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Red Internacional
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Córdoba: el rostro anticipado del país macrista

Frente a los ataques de Schiaretti y Mestre, los trabajadores deben sacar conclusiones para distinguir amigos de enemigos y prepararse para vencer.

Javier Musso Dirigente del PTS Córdoba

Miércoles 25 de abril de 2018

Decir que Schiaretti es socio de Macri no es ninguna novedad. Córdoba fue uno de los bastiones electorales de Cambiemos y el “Gringo” su anfitrión. No hubo medida que Macri no haya adornado con bailes y sonrisas junto al gobernador de Córdoba. Incluso ahora, cuando en Córdoba todos pisaron el acelerador de la disputa electoral, sigue la sociedad Nación-Provincia.

Pero podemos decir más que eso. Schiaretti fue vanguardia de muchas de las políticas estratégicas de Macri. Algunas inclusive fueron anunciadas por el presidente.

Unión por Córdoba impulsa desde hace años el Plan Primer Paso, un plan de precarización laboral de la juventud. Macri quiso imitarlo con el plan “Primer Empleo”, gracias al cual la multinacional McDonald’s contrataría a 5.000 jóvenes por $ 4.500 mensuales. La cuestión finalmente no pasó de los anuncios. En el 2017, cuando la reforma laboral ya era un secreto a voces, en Córdoba se anunciaba el acuerdo Nissan-Renault que cambiaba el convenio colectivo del SMATA. Viejos laburantes de esa fábrica cuentan que, si hasta hace unos años entrar a trabajar ahí era un gran logro, hoy es “lo que hay”. Los nuevos trabajadores cobran un 30 % menos y en condiciones de mayor precarización.

Apunten contra los sindicatos

A mediados del año pasado se desarrolló en la capital cordobesa un gran conflicto de los trabajadores de UTA (cuyo reclamo, a la luz de las cifras de la inflación del 2017, fue muy justo), que sufrieron el ataque conjunto del “partido cordobés” de Unión por Córdoba y la UCR, junto a los grandes medios afines. Si bien el radical Mestre fue el enemigo público número 1 de los trabajadores, la derrota del conflicto tuvo su expresión pejotista con la llamada “ley anti huelga” votada en la legislatura provincial. Los escribas cambiemitas reivindicaron que la línea dura de Mestre contra los choferes lo fortaleció en sectores de las clases medias y que Schiaretti, preocupado por no quedar atrás en la competencia por el electorado amarillo, salió a disputarlo con esa ley.

Lo que sucedió el año pasado no fue más que un anticipo del plan del bipartidismo. Schiaretti y Mestre, que seguramente se enfrentarán en las próximas elecciones provinciales, conforman un verdadero “frente único” que es vanguardia nacional.

Ambos saben que el ajuste no puede pasar sin cambiar la relación de fuerzas social y que esas fuerzas no son abstractas ni meras cuestiones discursivas. No dependen de los números de las encuestas ni de leyes en la unicameral (sin descartar que estas pueden traerles serios costos como a Cambiemos el ajuste jubilatorio) sino, en última instancia, de derrotar o no las “fortalezas” de los trabajadores, allí donde éstos concentran su fuerza y mantienen conquistas por las cuales pelear. Por eso el “partido provincial” elige bien sobre quién golpear. Luego de atacar a la UTA, Mestre golpea sobre el Sindicato de empleados municipales (SUOEM) y sobre el de recolectores de residuos (SURRBAC), que más allá de sus conducciones, mantienen importantes conquistas. Sólo un distraído puede no darse cuenta de que hay una línea política detrás del principal diario de Córdoba, que últimamente dedica cuatro o cinco notas de la edición dominical en defenestrar a algún gremio. El intendente busca su fortaleza electoral con demostraciones de dureza contra los trabajadores.

Schiaretti, presionado por la última derrota electoral frente a Cambiemos, quiere disputar ese electorado. Pero ojo, advertimos a los “desprevenidos” que se entusiasman con un “frente-anti Macri” de la mano del Gringo: son sólo disputas tácticas dentro de su acuerdo estratégico, que da muestras de buena salud. Unión por Córdoba es un partido parido por la procesista Fundación Mediterránea y la Iglesia Católica, y honra largamente a sus progenitores.

Y esto no sólo por su conocido manodurismo contra la juventud en los barrios populares, o su conservadurismo religioso que los lleva a rechazar el derecho al aborto. Sino por ser cabecera de un plan contra los trabajadores y mayorías populares. Los planes de Mestre son complementarios con los de Schiaretti, que empieza una guerra contra los trabajadores de Luz y Fuerza. Intendente y gobernador buscan algún rédito electoral en lo inmediato, sí, pero también avanzar todo lo posible en anotarse un triunfo a largo plazo. Como los mejores alumnos de Macri, marcan el camino para las clases dominantes: sin derrotar a los grandes sindicatos es difícil avanzar en reformas de conjunto.

La pelea por el convenio de Luz y Fuerza (conquistado en la clandestinidad de Tosco en 1975 y uno de los más importantes de Latinoamérica) no tiene el objetivo de sanear el déficit de la empresa estatal. Eso sólo lo dicen para ganarse a la opinión pública, sensible ante el avance del tarifazo energético. Como resumió un delegado del sindicato, “quieren derrotar a un sector clave del movimiento obrero para que no haya referencias para el resto de los trabajadores”. El gobierno centra su política en derrotar las fortalezas de los trabajadores para poder ajustar de conjunto.

Si derrotan a los grandes sindicatos, ¿están en mejores o en peores condiciones para atacar de conjunto? Esa es su batalla hoy y lo que atraviesa la coyuntura provincial con el ataque a Luz y Fuerza como testigo.

Su estrategia y la nuestra

Este es su objetivo de fondo. ¿Cuál es nuestra pelea?

Si algo puede quedar como balance del conflicto de UTA o cualquiera que se observe en la realidad nacional, es que es imposible triunfar sin ganar como aliados a sectores importantes de la sociedad. Cada ataque de los gobiernos, en cualquier ámbito, se construye previamente ganando la opinión pública para aislar al sector que pretenden atacar. Detrás de cada política de ajuste hay una gran campaña política. Por eso ninguna lucha de los trabajadores puede ganarse sólo en el terreno sindical. Es una lucha política por conquistar a las mayorías, tomando sus demandas. Por ejemplo, cada uno de los combates del 14D y el 18D estuvo precedido por un 80 % de la sociedad que rechazaba esa reforma jubilatoria. Por eso, la aprobación de la reforma previsional fue un triunfo parlamentario para el macrismo, pero una derrota política de la que aún no logra recomponerse.

Si el objetivo de Schiaretti-Mestre es derrotar a los grandes sindicatos para imponer una peor relación de fuerzas para el conjunto, cualquier política que quiera enfrentar el ajuste debe tener como eje esta batalla, partiendo de hacer de la defensa de Luz y Fuerza una gran causa popular. Miles de mujeres, sobre todo jóvenes, pero también trabajadoras, han llenado las calles con pañuelazos y movilizaciones masivas por el derecho al aborto. En las calles está planteado arrancar este elemental derecho históricamente negado, por peronistas, radicales y macristas. El pueblo trabajador sufre el embate de los tarifazos mientras avanza la inflación. La fuerza está en la unidad de todos estos sectores con los trabajadores que enfrentan los ataques. En esta batalla no se dirime sólo el futuro de los 4 mil trabajadores del sindicato, sino de las mayorías obreras y populares. ¿Los estudiantes van a estar en mejores o en peores condiciones para defender la educación pública si se derrota a los trabajadores de Luz y Fuerza? ¿Estaremos en mejores o en peores condiciones para defender libertades democráticas como el derecho al aborto? Y así podríamos seguir preguntando. Nos tenemos que unir en las peleas centrales para evitar que avance nuestro enemigo común, ese que pretende venir por todos.

Y sabemos, por lo que hoy muestra la experiencia internacional, que es así. Lo vemos en Brasil, donde luego del golpe institucional se avanzó primero en una reforma laboral brutalmente reaccionaria y después sobre los derechos democráticos con la militarización de las favelas y el asesinato de activistas como Marielle Franco. En muchos países europeos, los gobiernos han avanzado sobre los trabajadores y los derechos sociales, y siguieron contra los derechos de las mujeres, queriendo retrotraer conquistas como el derecho al aborto. En Francia, el gobierno avanza contra la educación pública luego de imponer la reforma laboral. Seguramente de eso hablaron Schiaretti y el ministro de educación francés, que visitó Córdoba hace unas semanas. Pero también está el ejemplo de los trabajadores de la electricidad franceses, verdaderos “Robin Hood”, que reconectaron la electricidad a 12 millones de familias que carecen de ese servicio esencial producto de las políticas de ajuste. Un gran ejemplo para los trabajadores locales de Luz y Fuerza, que se podría traducir en ponerse a la cabeza de pelear contra los tarifazos, mostrando salidas de los trabajadores a los ajustes de los gobiernos y las empresas.

De enemigos y aliados

Si ninguna pelea política puede pensarse por fuera del plan de los enemigos, si toda pelea contra el ajuste debe convertirse en una lucha popular para conquistar a amplios sectores de la población, estamos diciendo que es una lucha política donde entran en juego distintos proyectos y estrategias. La foto de la conferencia de prensa de Luz y Fuerza expresada en el semanario Electrum o la nómina de diputados que votan a favor o en contra del derecho al aborto puede ser ilustrativa. En ambas vemos una coincidencia de postura entre el kirchnerismo provincial y la izquierda del FIT, vemos que en luchas parciales se puede coincidir.

Sin embargo, esas fotos son de películas distintas. El kirchnerismo cordobés (o lo que queda de él que aún no esté en Unión por Córdoba) no tiene dudas de que lo que otros hicieron antes es el rostro anticipado de su propio futuro. Ninguno de sus dirigentes cuestiona que haya que aliarse a Unión por Córdoba para el 2019. Toda centroizquierda provincial que se opuso al “bipartidismo” o “partido cordobés”, terminó diluido en las estructuras tradicionales. Ayer fue Luis Juez, que hoy está en Cambiemos. Hoy es el kirchnerismo que avanza hacia Unión por Córdoba. La foto de legisladores K en la conferencia de prensa de Luz y Fuerza no está puesta en función de la estrategia de influenciar a una mayoría social para defender a ese sindicato, menos aún lanzar un plan de lucha del sindicato docente que dirigen. El objetivo es cubrir el flanco izquierdo de la alianza con Unión por Córdoba en el 2019.

Por otro lado, aunque seguramente el voto de los diputados nacionales del kirchnerismo cordobés a favor del aborto sea genuino, tendrán que explicar la contradicción entre su posición actual y sus 12 años de gobierno, en los que se negaron a abrir el debate por este derecho en el Congreso. Sin dudas, su alianza con Unión por Córdoba, encabezado por antiabortistas como Alejandra Vigo, debilita más al movimiento de mujeres de lo que lo fortalece una votación particular.

El kichnerismo pretende justificarse con el discurso de “la unidad del campo popular” contra el gobierno nacional. Pero cualquier persona inteligente evidencia que es imposible derrotar los planes centrales de Macri haciendo una alianza electoral con su mejor socio, responsable hoy del ataque a los trabajadores de Luz y Fuerza. La foto, como vemos, no alcanza.

La pelea del PTS porque cada conflicto como el de Luz y Fuerza se transforme en una lucha popular no tiene un objetivo mezquino ni electoral. Nadie lo puede dudar, luego de que fuimos los únicos en no especular cuando hubo que defender a los trabajadores de la UTA. O cuando fuimos una de las principales voces en contra de la “ley anti huelgas”, mientras las cúpulas sindicales enfrentaron la espada de Schiaretti con un “agarrame que lo mato”, jugando un rol verdaderamente pérfido.

Defendernos de los ataques de Schiaretti y el gobierno nacional no puede estar separado de esta lucha política. Quienes somos independientes de los gobiernos, tenemos el interés genuino en que estas luchas se vuelvan causas populares y triunfen. Desde que se iniciaron los ataques del gobierno provincial contra Luz y Fuerza, fuimos los primeros en salir en su defensa (cuestión reconocida hasta por el propio secretario general del sindicato, de quien nadie puede sospechar simpatías políticas hacia el PTS-FIT). Estamos poniendo todas nuestras herramientas disponibles para enfrentar la campaña mediática en contra de los trabajadores. Sacando balances de luchas anteriores, proponemos que los laburantes hagan política para que la opinión pública esté de su lado. Pero nada de esto va a resultar si las cúpulas sindicales o aliados ocasionales como el kirchnerismo buscan la unidad con el partido gobernante. Nuestra unidad es acompañada por la total independencia política de Cambiemos y Unión por Córdoba. Es la unidad de los laburantes de Luz y Fuerza, de todos los gremios atacados, de los estudiantes que defienden la educación pública, del movimiento de mujeres, de los usuarios de los servicios, para que unamos fuerzas contra los enemigos comunes. Estar con un pie de cada lado sólo inmoviliza a los que quieren luchar y los debilita de conjunto.

Sacar las lecciones de las luchas recientes, de los ejemplos internacionales, es vital para las peleas actuales. Se acerca un nuevo aniversario del 1 de mayo y te invitamos al acto-locro donde hablará Simone Ishibashi del MTR de Brasil y la legisladora Laura Vilches del PTS-FIT para que juntos avancemos en estas discusiones. Peleamos para enfrentar los tarifazos y el ajuste en curso, les exigimos a las centrales sindicales un plan de lucha común para enfrentar a Macri y los gobernadores. Pero este 1 de mayo también es una lucha política para que los trabajadores distingan a sus amigos y a sus enemigos, y se preparen para vencer.