Docentes de la Escuela de Bellas artes Lola Mora, ubicada en el barrio de Lugano, se enteraron de las elecciones de casualidad, uno a uno, poco a poco, y recién después de que los comicios estuvieran en marcha hace ya varios días.

Ivana Otero Docente de Nivel Primario.
Jueves 18 de mayo de 2017 11:47
A través de una carta que hicieron llegar a la comunidad educativa, un grupo de docentes alertó sobre estos hechos y llamó a desnaturalizar estas prácticas que “deterioran la democracia, desalientan la participación y debilitan la organización de los trabajadores”.
Denuncian que, sin realizar ningún tipo de convocatoria ni publicidad previa como está estipulado, los miembros de la lista Celeste y representantes de la conducción del sindicato (UTE), implementaron el insólito método de la “urna itinerante”. Contraviniendo todo principio de transparencia, fueron los propios candidatos de la lista única quienes llevaban la urna a girar por la escuela, de un lugar a otro, de un aula a otra durante semanas, instando a votar por ellos mismos, en medio de un clima de desinformación general. Nunca se supo cuando comenzaron ni finalizaron las elecciones.
Tampoco se constituyó la Junta Electoral correspondiente, cuya función consiste en organizar y fiscalizar las elecciones, y que debe estar compuesta por compañeros que no sean candidatos, precisamente para garantizar transparencia y brindar legitimidad al proceso.
¿Por qué no fomentar la participación de todos los docentes? ¿Quién sale beneficiado?
Estos episodios, que expresan a las claras la política de la conducción celeste de UTE/Ctera, se repiten año tras año al punto de la naturalización en muchísimas escuelas de la ciudad de Buenos Aires. Se trata de síntomas de una dirección que no solo impiden la participación real de los trabajadores, si no que alimentan la apatía y el desánimo, con el propósito de manejar el sindicato a su antojo y ponerlo al servicio de las necesidades electorales de sus dirigentes que hoy están ligados al kirchnerismo. Mientras los ataques del gobierno macrista avanzan deteriorando la educación pública y vapuleando nuestros derechos.
Este año en la Ciudad de Buenos Aires y ante la escena de un conflicto docente de enormes proporciones en todo el país, la Celeste se mostró incapaz de organizar una lucha seria y sostenida, disponiendo una serie de paros esporádicos, a cuenta gotas, que condujeron al desgaste y a la derrota de los docentes. Por más que los ánimos en las escuelas mostraban gran predisposición para plantarse.
No es casual que recién ahora, después de tres meses, se acordaron de convocar a un plenario, pero prohibiendo de antemano la entrada del conjunto de la docencia.
Solo podrán asistir delegados, muchos de ellos electos con poca transparencia y en general sin mandato, dado que no convocan ni participan de asambleas. ¿Qué tienen que discutir que no pueden participar todos? Otra muestra de la misma política burocrática de siempre.
Por todo esto, es imprescindible criticar estas prácticas para fomentar otro tipo de organización sindical, auténticamente democrática, independiente de todo gobierno, basada en métodos asamblearios que habiliten la participación real de los trabajadores, para que nadie decida por nosotros. Que luchen por una mejor educación desnaturalizando que se trabaje largas jornadas para no poder llegar a fin de mes, que rechace de forma contundente los descuentos "castigo", que se propongan cambiar las condiciones de enseñanza profundamente, y que pelee por un presupuesto que permita que ningún chico se quede sin vacante, que las escuelas no estén superpobladas ni se caigan a pedazos, y con comedores donde haya buena alimentación. La bandera de la defensa de la educación pública necesita ser desplegada con fuerza.