Luego de que la dirección nacional de Pami hiciera público que 16 mil sillas de ruedas estaban escondidas en galpones, en Rosario denuncian que también había insumos escondidos para estafar a la obra social.

Alfredo González @Alf_Gonzalez_
Viernes 6 de mayo de 2016
Según trascendió el día de ayer, en dependencias de Pami Rosario se encontraban guardados elementos como sillas de ruedas y camas ortopédicas, que nunca fueron utilizados. En medio de acusaciones por sobrefacturaciones y fraudes, el hallazgo de insumos “escondidos” agrega mayor gravedad a la discusión sobre una obra social que puede tardar meses en entregar a los jubilados estos materiales.
Para afiliados y trabajadores de Pami, el problema de la falta de insumos es moneda corriente. Desde camas ortopédicas a antibióticos, todos los días empleados, jubilados y familiares se ven obligados a enfrentar enormes dificultades para contar con elementos básicos para la atención. Por eso, la noticia del hallazgo de 16 mil sillas de ruedas escondidas desde hace años en un galpón, que nunca habían sido usadas, generó una enorme indignación. Y Pami Rosario no está exento de estas acusaciones.
Según dio a conocer la dirección entrante de la sede Rosario de la obra social de jubilados y pensionados, en dependencias de Pami se encontraron sillas de ruedas y camas ortopédicas que estaban tiradas desde hace años, deteriorándose por no tener uso. Y no se limita sólo a la compra de insumos directos por la obra social, sino que involucra a las empresas que prestan servicios a Pami Rosario.
Las sillas de ruedas y cabezales de camas ortopédicas de en un depósito de Pami Rosario (Fuente: Rosario3)
Desde hace años en Pami avanza un paulatino proceso de privatización. En lugar de ofrecer servicios propios (por ejemplo, internación en sus políclinicos o diagnóstico por imágenes), terceriza los servicios, subcontratando a prestadores privados. Así, un afiliado de Pami termina internado en el Sanatorio Italiano, o realizándose una tomografía en el sanatorio Mapaci.
Esta tercerización implica un negocio enorme para las empresas prestadoras que reciben una cápita, es decir, un número de pacientes de Pami. Y es también una receta perfecta para la estafa. Ausencia de auditorías, irregularidades en la facturación, prestaciones que nunca llegan, son algunas de las denuncias que muestran cómo esta privatización atenta contra el derecho a la salud de los afiliados.
El lobo se viste de cordero
Mientras salen a la luz las estafas de la “caja negra” de Pami, algunos aprovechan para aparecer como los paladines de la lucha contra la corrupción. Las autoridades nombradas por el gobierno de los “Panamá Papers” se rasgan las vestiduras ante estas denuncias, pero no dicen ni una palabra sobre la gigantesca estafa laboral de Pami, que tiene a gran parte de su personal en negro, bajo la figura de “prestador particular”.
Médicos, kinesiólogos y muchísimos más trabajadores de Pami, profesionales y no profesionales, trabajan en negro, víctimas de un fraude laboral millonario. En las guardias y salas de internación de los policlínicos, en lo consultorios, en la atención domiciliaria, gran parte de los que brindan atención son “prestadores”, a los que el estado no les reconoce relación contractual.
Se trata de miles de trabajadores que se desempeñan en condiciones de absoluta precariedad, facturando como monotributistas sin que se les reconozca ningún derecho hacia su empleador. Pueden pasar años, o incluso más de una década, antes de que puedan pasar a tener un nombramiento en la institución.
Pero al macrismo no parece preocuparle. El Gobierno nacional ha dado sobradas muestras de que su intención es mantener y profundizar este fraude hacia los trabajadores y afiliados de Pami.

Alfredo González
Rosarino, médico y militante del PTS, escribe habitualmente sobre Salud en La Izquierda Diario.