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Red Internacional

Se Tenía Que Decir. Curiosidades: ¿cuál es la historia del corpiño?

¿Quién no sintió alguna vez que llegar un viernes después del laburo a casa y sacarse el corpiño era el momento más liberador de la semana?. Ana Sanchez y su columna histórica del viernes en el noticiero Se Tenía que Decir.

Viernes 19 de junio de 2020 | Edición del día
¿Cuál es la historia del corpiño? - YouTube

Bueno hoy les traigo algunas curiosidades de la historia que me parece que les van a gustar conocer y quizás van a despertar comentarios…

¿Quién no sintió alguna vez que llegar un viernes después del laburo a casa y sacarse el corpiño era el momento más liberador de la semana?

Bueno como ahora estamos en cuarentena o saliendo mucho menos por el virus y pasamos más tiempo de “entre casa”, las mujeres, travestis y transgéneros, las personas que solemos usar corpiño, lo estamos usando menos. Y como todo ahora es un twitter, a partir del comentario de una joven que posteó “se acuerdan de los corpiños? (...) yo al corpiño no vuelvo”, haciendo referencia a los cambios en nuestra vida por la cuarentena, empezó un debate sobre su uso que tuvo muchos comentarios.

Muchas lo dan por muerto, otras descubrieron que podían usarlo como tapabocas y también se reflotaron viejos debates sobre si está bien que se marque o no el pezón de la mujer, si usar corpiño es tema de salud o solo imposición, etc.

No es la primera vez que salta esta idea de libertad femenina asociada a la “muerte” de una prenda como podría ser en este caso el corpiño. A lo largo de la historia la moda fue muy opresiva con los cuerpos de las mujeres y fueron necesarias revoluciones y cambios profundos en la sociedad para poder tener mayor libertad y comodidad para nuestros cuerpos.

Antes de meterme en la historia del corpiño en particular quiero comentarles que hay mucho escrito sobre la historia de la moda y sus significados . Resumiendo, podemos decir que la moda es una signo, lo que usamos o lo que nos imponen que tenemos que usar es algo que está más allá de la función que cumpla cada prenda en sí, sino que está cargada de significación, social, política, económica y cultural.

Bueno, ahora sí, vamos a los corpiños. Las primeras en usar una prenda propia para sujetar los pechos, fueron las mujeres de Creta, en Grecia, unos 1.700 años A. de C. Lo sabemos por imágenes halladas en ruinas, donde aparecen mujeres que llevan como prenda algo parecido a un corsé que empujaba los pechos desnudos hacia arriba, una especie de “sujetador”, que no llegaba a cubrir los senos, pero que los resaltaba.

Tiempo después, en el Imperio Romano, las mujeres se ponían unas bandas alrededor del pecho, marcando así las primeras huellas del corpiño. Entre las romanas usar “sujetador” era sinónimo de ser civilizada, contrario a las mujeres bárbaras, que llevaban los pechos libres.
En la Edad Media había prendas parecidas, pero de nuevo, eran usadas sólo por las mujeres de las clases altas y de la nobleza. Las plebeyas, campesinas y vasallas no utilizaban este tipo de prendas.

Llegando a finales del Siglo XVI nos encontramos con el más reconocido antecesor del actual corpiño, el corsé. Para mi, un símbolo total de opresión. Eran unos artefactos construidos con varillas de acero, diseñados para estrechar la cintura de las mujeres, realzando y sosteniendo el busto. Así, se iniciaron varios siglos de tortura. Porque el corset les aplastaba el diafragma y hasta podía llegar a deformar la cavidad pulmonar, y provocar el desplazamiento de órganos. A pesar de que traía problemas de salud, usar corset se se fue popularizando y pasó a ser una prenda utilizada por la mayoría de las mujeres.

El corpiño tal cual lo conocemos hoy, podemos decir que surge gracias a una revolucionaria. Herminie Cadolle fue una joven costurera francesa feminista y revolucionaria que participó junto a Louise Michel de la Comuna de París en 1871. Se le ocurrió que podía cortar el corset en dos partes y liberar así el cuerpo de las mujeres, dando origen al primer corpiño.

Pero esta idea no le ganó al corsét que seguía siendo usado por la mayoría. Hasta que en 1914, Mary Phelps-Jacob patentó el primer diseño de un corpiño, muy similar al que usamos actualmente. Poco después vendió la patente a las principales tiendas y la prenda empezó a estar en todos los armarios.

¿Por qué ahora sí funcionaba aquella idea de la comunera francesa? Porque ese mismo año, 1914, empezó la Primera Guerra Mundial. Esto trastocó absolutamente todo. Mientras los varones iban al frente de batalla, las mujeres se ocupaban de la producción en las fábricas, se incorporaban al mundo laboral y la rigidez de movimientos que provocaba el corsé era incompatible con el nuevo rol que les tocaba ocupar. Además, fabricar un corsét requiere metal, que por aquellos años era muy preciado para la industria armamentística. En 1917, la Junta de Industrias de Guerra de los Estados Unidos pidió a las mujeres estadounidenses que, para ayudar a que sus “hombres ganaran la guerra”, no usaran o compraran corsés.

Así fue como el corpiño se popularizó y todas las mujeres comenzaron a usarlo. La moda hizo lo suyo y fue imponiendo diferentes estilos a lo largo de las décadas. Pasó también a convertirse en una prenda erótica. Se crearon nuevos estereotipos.

Por eso, en los años 60, un momento revolucionario y de ascenso del feminismo en muchos países ¿a dónde fueron a parar los corpiños? A la hoguera. En 1968 en Atlantic City, en vísperas del concurso de belleza Miss América mujeres feministas y otros defensores de los derechos civiles organizaron una hoguera para tirar ahí todos los objetos que podían ser símbolos sexistas y que impusieran estereotipos a las mujeres, como forma de protesta. Ardieron ruleros, ejemplares de la revista Cosmopolitan, zapatos de taco, fajas, pestañas postizas, maquillaje, entre otros.

Y así llegamos hasta nuestros días, con el avance del movimiento de mujeres, volvió a surgir este debate, hace unos años estuvo el Tetazo, no se si se acuerdan y ahora vuelve con la cuarentena. Son muestras de que la vida y los cuerpos de las mujeres siguen siendo hechos políticos, sobre todo cuando nos animamos a desafiar el orden de lo establecido.






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