A 81 años del golpe fascista de Franco, la ley de amnistía de 1977 sigue perpetuando la impunidad del genocidio de Estado.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Martes 18 de julio de 2017
Concentración en Sol por el castigo a los crímenes del Franquismo, 18/07/2017. Foto: ID
La ley de amnistía, votada en el Congreso en octubre de 1977, constituyó uno de los pilares fundamentales del régimen del `78. El candado que clausuró la posibilidad de condenar los crímenes del franquismo desde 1936, un genocidio de Estado orquestado para aplastar a la clase trabajadora y el campesinado español que había osado comenzar una revolución.
La impunidad de los crímenes del franquismo no solo abría paso a una “democracia” basada en el olvido de los crímenes del pasado, sino que garantizaba la continuidad de los represores y sus cómplices en las altas esferas del Estado y las fuerzas represivas. Los grises se volvieron azules, pero quedaron los mismos asesinos.
La ley de amnistía fue la expresión jurídica necesaria para blindar la Transición y dejar también impunes los cientos de asesinatos de trabajadores y activistas cometidos por el Estado en esos años. Una gran operación de “reconciliación nacional” entre los poderosos -incluyendo a los franquistas, la corona y la Iglesia- con los representantes políticos del nuevo régimen, incluyendo aquellos que contaban con la confianza de la clase trabajadora y las clases subalternas, como el PSOE y especialmente el PCE.
Así lo defendió entonces en su discurso en el Parlamento Marcelino Camacho, dirigente de CCOO, en representación del Partido Comunista de España. “Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los ’unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre? Para nosotros, tanto como reparación de injusticias cometidas a lo largo de estos cuarenta años de dictadura, la amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y de cruzadas. Queremos abrir la vía a la paz y a la libertad. Queremos cerrar una etapa; queremos abrir otra. Nosotros, precisamente, los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. Nosotros estamos resueltos a marchar hacia adelante en esa vía de la libertad, en esa vía de la paz y del progreso.”
Derogar la amnistía, terminar con la impunidad y su régimen
En este nuevo aniversario del golpe militar cobra fuerza el reclamo de la derogación de la Ley de amnistía. Después de haber sido un factor clave para su aprobación, desde Izquierda Unida anuncian la presentación de una iniciativa parlamentaria para anularla, junto con Podemos.
En los últimos años se presentaron varias iniciativas similares en el Parlamento, sin resultados gracias a la negativa del PP, el PSOE y más recientemente Ciudadanos a modificar nada de la Ley de amnistía. Nada augura que ahora pueda ser diferente.
La lucha por la derogación de la ley de amnistía y por el castigo a los crímenes del franquismo hay que llevarla adelante desde las calles: con movilizaciones, concentraciones masivas, huelgas y encierros. Una lucha que no puede estar separada del reclamo de anulación de las leyes represivas como la Ley mordaza, la absolución de todos los luchadores y activistas condenados, la libertad de todos los presos políticos como Alfon, Bódalo y muchos más, la absolución de los jóvenes de Altsasua, entre otros casos. A su vez, la lucha contra la impunidad el franquismo no puede esquivar la pelea por terminar con la corona, heredera de Franco, que sigue premiando a genocidas como Martín Villa. ¿Estarán esta vez dispuestos los diputados de Unidos Podemos a encabezar esta lucha, o se limitarán a presentar una iniciativa parlamentaria para que vuelva a fracasar? La “luna de miel” que se vive estos días entre Podemos y el PSOE indica cuál es la respuesta más probable.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.