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Red Internacional
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PAROS EN LA MAQUILA. Conoce el papel del charrismo sindical en la industria maquiladora

El mensaje es claro: acepta tu miseria porque luchar es peor”. ¿Es esto cierto? ¿Tienen las maquilas el mismo margen de movilidad hoy que hace 10, 20 o 30 años? ¿Acaso no podemos adecuar nuestras estrategias de lucha ante la patronal, fortalecer las anteriores e incluso innovar? ¿Qué papel juegan en esto las nuevas tecnologías?

Sábado 26 de enero de 2019

A diferencia de Ciudad Juárez, se había dado una continuidad del sindicalismo tradicional anterior a la llegada de las maquilas en Tamaulipas, sobre todo por su conexión con el sector primario (agrícola).

El sindicalismo en Matamoros (CTM) llegó con cierta fuerza ante el nuevo modelo productivo maquilador, si bien ‘charros’ estos sindicatos. De alguna manera su burocracia mantuvo elementos de su tradicional forma de lucha (autolimitada) sustentada en la necesidad de buscar un mínimo de legitimidad a su liderazgo sobre los y las trabajadores, a los que se les reconoce una fuerza sustentada en su organización, una fuerza dominada y contenida pero que se ha mantenido ahí.

Este fenómeno, como nos dan cuenta algunas investigaciones académicas, no se dio en Ciudad Juárez, como mencionaremos, aunque finalmente toda la clase trabajadora de la industria maquiladora experimentó en distintos momentos y maneras no pocas derrotas y la consecuente desmoralización ante la patronal y su nuevo modelo maquilador.

A finales de los años 60’s, el sindicalismo tradicional de la CTM, o charro, irrumpe exitosamente en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la recién instalada industria maquiladora. Pero 10 años después, en medio de disputas por el control sindical de la maquiladora con la CROC, la CTM terminaría su hegemonía acompañada de constantes derrotas ante la patronal, derrotas que serían selladas con la defenestración de su principal líder, Roberto Delgado Urías, acusado (¡si se habrá visto entre sindicatos oficialistas!) de corrupción, porrismo sindical y traición al movimiento obrero.

Estos hechos desembocarían en la consolidación del “sindicalismo’ pro patronal de la CROC, que significaría el inicio de un sindicalismo subordinado, con contratos de protección, despidos de disidentes y curiosos que manifestaran el más mínimo cuestionamiento del orden laboral establecido, etc’etera.

La derrota al sindicalismo tradicional charrista que de cierta manera representó un corte con la continuidad de sus formas de lucha (autolimitadas) puede explicarse, en parte, considerando que los sindicatos en esta frontera, anteriores a la llegada de la maquila, pertenecían al sector terciario (panaderos, meseros, músicos y otros servicios) que no desarrollaron experiencias combativas y no lograron consolidarse ni conectar con l@s obrer@s de la maquila.

Pero también esta derrota se explica reconociendo la incapacidad de las direcciones sindicales locales para adecuar las estrategias de la clase trabajadora ante los retos que planteaba el nuevo modelo productivo maquilador (deslocalización del trabajo, flexibilización, etc.) en términos de control y represión.

Si bien durante más de 40 años de maquila hubo no pocos intentos de sindicalismo independiente y de coaliciones obreras, la constante fue el fracaso ante un adversario de clase versátil y renovado, de centrales obreras ya subordinadas y ante JCyA y gobierno totalmente parcializados.

El poco sindicalismo de la maquila juarense encabezado por la CROC, se convirtió en el primer y más despreciable ejemplo de subordinación sindical a una patronal transnacional.

Sin el menor empacho los líderes de la CROC (y después una CTM oficialista ya derrotada en esta frontera) renunciaron a la más mínima lucha, a cambio de que la patronal maquiladora les garantizara su parasitismo mediante las cuotas sindicales así como su permanencia al frente de sindicatos cuyas bases desmoralizadas se vieron desprovistas de la fuerza y efectividad estratégica en su lucha por mejores sus condiciones laborales (ante a una patronal que evadía las temidas huelgas con sólo migrar rápidamente al otro lado, por ejemplo).

Esta burocracia sindical (subordinada) terminó convertida en un brazo más de control y represión directa de la patronal sobre los obrer@s, hasta la fecha.

Si bien hay muchos factores a considerar, podemos atrevernos a especular que si en este momento hay miles de obrer@s luchando en Matamoros por mejores condiciones de trabajo, en parte es porque a pesar de las derrotas que ha significado para la clase trabajadora el no poder superar los retos que representó en términos de explotación y control en nuevo modelo maquilador inaugurado en Ciudad Juárez en 1966, en Matamoros, la derrota no fue tan aplastante y claudicante como en la antigua Paso del Norte, aunque esto no significa que no pueda ser retomada.

Volviendo al inicio de este escrito, mencionemos que cada que surge un movimiento, paro, o huelga de trabajadores de la Industria maquiladora, los sindicatos patronales, intelectuales orgánicos, periodistas oficialistas, etc., no tardan en recordarle sus derrotas a la clase trabajadora: “Si protestan van a espantar las inversiones y se van a ir las maquilas”.

El mensaje es claro: "acepta tu miseria porque luchar es peor”. ¿Es esto cierto? ¿Tienen las maquilas el mismo margen de movilidad hoy que hace 10, 20 o 30 años? ¿A caso no podemos adecuar nuestras estrategias de lucha ante la patronal, fortalecer las anteriores e incluso innovar? ¿Qué papel juegan en esto las nuevas tecnologías? Continuará…