planteado “esperamos un piso de 100 mil personas”. El bancario Sergio Palazzo, uno de los principales artífices de la movilización, había asegurado que "si logramos volumen en la cantidad de compañeros que nos acompañen, podemos frenar la reforma".
El acto en el Congreso tuvo su importancia, más en el medio de la pasividad de la CGT. Reflejó, aunque todavía distorsionadamente, el malestar que hay con las medidas económicas del gobierno y la posibilidad de que sindicatos con "poder de fuego" salgan a la calle a enfrentarlas. Pero estuvo lejos de la cantidad o el “volumen” que amenazaron sus organizadores. La columna de la Bancaria se destacó en la Corriente Federal, pero lejos de la masividad. Camioneros solo movilizó “el aparato”, distinto de que cuando quiere mostrar su peso. Ctera y Suteba, a pesar de anunciar un paro que no impulsaron, tampoco se jugaron. Los movimientos sociales ayudaron a completar la Plaza cuando los gremios convocantes podrían haber hecho una concentración masiva y contundente. ¿Cómo? Por ejemplo parando en sus lugares de trabajo –que en caso de Camioneros, Bancarios y otros gremios afectan importante servicios – y poniendo “toda la carne al asador”, con asambleas para debatir y convencer y una campaña que termine en una jornada de lucha contundente.
Una movilización política se puede medir por los planteos que hicieron sus oradores. Todos criticaron las reformas que impulsa el gobierno, porque fue un acto de “oposición política”. Pero fue mucho más tímida la denuncia de los pactos y negociaciones de gran parte del peronismo político y sindical. Hasta Sergio Palazzo, que venía marcando distancia, dijo que “a aquellos compañeros que defienden esta entrega de derechos, hacemos un llamado de unidad al movimiento obrero”. Para Yasky el llamado a la unidad incluye a los pequeños y medianos empresarios (explotadores) y para Moyano la clave es que los legisladores escuchen el planteo de la Iglesia.
Aunque se reivindicó la unidad de los sectores que quieran salir a las calles “a enfrentar las reformas y el ajuste”, esa unidad quieren que esté subordinada a una alianza con sectores políticos y sindicales que han sido cómplices del ajuste. Pero sobre todo, a una estrategia de "presión" para que los legisladores de la oposición tradicional voten en contra de los proyectos.
Una movilización política se puede medir por el camino que plantea para conseguir sus objetivos, en este caso “impedir las reformas laboral, previsional y tributaria”. Hoy se trataba la reforma previsional en el Congreso, un brutal mazazo a las condiciones de vida de los que trabajaron toda su vida. Allí podrían quedar expuestas las posiciones no solo del Gobierno, sino también de la oposición tradicional. Una jornada obrera contundente, con paros y una movilización masiva, podría haber golpeado los pactos que se preparan en el Parlamento.
¿Convocarán para las próximas sesiones a jornadas de lucha que realmente puedan impedir que avancen las reformas?
Y, lo más importante: ¿qué camino se planteó desde el escenario para voltear el plan del gobierno? La posibilidad de un “plan de lucha” quedó en palabras de Palazzo, pero sin ninguna precisión. ¿Dónde se va a discutir, qué medidas de fuerza incluirá, cuando empieza? “En los próximos días tendremos una reunión” adelantó el orador final.
El planteo del sindicalismo de izquierda
El Gobierno intenta avanzar, sobre todo desde las elecciones, con sus planes antipopulares. Las tres reformas, la represión a las comunidades mapuches en el Sur y una serie de medidas reaccionarias. Pero se enfrenta ante un malestar creciente contra esas políticas que atacan las condiciones de vida de distintos sectores del pueblo trabajador.
En ese marco, la movilización política de hoy tuvo la importancia de mostrar un sector de gremios, movimientos sociales y organizaciones políticas que se manifiestan contra el ajuste. Por eso el sindicalismo combativo y la izquierda estuvieron presentes en la jornada, pero con una columna independiente. Porque hay que impulsar la más amplia movilización de todos los que quieren luchar seriamente. Pero al mismo tiempo lo hizo con sus propias banderas, que denunciaron fuertemente el pacto de Macri, los gobernadores y la CGT y exigieron un plan de lucha nacional.
Como cantaba la columna del Movimiento de Agrupaciones Clasistas que impulsa el PTS-Frente de Izquierda en decenas de gremios: “abajo las reformas, queremos plan de lucha, que con esto no alcanza”. La del MAC fue la columna más destacada dentro del sindicalismo combativo, con la participación de sus agrupaciones obreras, entre ellos cerca de 100 trabajadores de la Alimentación, también importantes delegaciones de Aeronáuticos, Telefónicos y Ferroviarios, y centenares de docentes y estatales.
Si realmente quieren defender los derechos y conquistas del pueblo trabajador, las corrientes y sindicatos que convocaron el acto de hoy deberían llamar sin demoras a un plan de lucha, que incluya paros, piquetes y movilizaciones cada día que se quieran tratar las reformas.

Lucho Aguilar
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.