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Red Internacional
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CRÓNICAS DE CUARENTENA. Crónicas de cuarentena: Teletrabajo en tiempos de COVID-19

Seguimos nuestra sección dedicada a recoger experiencias precarias en tiempos de COVID-19. Hoy Lucía nos habla del teletrabajo como empleada de una multinacional durante la cuarentena.

Viernes 8 de mayo de 2020

La crisis abierta por el COVID-19 ha mostrado la peor cara del sistema en el que vivimos. Solo en marzo hubo 1 millón de despidos y 4 millones de personas han sufrido un ERTE. Mientras, millones de personas han sido obligadas a ir a trabajar en metros y trenes atestados. Cuando llegó el confinamiento, muchos trabajadores fueron enviados a sus casas, pero debían «devolver» las horas de trabajo, y ahora comienzan sus jornadas interminables. En medio de esta grave situación, el teletrabajo fue una opción que permitió a algunos conservar su trabajo, pero que al mismo tiempo se impuso sobre sus derechos.

En el marco de la crisis las empresas no quieren renunciar a obtener beneficios y aprovechan cualquier situación para seguir ampliando este margen. Jornadas interminables, responder mails a cualquier hora, entregar proyectos pasadas las 10 de la noche… En definitiva, disponibilidad total del tiempo de los trabajadores.

Lucía trabaja como diseñadora en una multinacional. Con la llegada del COVID-19 ha comenzado a trabajar desde casa. Esto ha supuesto una situación de mayor abuso por parte de su empresa con ampliación de horario, mayor disponibilidad y flexibilización.

«Recibiendo emails hasta tres horas después de terminar la jornada, reproches por no responder a tiempo, se espera que estés disponible las 24 horas del día… Todo bajo el lema de “ahora hay que demostrar que somos más productivos que nunca”. Los jefes incluso debatían si sería posible que no cogiésemos ningún turno de vacaciones en Semana Santa, porque, total, “íbamos a estar en casa igualmente”.»

«Esta situación laboral genera aún más estrés del habitual, sobre todo si tu casa no es un lugar óptimo para trabajar. Sumado a esto, vivimos una época en la que seguir con trabajo puede considerarse un privilegio, además del hecho de poder trabajar desde casa y no estar expuesta al COVID-19, como muchas otras personas que tienen que desplazarse a diario. Ahora más que nunca se siente como una imposición de la que no nos podemos quejar y nos sentimos “obligados” o coaccionados a quedarnos una horita más, a contestar ese mail de las 21:30, para que no puedan encontrar motivos para mandarme a la calle.»

«Lo más frustrante es ver cómo te lo venden como “somos los más productivos” o “todo por nuestros clientes”. Al final siempre acaban pagando los mismos, cargando con todo el peso que eso supone.»

«Llevamos mucho tiempo sabiendo y habiendo probado que en algunos casos el teletrabajo es factible, que funciona y que no se pierde productividad. En ocasiones es positivo, se puede combinar o alternar con el trabajo en la oficina. Y no solo eso, el teletrabajo podría aportar algunas soluciones, o al menos cierto alivio, para la conciliación familiar, en el caso de familias monoparentales o bien para las personas que por unos motivos u otros necesitan pasar más tiempo en casa. Aunque en ningún caso es una solución a la conciliación. Para que esta sea real deberíamos trabajar menos, debería haber guarderías gratuitas, se deberían nacionalizar servicios que hoy quedan dentro del ámbito doméstico y que recaen sobre las mujeres principalmente.»

«En mi caso, al trabajar en una gran empresa, contamos con la infraestructura necesaria, y muchas otras pequeñas empresas podrían instaurarla si así se quisiera. Pero, como siempre, se tacha a los trabajadores de vagos, de cómo es una excusa para escaquearse y trabajar menos… cuando está más que demostrado que ocurre lo contrario.»

«Algo que hasta hace unos meses podía ser visto como un privilegio por la comodidad que suponía para la mayoría se ha convertido en una nueva norma de abuso y está creando unas expectativas y unas condiciones lamentables para los trabajadores.»

En muchas empresas como la de Lucía, desde hace años se venían reduciendo las plantillas al tiempo que se recortaban los salarios. Muchos puestos se externalizaban contratando a (falsos) autónomos o freelance, a quienes hoy las empresas despiden en primer lugar mientras sobrecargan de trabajo a sus empleados en plantilla. Esa ha sido la base en la que se apoyaban las patronales para seguir obteniendo beneficios millonarios en los últimos años de crisis. Y la base sobre la que hoy siguen avanzando para que las consecuencias de esta crisis recaigan sobre los trabajadores sin que ellos pierdan sus beneficios.

En un marco en el que hay millones de parados y gran cantidad de autónomos sin actividad mientras otros muchos son obligados a alargar sus jornadas laborales desde sus casas o a devolver miles de horas de trabajo, necesitamos pensar una respuesta efectiva. ¿No habría que repartir las horas de trabajo sin reducción salarial entre los trabajadores? Esta sería una medida básica para enfrentar la situación de desempleo a la nos quieren llevar gobiernos y patronales mientras que otros se ven obligados a trabajar jornadas interminables.

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