Ambos países acordaron formalmente el miércoles el restablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales para abrir embajadas a partir del 20 de julio. Los gestos, los negocios y la diplomacia vaticana.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Jueves 2 de julio de 2015
Foto: Reuters
Los presidentes Raúl Castro y Barack Obama confirmaron mediante cartas enviadas por sus representantes la decisión de avanzar en la apertura de embajadas en ambos países a partir del 20 de Julio.
El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, viajará a La Habana a fines de este mes a una muy simbólica ceremonia de izamiento de bandera para reabrir la embajada estadounidense en la capital cubana. Este hecho fue tomado por Obama en el discurso que ofreció el mismo miércoles en la Casa Blanca, en el que aseguró que "hace un año pudo parecer imposible que Estados Unidos volviera a izar su bandera, de barras y estrellas, en una embajada en La Habana".
En tanto, Castro sostuvo "que la parte cubana asume esta decisión, animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación", según una carta dirigida a Obama y que fue leída por la televisión estatal.
Después de 18 meses de negociaciones secretas apoyadas por la mediación del Vaticano y el Gobierno de Canadá, tanto Obama como Castro habían anunciado en diciembre pasado el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas en sus respectivas capitales.
Con este hecho culmina una primera etapa de negociaciones que incluyó la liberación de presos exigida por ambos países, la reunión de los dos mandatarios durante la Cumbre de las Américas en Panamá y la eliminación de Cuba de la lista de países que “patrocinan el terrorismo” por parte de Estados Unidos. Sin embargo existen aún muchos puntos a resolver, empezando por el bloqueo económico que EEUU mantiene sobre Cuba y que parece difícil que se resuelva en lo inmediato teniendo en cuenta que depende del congreso que hoy tiene mayoría del partido Republicano.
Raúl Castro, que ha hecho un lema de la máxima “sin prisas, pero sin pausas”, en cuanto a los ritmos de la apertura económica que lleva adelante el gobierno de la isla, señaló el miércoles que "será un largo y complejo proceso hacia la normalización". Y agregó, "no podrá haber relaciones normales entre Cuba y Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias al pueblo cubano y es el principal obstáculo al desarrollo de nuestro país".
Cuba también exige a Estados Unidos la devolución de la base de Guantánamo. El gobierno estadounidense por su parte sigue exigiendo una mayor apertura en términos políticos y cuestiona la “política de derechos humanos” en la isla. Para esta tarea Obama cuenta con un aliado de lujo en el Vaticano.
El Papa Francisco, no solo colaboró durante el período de conversaciones secretas entre ambos países sino que se ha convertido en un nexo fundamental de las negociaciones en curso. Mientras que se hace eco de las críticas de Obama, también se muestra como un aliado de Castro al interior de la isla. De hecho la iglesia católica es la principal organización no gubernamenal que está legalmente reconocida por el gobierno de la isla y que ya es un actor de peso en la política cubana.
La gira del Papa por Cuba y EEUU en septiembre próximo no va a hacer más que fortalecer esta posición de la iglesia como mediación y como interlocutor dentro de la isla.
Este fortalecimiento de la Iglesia es algo que Raúl Castro apoya y deja correr, porque es la institución que puede cumplir el rol de “válvula de escape” ante las tensiones que se pueden generar por los efectos “colaterales” de una apertura económica desordenada o un des-control al interior de la burocracia gobernante en los procesos de transición política (Ver Cuba: tiempos de “deshielo” con el imperialismo).
El lobby para ganar mercado
Aunque los tiempos del levantamiento del bloqueo económico pueden ser más largos, el lobby político y empresarial en Estados Unidos trabaja a ritmo frenético. Desde el anuncio de restablecimiento de relaciones diplomáticas, las calles de La Habana son frecuentemente visitadas por políticos tanto demócratas como republicanos, junto a representantes empresariales que están deseosos de conseguir una porción de ese mercado que significan los 11 millones de cubanos que habitan la isla, a tan solo unas pocas millas de las costas norteamericanas.
En los primeros meses del año una comisión bipartidista presentó al congreso estadounidense una serie de proyectos para habilitar el comercio con la isla y desmantelar parcialmente el bloqueo. Detrás de estos proyectos se encuentran varias de las principales empresas agroalimenticias y algunas de las cámaras de comercio que cuentan por millones los negocios que se están perdiendo.
Lógicamente no guía sus reclamos el carácter criminal del bloqueo que pende sobre la isla desde hace medio siglo sino las perspectivas de apertura capitalista en la economía cubana, y las ganancias extraordinarias que ese nuevo mercado les pueda significar.
Esta imagen quedó plasmada hace dos semanas en un bar de Wáshington en el que se presentó oficialmente la coalición Engage Cuba, auspiciada por políticos de ambos partidos y financiada por empresas como Cargill, Procter & Gamble y Caterpillar. Entre copas y tragos cubanos se los vio a la jefa del grupo negociador del presidente Obama en las conversaciones con Cuba, Roberta Jacobson junto con José Ramón Cabañas Rodríguez, el jefe de misión en la Sección de Intereses de Cuba en Washington.
Debajo de la superficie, donde el mundo de la política parece estar dividido sobre los ritmos del deshielo entre Estados Unidos y Cuba, el mundo de los negocios y el lobby empresarial ya puso proa hacia la isla y quiere avanzar a vela desplegada.

Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario