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Red Internacional
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Frente Amplio. Del peligro de la parlamentarización a la institucionalización

Quedando pocos meses para el cierre del 2018, las organizaciones del Frente Amplio comienzan a trazar los caminos a recorrer para próximo año. Estando las próximas elecciones a la vuelta de la esquina, las tensiones internas aumentan y debelan la debilidad estratégica de las alianzas electorales que constituyeron el FA en el 2017.

Antonio Paez

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Domingo 23 de septiembre de 2018

Cuando a finales del 2017 el naciente Frente Amplio (FA) vió el salto cualitativo que había pegado su representación parlamentaria, la mayoría de las organizaciones y sus dirigentes no pudieron ocultar su felicidad.

Por años la política chilena había sido hegemonizada por dos sectores que representaban el consenso neoliberal y aunque fuerzas menores intentaban disputar las migajas que la Concertación y la derecha permitían, estas estaban imposibilitadas de llegar a jugar a las grandes ligas.

Por eso el fenómeno del FA no dejó a nadie indiferente, más aun considerando que el Frente Amplio representó a más del 20% del electorado que fue a las urnas.

Pero a la instalación del gobierno y a la necesaria delimitación del proyecto parlamentario las diferencias al interior del conglomerado comenzaron a estallar.

Las últimas semanas han sido complejas para el sector, debido a las constantes querellas públicas que humanistas y liberales han cruzado en los pasillos del congreso, polémicas que también han alcanzado a referentes como Boric y Mayol entre otros. Pero de conjunto estas polémicas tienen más que ver con la imposibilidad de constituir un acuerdo estratégico-programático que de "exceso de caudillismo".

La parlamentarización como consumación

Para el Frente Amplio contar con una representación parlamentaria de 20 diputados representó desde el comienzo un enorme desafío ya que el actuar de sus representantes en el congreso iba a ser la primera prueba para organizaciones que nunca habían tenido la posibilidad de incidir con voto en los debates institucionales.

Pero el riesgo de la parlamentarización se venia gestando antes de que juraran esos 20 diputados.

Las organizaciones como Revolución Democrática, Izquierda Libertaria o el Movimiento Autonomista ya venían desde antes del 2017 practicando la política de la incidencia en el trabajo legislativo, utilizando al movimiento estudiantil como base de maniobra para la presión sobre las y los diputados que luego votarían en la cámara.

A diferencia de años anteriores, el movimiento estudiantil no era necesario que se movilizara ya que 20 diputados podrían ejercer esa doble presión para torcer la mano a la política tradicional y así ensanchar la política de lo posible.

Pero, al parecer el proyecto de democratizar Chile era demasiado ambicioso para el 2018, así que fue mejor seguir el consejo de Aylwin y hacer política en la medida de lo posible y esperar hasta el 2022.

Así, mucha de la energía de las organizaciones que poseen parlamentarios se destinó a "realizar la pega". Dirigentes sociales, sindicales y políticos abocados a trabajar proyectos de ley, indicaciones y todo tipo de documentos o propuestas que puedan parecer serias a ojos del resto de los honorables diputados.

Finalmente la parlamentarización de la política frenteamplista se volvió una realidad, el debate político lo consume las diferencias que existen entre las organizaciones. "El programa de muchos" aun no toma fuerza en el parlamento y parece que estará guardado hasta la nueva aparición de Beatriz (o su sucesor/a).

¿Se vienen la institucionalización?

Con un frenteamplio parlamentarizado, lo que queda es su institucionalización, es decir, dejar de lado lo disruptivo y volverse parte natural del escenario político nacional.

En muy pocos meses, el Frente Amplio se acomodó a los pasillos del congreso y en el caso de Valparaíso al edificio municipal. Es tan evidente esta situación que incluso las organizaciones que podríamos decir que en su retórica han incluido proclamas revolucionarias han fijado como su objetivo político del periodo crecer en los espacios institucionales del Estado.

Hace solo semanas Izquierda Libertaría respondía a la "convergencia" que el objetivo táctico del FA para el próximo periodo debían ser dos: 1.- Prepararse para ser gobierno en el futuro mediato y 2.- disputar gobiernos locales y mas bancas parlamentarias el 2020.

¿Que refleja esta opción táctica? que aunque puedan tener matices en DDHH, en cuestiones tributarias, laborales o educacionales, el acuerdo estratégico compartido desde RD, IL o MA es que los cambios se logran con más presencia parlamentaria, mas municipios frenteamplistas y ojala ganando la elección presidencial. Con ese objetivo por delante, el resto será fácil. Lo programático en realidad es superficial, los táctico será a conveniencia.