En reunión con empresarios, el canciller anunció que no se presentará como candidato para las elecciones presidenciales del 2018.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Viernes 4 de agosto de 2017
Luis Videgaray, uno de los personajes de la política mexicana que sonó el año pasado como probable candidato del PRI para ir a las elecciones presidenciales de 2018, declinó este jueves de manera pública.
Justificó su decisión explicando que es el principal actor en las renegociaciones del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y que por una decisión personal ha dado ya su negativa al partido para presentarse como posible presidenciable.
“Es una decisión indispensable para poder hacer bien mi trabajo, particularmente para cumplir el reto de la renegociación con Estados Unidos”, afirmó el canciller durante el Foro de Inversión en México que se llevó a cabo en Japón.
Sin embargo se trata de una salida elegante para un personaje que vio como sus posibilidades de llegar a la presidencia fueron cayendo, en la medida en la que el mismo presidente Peña fue perdiendo popularidad. Videgaray era hasta ayer uno de los "presidenciales" priistas con menor índice de aprobación, alrededor de un 2%.
La “bendición”: el vecino del norte
El canciller por otro lado habló de la relación de México con estados Unidos, y afirmó que nuestro país “tiene la bendición de ser vecino de la economía más grande del mundo”
Señaló lo importante que es para él la colaboración en materia de mercado y de combate a las drogas, y lo esencial que es el vecino del norte en el desarrollo del país.
Defendió a Peña Nieto tras ser cuestionado por la relación con Donald Trump, y agregó: “A México le conviene que le vaya bien a Estados Unidos, y al revés”
Oídos sordos
Luis Videgaray ha sido uno de los personajes más cercanos a Peña en el sexenio, en distintos puestos ha intentado salvar el barco del presidente que desde un inicio se veía frágil. Aunque lo ha mantenido a flote, Peña Nieto tiene bajísimos indices de popularidad, y un 74% desaprueba su gestión.
Hoy como encargado de las renegociaciones del TLCAN, y desde un poco antes, ha insistido en no escuchar a las necesidades de las mayorías y ponerse únicamente del lado de los grandes empresarios, cuidando los intereses de la clase política y empresarial al no poner en riesgo de ninguna manera la relación con el presidente Trump.
El gobierno mexicano, sus instituciones y sus representantes ponen como moneda de cambio la calidad de vida de las y los trabajadores, y fortalecen los lazos entre la clase política y empresarial intercambiando favores entre sí.
Por eso, la unidad de los trabajadores será determinante en este tiempo, en el que a ambos lados de la frontera seremos los sectores populares los que paguemos los tratos que desde arriba pretenden cerrarse.