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Red Internacional
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DESPUÉS DE LA GRAN ELECCIÓN, EL DEBATE. Del Caño: ¿quién lo vota?

Un importante diario de la provincia de Mendoza tituló ayer “Del Caño dejó de ser una sorpresa y quedó segundo”. Ambas cosas son ciertas. Nicolás fue el segundo candidato más votado al cargo de Intendente con el 14% de los votos, un resultado sin antecedentes en la izquierda para una candidatura ejecutiva. Pero, a diferencia del 2013, no hubo sorpresa: el FIT se viene consolidando como fuerza política nacional y provincial, y su buen desempeño en estas elecciones era esperado por el notorio crecimiento de la simpatía por Nicolás y la izquierda que habrían llegado para quedarse.

Lautaro Jimenez

Lautaro Jimenez Docente y dirigente del PTS @LautaroJ_PTS

Martes 24 de febrero de 2015

El año pasado el debate que cruzaba toda la política mendocina era qué pasaría con el voto que había convertido a Nicolás en la revelación de las PASO 2013 y luego en el primer diputado nacional de la Izquierda por nuestra provincia. Desde el “efecto espuma” al “voto lástima” se dieron múltiples interpretaciones, pero muy pocos imaginaron que el espacio del FIT se tendería a consolidar de la mano de una práctica política disruptiva como la que que viene llevando adelante desde las bancas del Congreso, la Legislatura y los Concejos Deliberantes. Acompañando las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud en las calles, y llevando adelante su programa contra la casta política con sus sueldos de 8.500 pesos y las denuncias contra los privilegios de los que gobiernan para los grandes empresarios.

Ahora lo que se discute es quiénes votan al FIT y sobre qué sectores se sustenta el fenómeno de Nicolás del Caño. El profesor universitario peronista, Marcelo Padilla sigue empeñado en ver el mundo desde la viscosa ventana de Ciencias Políticas; y sólo encuentra justificación de los sucesivos éxitos electorales del FIT en la simpatía que encuentran sus candidatos en la clase media de la Ciudad. Para Padilla los votos obtenidos por los candidatos trotskystas provienen de los sectores más altos de la clase media, hostiles a los “morochos peronistas”. Otros escribas de la blogósfera peronista, como Abel Fernández, le responden que no debería ofuscarse tanto porque surja algo a la izquierda del kirchnerismo, y que más bien deberían abocarse a entender por qué en los barrios obreros sigue creciendo el voto a la izquierda no peronista. Abel entiende esta fuga de votos que sufre el peronismo en los barrios pobres por el crecimiento de las aspiraciones de ascenso social de los trabajadores, que sentirían más clase media que otra cosa.

Sin dudas entre los barrios de clase media asalariada y profesional, el FIT ha ganado un espacio importante que le permite obtener resultados en las mesas de la 6ta y la 1ra sección que van desde 8 al 16%; favorecido por la ausencia de una centroizquierda fuerte (tanto en Mendoza como a nivel nacional).

La centroizquierda kirchnerista “unida y organizada”, no logró superar en cantidad de votos al decadente PD (5,38 a 5,40%) a pesar de sumar a su influencia político-cultural a los aparatos clientelares que usaron en los barrios del oeste, con prácticas que poco y nada se diferenciaban de las del sciolista Aranda. Y esto, mal que le pese a Padilla que reniega de su pertenencia a éstas tribus, es producto de la política kirchnerista de pasivización de estos sectores, que ya no se movilizan ni los 24 de marzo, y la indigerible dieta de sapos a la que Cristina los ha sometido en los últimos años desde Jaque a Milani, pasando por Berni. Por su parte, la centroizquierda sojera es tan vetusta como incapaz de mostrar como proyecto algo que no sea una fotocopia deslucida de la Alianza de De la Rúa. Ambas políticas son incapaces ya de seducir a muchos de los antiguos simpatizantes del Frepaso y la herencia alfonsinista, y -por sobre todo- a la juventud.

El FIT ha sabido crear un tercer polo político enfrentado al consenso derechista de la oposición patronal y del kirchnerismo que prepara una transición hacia Scioli; con el que se identifican franjas cada vez más grandes de jóvenes que rechazan los discursos xenófobos, represivos y “provida”. Ningún candidato de proyección nacional por fuera del FIT se digna a reivindicar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, a denunciar a las multinacionales yanquis como Lear o la burocracia corrupta de Pignanelli y Pedraza. La izquierda del FIT es la única coalición política nacional que lucha por estos derechos democráticos elementales, y con él están simpatizando cada vez más quienes se identifican con ellos.

¿Esto explica el fenómeno de Del Caño? Sólo en parte, ya que los resultados verdaderamente extraordinarios se dieron en los barrios de la clase trabajadora precarizada. Abel toma nota de esto, pero al igual que Padilla, entiende que los pobres deberían naturalmente subirse a las tráfics del PJ, recibir su bolsón de comida y tener la ilusión de entrar a trabajar al municipio, o -si tiene suerte- ser celador en una Escuela. Pero una vez que logran poder irse de vacaciones a Chile con su familia en el verano “ya no están entre los de abajo”, votarán a un Binner o a un Cobos, como ayer a la Fernandez Mejide y De la Rúa. No comprenden que la última década no ha sido una “gran fábrica de clase media”, que la hay tanto como la hubo bajo el menemismo; sino de una nueva clase obrera que puede aspirar tener a líderes Nicolás del Caño, Pablo López (Salta) o Alejandro Vilca (Jujuy), “uno de los nuestros”, como representantes políticos de sus aspiraciones: terminar con la precarización laboral, poner un freno a la brutal dictadura patronal en los lugres de trabajo, y los escandalosos privilegios de la casta política.

Su interpretación puede explicar que en los barrios pobres como los de La Favorita, a donde la clase trabajadora precarizada vive rodeada de trabajadores desocupados o que sobreviven de la venta ambulante y las changas; el peronismo pueda actuar aún con la escuela de la mazorca bonaerense. Así es como en sus mesas, el FPV sumado le ganó incluso a la UCR y triplicó e incluso cuadriplicó a los votos del FIT que igualmente fueron muy altos (entre el 10 y el 14%). Ya no eran sólo los punteros del municipio radical y del “aparato de Aranda”, los que le tomaban lista en las mesas a la gente que traían a votar en tráfics, eran también los pibes de los centros culturales hoy subsidiados por el gobierno nacional y los militantes del “banquito de la buena fe”, los que le marcaban el voto a la gente.

En cambio en los barrios obreros como el Bº San Martín y de la 4ta y 3ra Sección, donde los resultados del FIT iban desde del 18 al 26% en todas las mesas, esta interpretación es desmentida. El domingo se pudo ver lo mismo que sucedió en el 2013 en el Gran Mendoza, a donde los resultados más altos del FIT se registraron en los departamentos más proletarios de la provincia: Las Heras (18%) y Maipú (17,5%), con barrios enteros a donde Nicolás superaba el 25% de los votos.

Lo que Abel considera un pensamiento clasemediero, es algo completamente distinto. El voto al FIT en los barrios populares, expresa el desarrollo de un independencia política de franjas cada vez más grandes de la clase obrera, de la nueva clase obrera; la que realmente sostuvo el crecimiento económico de la última década, sosteniendo sobre sus espaldas una de las tasas de ganancia capitalista más grandes del mundo a costa de una precarización laboral extrema, con jornadas laborales de 12 o 14 hs, con una formación académica que no le retribuye en nada haber estudiado cinco años en un terciario o una universidad, para tener que ir igual a un secadero como son los call centers, el comercio, las fábricas o el propio estado. La ruptura definitiva con el peronismo, no será ciertamente sólo un proceso electoral; sin una masiva y combativa movilización de estos sectores, que alcance la masividad de las jornada de Junio en Brasil, pero supere en dimensiones históricas a las movilizaciones del 75 contra el Rodrigazo, enfrentando al peronismo en el gobierno, el peronismo siempre tendrá chances de recuperar su control político, aún en las formas degradada que hemos visto en las últimas décadas.

Los que le adjudicaban al marxismo el tener una visión arquetípica y esencialista de la clase obrera, son ahora los más incapaces de ver que es una nueva clase obrera la que está impulsando fenómenos como el de Nicolás del Caño, que desde una coalición electoral clasista como el FIT y una práctica política ligada a las luchas, comienza a ganar para las ideas de la izquierda a decenas de miles que nunca antes se habían identificado de esta forma.

El resultado del domingo fue sin dudas un gran espaldarazo para el FIT en Mendoza, pero es aún sólo una parte. La gran ausente en las urnas el pasado domingo fue la juventud. Durante la mañana los fiscales del PTS, que cubrieron la mayoría de las mesas del sufragio, venían sin sorpresa que el la abrumadora mayoría de los que concurrían a votar durante la mañana tenían más de 35 años; esperaban que durante la tarde esto se revirtiera, como ocurre normalmente. Pero lo cierto es que esto no ocurrió, la juventud no le encontró sentido a esta elección y fueron muy pocos los que concurrieron a votar. Esto limitó las posibilidades de crecimiento del FIT en esta elección, ya de por sí hecha a la medida de la UCR y el PJ que la convocaron en medio de las vacaciones, le quitaron la publicidad en radio y televisión al resto de los partidos mientras ellos usaban los millones de la publicidad oficial, y hasta le quitaron el derecho al voto a los jóvenes de 16 y 17 años. Por ellos se puede decir, que el panorama podría incluso mejorar para la izquierda si en las próximas elecciones el voto de la juventud se hace sentir.