Tras más de un mes transcurrido después de las elecciones, los principales actores políticos llamados a desatascar esta situación de impasse no son capaces de dar con una fórmula, que además de objetivamente rocambolesca, está cruzada por tensiones internas, carreras políticas en juego y corrupción.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Lunes 1ro de febrero de 2016
Foto: EFE/ Paco Campos
Elecciones anticipadas, único horizonte para el Partido Popular
Fernando Martínez-Maíllo ha comparecido hoy ante los medios tras el Comité de dirección del PP presidido por Mariano Rajoy para dejar claro que su partido no apoyará ninguna fórmula de gobierno que no contemple a su candidato como Presidente.
El vicesecretario de comunicación ha expresado formalmente algo que desde Génova vienen reiterando desde el pasado 20D, que desde las filas populares se vetará "cualquier propuesta de gobierno que no encabece Rajoy".
Con la configuración del tablero político actual y con la negativa por activa y por pasiva de Pedro Sánchez a cualquier entendimiento, el camino que ha emprendido el PP parece tener un solo destino: nuevas elecciones.
Si bien el cuaderno de bitácora parece tener coordenadas claras, menos “esperanzador” resulta el equipaje. El Partido Popular apuesta a unas nuevas elecciones con un líder que ya no despierta entusiasmo ni siquiera entre algunos de sus colegas de partido, como no se cansa de recordarlo Esperanza Aguirre y su exigencia de “sacrificio personal”. A buen entendedor pocas palabras bastan.
Sumado a una figura en decadencia política y mediática, en Génova se amontonan las citaciones judiciales, siendo estos últimos días un verdadero calvario para los conservadores. Con la caída casi en su totalidad de la cúpula del PP valenciano, ya no hay alfombra suficientemente grande bajo la cual esconder tanta corrupción.
Agarrados al clavo de agitar las batallas internas del Partido Socialista, el PP parece tirar la toalla de cara a formar gobierno, y dicta rumbo a unas nuevas elecciones.
PSOE: lucha a muerte por la supervivencia
El PSOE se encuentra sumido en una batalla interna de impredecibles resultados entre la actual dirección de Pedro Sánchez y los barones, que tienen a la lideresa andaluza Susana Díaz como representante.
Si hace unos días quién lanzaba un dardo era Pedro Sánchez al asegurar que consultaría con las bases los acuerdos políticos con Podemos, el último capítulo lo ha retransmitido la Cadena Ser. La “filtración” de los debates internos y las críticas de Díaz a Sánchez no ha supuesto una novedad o exclusiva política, pero si el inicio del “juego sucio”.
Tras la filtración, pasaron pocos minutos hasta que desde Ferraz se emitió un comunicado expresando su “indignación” por las filtraciones, además de obviamente lamentar los hechos. A pesar del comunicado, desde el sector crítico, Susana Díaz y compañía apuntan a Ferraz como “el gran filtrador”, acusaciones que han sido tachadas de “vergonzosas” desde el sector afín al candidato socialista, puesto que las filtraciones a quien dañan es a Pedro Sánchez, pues lo muestra como un líder débil incapaz de controlar a su propio partido.
El debate sobre la formación de Gobierno y la posibilidad de un pacto con Podemos está haciendo crujir al PSOE. Toda una metáfora de la crisis del sistema de partidos que el 20D puso crudamente de manifiesto. Pedro Sánchez no sólo quiere ser presidente del Gobierno, sino que debe serlo para no ver finalizada su carrera política antes de tiempo. Un destino que Susana Díaz está más que dispuesta a facilitarle para dar el salto al mando de un PSOE en la oposición, con tiempo de asentarse en el sillón de Ferraz y con la tranquilidad de no tener que ser la ejecutora de los recortes que aún quedan por venir a “consejo” de la Troika.
Sin pacto a tres no hay Ciudadanos
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, no se cansa de lanzar lazos de unión. Al principio no cerró la puerta al PP a pesar de su “lucha” contra la corrupción. Visto lo visto, miro hacia el otro lado y aseguró que no “bloquearía un gobierno reformista que buscara cambios como su formación”. Guiño a Sánchez. Hoy Rivera sigue su camino y destaca sus coincidencias con el PSOE, al asegurar que la formación socialista y la suya tienen mucho más en común que la que puedan tener el partido socialista y podemos.
Frente a la posibilidad de votar a Sánchez, Rivera ha contestado “¿Votar a Pedro Sánchez? No considero ir a la luna, pero tampoco lo descarto. Una forma elegante de guardar la ropa ante la posibilidad de unas nuevas elecciones, pero a su vez de mostrarse más que abierto al entendimiento. El problema para la formación de Rivera es que, sin un tercer tripulante, no hay nave que surque. Y las declaraciones de Pablo Iglesias y del propio Fernando Martinez-Maíllo dejan pocas esperanzas a la formación naranja de ser quienes faciliten un nuevo gobierno entre los dos grandes partidos del régimen.
Los deseos y los problemas de Podemos
Si hay una formación que se está moviendo en todos los frentes para que haya gobierno sin necesidad de unas nuevas elecciones, esa es Podemos. Reclaman más presencia y peso institucional al monarca, rebajan líneas rojas en las negociaciones, reiteran voluntades y llaman a crear un “gobierno del cambio” con la “casta” del PSOE… Las presiones para que no haya unas nuevas elecciones son palpables en la formación morada, y es que no todo son alegrías tras los buenos resultados del pasado 20D, puesto que unas nuevas elecciones también le generan contradicciones.
En primer lugar, parece que desde las confluencias le crecen los enanos a Podemos. Colau lanzó la semana pasada la necesidad de crear un nuevo partido de izquierdas en Cataluña. Este anuncio muestra en primer lugar la incapacidad que hasta la fecha ha tenido la dirección de Podemos de establecer una dirección fuerte y afín a los dictados de Madrid. Y en segundo lugar tensiona la relación con Podemos, una vez éstos no pudieron conseguirle grupo propio en el Congreso a En Comú, y después de rebajar la línea roja del referéndum para Cataluña.
En segundo lugar, un escenario de nuevas elecciones reabriría el debate sobre una mayor confluencia y la integración de Izquierda Unida en la segunda ronda. Un trago que supuso mucho desgaste para la dirección de Pablo Iglesias y qué, con un Alberto Garzón que pudo mantener un botín de votos superior al millón, se presupone más complicado de zanjar frente a las presiones “desde abajo” para que la tan ansiada confluencia se haga realidad.
En tercer lugar, frente a unas nuevas elecciones Podemos podría sufrir un varapalo por uno de esos mecanismos que buscan hacer del Régimen político del Estado español un coto privado de negocios. El problema económico y la incapacidad de contar con suficiente liquidez para afrontar una nueva campaña electoral es una situación delicada que le dejaría, desde el inicio, en clara desventaja frente al resto de partidos del Régimen, que reciben suculentas primas desde las arcas públicas además de ser “subvencionados” por entidades bancarias.
En conclusión, puede que Iglesias y Errejón están más preocupados de lo que parece por las dificultades de llegar a un pacto con el PSOE. Es decir, lo opuesto de lo que piensan quienes han visto en la oferta de Iglesias una “gran maniobra política” para desbaratar al Partido Socialista y no una salida conservadora del partido morado para afianzar sus posiciones conquistadas en un nuevo pacto de estado que permita avanzar en la regeneración del maltrecho Régimen del ‘78.
La crisis de Régimen se profundiza
Sigue sin haber gobierno, y lo que es peor, no parece que la aritmética y las posiciones asumidas vayan de la mano para tirar un cable al establishment económico y a la Troika, ansiosos de que exista ya un ejecutivo que pueda poner de nuevo en marcha la maquinaria austericida.
El panorama de unas nuevas elecciones no es esperanzador para aquellos que les inquieta la ausencia de nuevo gobierno. Primero por los tiempos, alargando en más de tres meses (con suerte) el inicio efectivo de gobernabilidad. En segundo lugar, porque en base a la ley electoral, al reparto de votos del 20D y a la presencia territorial de los partidos, no parece que puedan haber muchas más soluciones. No parece posible, a priori, un escenario cualitativamente diferente al actual. Congresistas arriba, congresistas abajo, el puzzle está formado.
El Régimen con todos sus actores busca mediar en una salida rápida. El monarca, la Troika, la CEOE, los burócratas sindicales… pero la solución parece estar aún lejana. Y con ello, la crisis del Régimen del ’78 sigue avanzando sin pausa.