Llamamos a votar por el Partido de los Trabajadores como una manera de demostrar el descontento ante la situación económica, política y moral en que nos han dejado el gobierno del PAC.
Sábado 3 de febrero de 2018

Estas elecciones han aclarado que la Costa Rica nacida del 48 ha desaparecido, por lo menos en cuanto a los partidos políticos y las reglas de las relaciones políticas con que jugaban. La redefinición de las relaciones entre las clases sociales atraviesa un periodo de consolidación por abajo y de crisis electoral por arriba.
Por abajo, entre las clases sociales, tiende a establecerse una profundización de la explotación del trabajo, cuyo mejor ejemplo es la falta de derechos políticos elementales para la clase trabajadora, como su derecho a la organización sindical, el aguinaldo, etc. Pero por arriba, ningún partido logra superar en encuestas el 25% de la intención de voto, muy lejos del 40% necesario para gobernar, lo que permite prever -salvo un movimiento vertiginoso en esta última semana que no habría que descartar por la volatidad del comportamiento del voto PAC- una segunda ronda donde parece difícil que se coloque el oficialismo, el socialcristianismo o el reformismo, donde la socialdemocracia -partido histórico de la burguesía costarricense- tiene serias dificultades para garantizar su presencia y donde, finalmente, aparece la derecha evangélica con fuerza en un estado confesional y aparece también una figura bonapartista estilo Trump; estas dos últimas opciones han llevado la voz cantante en casi todas las discusiones políticas.
El imperialismo, a través de rebajos al valor de los bonos de dólares de Costa Rica, ha presionado a la burguesía a inclinarse por Liberación Nacional mas estamos ante un escenario donde la burguesía podría perder el control político directo del ejecutivo de su estado.
El gobierno de Luis Guillermo Solís muy rápidamente demostró qué significaba el “cambio”: retención de pago a docentes en huelga y agresión policial en SINTRAJAP para abrir el monopolio del puerto de Limón en función del capital transnacional en los primeros meses de gobierno, represión aleccionadora a los pobres más pobres en el puente Térraba e incluso frente a la propia casa del Presidente, agresión a quienes se movilizaron contra el Zoo, el ingreso del protestantismo en la vida política del país (Melvin Jimenez), la profundización de la crisis fiscal, el escándalo de corrupción en torno a la compra del cemento chino que terminó por destruir el equipo cercano al gobierno y que solo por disciplina partidaria no ha llegado al propio presidente y ya para finalizar la pesca de arrastre. En este escenario de falso cambio, las iglesias evangélicas, asentadas en barriadas obreras y populares se han convertido en vehículo -reaccionario- para que aparezca el descontento social.
La reacción política se ha ensañado particularmente contra las mujeres y la comunidad LGBT, sin embargo de fondo prepara una avanzada contra la clase trabajadora de conjunto. El periodo de reacción política y de crisis de la izquierda es tan fuerte que el candidato reformista ha llamado… ¡al Papa Franciso para que entre en la contienda política contra las iglesias evangélicas! Por supuesto, el Papa que desconoce las denuncias de abusos sexuales en Chile no le ha prestado atención al pigmeo frenteamplista y, lejos de eso, la Iglesia Católica unida a las iglesias evangélicas demandan el derecho de hacer injerencia política desde los púlpitos. Por lo demás, así se paga la orientación de ser abiertamente sostén del gobierno, que podría significar para el Frente Amplio la pérdida de toda representación legislativa.
En este marco, desde el equipo militante de OS, llamamos a votar por el Partido de los Trabajadores como una manera de demostrar el descontento ante la situación económica, política y moral en que nos han dejado el gobierno del PAC, el apoyo cuasi permanente del FA, el control económico del imperialismo y la burguesía con sus partidos, el peso moral y educativo de la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas, en fin… Llamamos entonces a un voto político de denuncia y protesta en torno a las candidaturas del PT.
Sin embargo es claro que prácticamente no hay posibilidad alguna de que el Partido de los Trabajadores pueda realizar las tareas mínimas de un auténtico partido revolucionario de trabajadores como por ejemplo acceder a diputaciones. Los motivos para esto son muchos. En primer lugar la confusión política-teórica de que hace gala el PT. Un ejemplo de esto es su slogan de campaña. Un voto al PT -según ellos- sería un mecanismo de eliminar la pobreza y el desempleo. Sobra decir que ni la revolución rusa ni la cubana lograron semejantes triunfos. En otro artículo próximo veremos esta crítica a profundidad.
Respecto del feminismo, uno de los grandes elementos en discusión en la campaña, el PT hace gala de un conservadurismo vergonzoso que ha llegado a postular que el marxismo y el feminismo son opuestos. Y esta distorsión se refleja en su política para las mujeres, dónde la mayor parte de su campaña estuvo centrada en consignas asistencialistas que fomentan la maternidad. Hasta hace poco priorizaron la igualdad salarial, pero sin mencionar la necesidad de impulsar la inserción real y completa de las mujeres en el mercado laboral, consigna que acompaña el derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.
Es muy claro que las posiciones políticas del PT no tienen un fundamento teórico ni en las posiciones del Capital de Marx, el Origen de la Familia de Engels o incluso el Programa de Transición de Trotsky, etc. sino que estas posiciones políticas parecen ser un acuerdo político que le permite a la dirección del PT mantenerse dentro de un único organismo político sin que esos acuerdos -como dijimos- tengan una base estratégica sólida. El programa del PT es un acuerdo político interno pero no constituye una herramienta política que marca las necesidades más sentidas de las masas trabajadoras, de las mujeres, del movimiento lgbt, etc.
Es por esto que reiteramos el llamado a votar por el PT pero aclaramos inmediatamente nuestro llamado a todo el activismo para que construyamos un partido político con sólidos fundamentos estratégicos-políticos que incluyan la Asamblea Nacional Constituyente, una política de prohibición del despido por motivos de organización sindical de la clase trabajadora, una lucha por la jornada laboral de 6 horas diarias, por el derecho de las mujeres a decidir y por su plena integración económica, por la expropiación de sectores estratégicos, por un partido revolucionario internacional, entre otros.